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El lado oscuro de la emblemática Marilyn Monroe

3 semanas antes
Por Editor Martín Flores

El lado oscuro de la emblemática Marilyn Monroe
Fuente Infobae

Marilyn Monroe nació en Los Ángeles y murió un 5 de agosto en un exclusivo barrio de Breutwood en la misma ciudad. Al momento de descubrir su muerte sólo se encontró en su habitación un frasco de barbitúricos junto la cama.

Como si fuera una burla del destino, en la entrada de su casa se leía la inscripción Cursum perficio (aquí acaba el viaje).

Norma Jeane era su nombre real, tuvo una vida muy breve y turbulenta, pero con todo en contra se sobrepuso hasta convertirse en la estrella de cine más famosa de todos los tiempos, Mrilyn Monroe

 

La mujer más sexy de todos los tiempos, ha inspirado más de 1000 libros en los que “han participado amigos y amantes, al igual que estudiosos, historiadores y novelistas famosos…”, detalla el filme dirigido por Liz Garbus, Love, Marilyn.

Además se ha generado una industria millonaria en torno a su imagen y sus películas que ha impactado generaciones tras generaciones.

Su infancia estuvo rodeada de sufrimiento, uno muy grande, tan profundo, que de alguna manera le permitió salir de la pobreza, el rechazo y la ausencia de una madre que nunca pudo hacerse cargo de ella al vivir atormentada por sus problemas mentales.

 

 

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Después de la Primera Guerra Mundial, Norma Jeane Mortenson nació el 1 de junio de 1926 en el pabellón de caridad del Hospital General de Los Ángeles, California. Su madre le puso ese nombre en honor a Norma Talmadge, una de las grandes estrellas del cine mudo en Hollywood a principios del siglo XX.

Gladys había pasado por dos separaciones, su primer marido la abandonó y se llevó a sus dos hijos y su segundo esposo desapareció después unos meses de matrimonio.

 

 

Con un modesto trabajo como cortadora de negativos de películas y asustada por criar a una bebé fuera del matrimonio, Gladys dejó a Norma al cuidado de una familia religiosa.

Así comenzó su infeliz infancia, en la humilde casa de cuatro habitaciones de Albert e Ida Bolender, donde vivió desde los primeros meses hasta los siete años.

Antes de que cumplir diez años ya había vivido en más de una docena de hogares de crianza y orfanatos.

 

 

También a esa corta edad ya estaba marcada por el estrés sicológico y la inestabilidad emocional que le generaron la aparición y desaparición de su madre.

Fui un error. Mi madre no quería tenerme y me interpuse en su camino, debí ser una desgracia para ella. Me gustaría que me hubiera querido”.

Tal vez su incesante búsqueda de una figura paterna se debió a que Marilyn nunca conoció a su padre, “Había un objeto en el apartamento de mi madre que siempre me fascinó […] una foto colgada en la pared […].

 

 

Siempre que iba de visita permanecía de pie mirando esa foto y conteniendo la respiración por miedo a que me ordenara que dejase de mirar […] Esa vez me sorprendió mirando la foto, pero no me riñó.

Por el contrario, me subió a una silla para que pudiera verla mejor. —Es tu padre— me dijo. Sentí tal emoción que casi me caí de la silla. Tener un padre, poder mirar su retrato y saber que yo le pertenecía era una sensación deliciosa. ¡Qué maravillosa fotografía! […]

 

 

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Fue mi primer momento de felicidad: encontrar la fotografía de mi padre. Siempre que recordaba cómo sonreía y la manera como se ladeaba su sombrero sentía cariño y no me sentía sola.

Un año después de ver aquel retrato empecé a reunir un álbum de recortes y puse en él una foto de Clark Gable porque se parecía a mi padre, especialmente en la manera de llevar el sombrero y en el bigote”, rememora la actriz en My Story.

 

 

Tiempo después salió a la luz la relación que llevaban ella y su madre, esto contó:

“Las personas que yo creía mis padres tenían hijos propios. No eran mezquinos, simplemente eran pobres.

No tenían mucho que ofrecer a nadie, ni siquiera a sus hijos, y no quedaba nada para mí. Tenía siete años, pero me tocaba trabajar en la casa. Lavaba platos, fregaba suelos y hacía recados.

Mi madre apareció un día. Era una mujer muy guapa que nunca sonreía. La había visto a menudo, pero no sabía exactamente quién era. Cuando le dije ‘Hola, mamá’, me miró.

Nunca me había dado un beso, nunca me había sostenido en sus brazos y apenas me había hablado. Por aquel entonces no sabía nada de ella, pero años más tarde me enteré de bastantes cosas.

 

 

Cuando ahora pienso en ella, el corazón me duele el doble de lo que me dolía cuando era una chiquilla. Me duele por las dos”, relató Marilyn Monroe en un manuscrito, el cual estuvo oculto en un cajón hasta que Milton Green, amigo íntimo de la actriz y su fotógrafo de cabecera, lo rescató en 1974.

12 años después de su muerte, fue publicado bajo el título My Story Memorias de Marilyn Monroe.

Una de las peores cosas que pasó a la edad de nueve años fue una agresión sexual.

Sabía que era diferente a otros niños porque no recibía besos ni promesas, nadie me llamaba hija; nadie me decía que era bonita. A todas las niñas deberían decirles que son bonitas aunque no lo sean”

 

 

Tiempo atrás Gladys había prometido a su hija construir una pequeña casa para las dos. Y cumplió, así fue como el destino las volvió unir.

Ambas se mudaron cerca de Hollywood Boulevard, un sueño para la niña, quien empezaba a adorar el cine.

Podía pasar sola todo el día y parte de la noche en primera fila mirando la pantalla gigante. Me encantaba”.

En ese momento su vida cambió radicalmente de una educción religiosa y estricta con los Bolender, a una vida de locura con su madre, entre fiestas, cigarrillos y cerveza todas las noches.

 

 

El tiempo que pasaron juntas madre e hija fue muy breve, un día regresó de la escuela y su madre ya no estaba, había tenido una crisis y la encerraron en el hospital siquiátrico.

La madre de Marilyn, Gladys Monroe, pasó la mayor parte de su vida en instituciones siquiatricas hasta que murió en 1984.

 

 

A través de la mejor amiga de Gladys, Grace Mckee, Norma Jeane halló consuelo y un poco de felicidad.

Las dos mujeres tuvieron un escape al mundo de las estrellas de Hollywood y es que Grace sentía una pasión desmedida por la actriz Jeane Harlow.

Fue así como Harlow, también se convirtió en el ídolo de Norma.

Jugaba a actuar constantemente; ella me hacía vivir en un “mundo más interesante que el que me rodeaba”.

Y fue precisamente Grace la que impulsó el cambio de Norma; la niña de ojos azules que siempre se sintió rechazada de pronto encontró en su belleza un refugio para sobrevivir.

 

 

En esa época empezó a reconocer el valor de su belleza… Comenzó a crear un personaje que la gente no solamente querría sino que, además, adoraría, sería un proceso que empezaría a los 13 años y continuaría hasta el final de su vida, a los 36 años”

Revela J. Randy Taraborrelli en The Secret Life of Marilyn Monroe.

A partir de ese momento, la leyenda de la rubia más sexy de todos los tiempos había comenzado.

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