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Cangrejos policiales de Aragua: Muertos en vida

Los desaparecidos no pertenecen al mundo de los vivos ni de los muertos

El Jueves del espíritu de la navidad. ¿Que mejor fecha para poner la casa en orden?  Meurys Lozada lo sabía y por ello dispuso su tiempo para  ello. Mientras tanto  su hija Roxany Sabrina de siete años de edad, ansiosa de la llegada del niño Jesús solo pensaba en ese momento en los juegos de computadora. Con la fiebre del Internet y sin un computador en casa, le pide permiso a su madre para ir al ciber cercano del hogar. Petición a la que Meurys accede, en el ciber se
encuentra  a tan solo 50 metros de la puerta. “Vaya pues pero solo media hora y se viene”. Fueron las últimas palabras entre madre e hija.

El presentimiento no se hizo esperar. “Meurys paro la lavadora en seco y dijo voy a buscar a la niña, con un aplomo que demostraba el sentir de algo malo”. Así lo recuerda Graciela Lozada tía de la niña “los propietarios del local respondieron que no la habían visto en todo el día”.

Desde entonces comenzó el vía crucis, la tragedia familiar, los mensajes de texto con informaciones falsas, las noticias, las entrevistas, los viajes a otros estados del país ante llamadas que daban fe de la presencia de la niña. Roxany es una pequeña tranquila, de piel clara, cabello largo, ojos grandes color café y delgada, su fotografía yace en la página de la Interpol y al igual que en la residencia de los Barreto, sus muñecas, su ropa y su familia la esperan.

Con la neutralidad que da el dolor en estos casos Meurys dice “ya tengo un dinero guardado porque cuando regrese me tocara cómprale ropa a mi flaca esta ya no le va a servir”.

Dos casos, dos familias distintas, dos tragedias iguales seis años, seis meses de diferencia. Desaparecidos de la manera más insospechada, sin rastros, sin pistas, sin un por qué, dejando abierta las posibilidades de su regreso en una profunda herida que no cicatrizara jamás.

“Los desaparecidos no pertenecen al mundo de los vivos ni de los muertos”.

Laura Hernández es una psicóloga especialista en situaciones de  violencia. Ha tratado a víctimas de accidentes, abuso doméstico, abusos sexuales. Ha visto mucho. Pero reconoce que la situación que pasan los familiares de desaparecidos es la más compleja que conoce.

“Los desaparecidos no pertenecen al mundo de los vivos ni de los muertos. Y sus familiares están condenados a moverse entre la esperanza de que algún día aparezcan y la desesperanza más negra. Yo lo llamo pérdida ambigua; un trauma que no se cierra”. -¿Es posible que esas familias superen la desaparición?

-A veces el tiempo da serenidad; se habitúan; manejan mejor esa pérdida, pero todo eso no reduce ni el dolor ni la ausencia. No son familias normales. No son profesionales normales. Son una raza aparte. El vínculo que se crea entre ellos es indestructible. Detrás de cada desaparición está la tristeza más profunda y un desasosiego que nunca
cesa. Una desaparición es algo antinatural. Incomprensible. Que no se asimila. Una nube espesa que instala una incertidumbre permanente en la vida de los que las padecen

De cualquier edad, profesión y condición social. Físicamente provoca desde dolores crónicos a un

insomnio permanente; depresión, ansiedad, irritabilidad y una absoluta imposibilidad para concentrarse. Una desaparición es una herida que no cicatriza. Peor que la muerte.

Autor: María Eugenia Hermoso

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Acerca del Autor

Martín Flores Araujo

Licenciado en Comunicación Social, egresado de la Universidad Católica Cecilio Acosta de Maracaibo, estado Zulia. Ha realizado diversos documentales y videos institucionales, así como haber trabajado en diversos medios tanto impresos como digitales.

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