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El relato de un emigrante: Una misma historia 24 años después

La anécdota de Rangel no inició exactamente hace tres meses, sino hace 24 años atrás

En los últimos años la canción Venezuela, así como el pasillo del Aeropuerto Internacional de Maiquetía, se han convertido para los oriundos de ese país en dos símbolos de añoranza. Y es que el gris panorama por el que atraviesa la nación ha empujado a muchos venezolanos a marcharse en busca de una mejor calidad de vida.

Este es el caso de Ahiliana Karolina Rangel Gutiérrez de 22 años, licenciada en Comunicación Social egresada de la Universidad Católica Santa Rosa, quien en un arrebato de desesperanza decidió dejar su acto de grado, para adentrarse en las faldas de un inmigrante, en el hermano país Colombia.

Comencemos con una canción

“Llevo tu luz y tu aroma en mi piel; y el cuatro en el corazón. Llevo en mi sangre la espuma del mar y tu horizonte mis ojos”.

“Entre tus playas quedó mi niñez tendida al viento y al sol. Y esa nostalgia que hoy sube a mi voz, sin querer se hizo canción”. Venezuela de Pablo Herrero Ibarz y Jose Luis Armenteros, es una melodía que parece haber salido de los recuerdos de aquellos que actualmente se despiden de esa tierra, como parte del éxodo masivo que vive el país criollo.

Con la voz quebrada y un profundo escalofrío que le recorrió el cuerpo nuestra protagonista dijo:

“Esa canción me causa una nostalgia que no sé definir, pero al mismo tiempo siento un inmenso orgullo y muchas ganas de dejar mi país en alto donde quiera que esté”.

Un vuelco de 360º

La anécdota de Rangel no inició exactamente hace tres meses, sino hace 24 años atrás cuando en busca de un nuevo futuro una joven (su madre) concluyó que Venezuela era el país de las oportunidades. Así fue como en febrero de 1992, con una pequeña maleta abandona Barranquilla, el paraje de costas donde vivió su infancia y adolescencia, para radicarse bajo la mirada del imponente Ávila.

Hoy la historia dio un giro de 360 grados, ya que esta vez fue Ahiliana, la mayor de tres hermanas, quien decidió instalarse en el país que vio nacer a sus dos padres, y del cual su madre creyó no regresar. Motivada por la desalentadora crisis en la que se encuentra Venezuela, la joven de 22 años nos contó que la decisión de emigrar fueron exactamente las mismas razones por la que su mamá abandonó Colombia y llegó a suelo venezolano. Búsqueda de oportunidades.

Actualmente, según con La Comisión Económica para América Latina y el Caribe hay un poco más 2.000.000 de venezolanos radicados en otras fronteras.

Una maleta y un equipaje lleno de sueños

El viaje de Ahiliana comenzó en las oficinas del Consulado de Colombia en Venezuela para el año 2014, cuando a modo de “plan B” y sin una decisión concreta se hace ciudadana de la República de Colombia. Si bien la idea de irse permanecía latente en su mente, el hecho de apartarse de su padre, quien se sumía en una terrible enfermedad, resultaba difícil de digerir, aun cuando en ese momento solo fuera una posibilidad reproducida por su imaginar.

El número de cédulas de extranjería expendidas a ciudadanos venezolanos ha aumentado en un 548% en 7 años.

Dos años después, y un futuro empañado por la crisis económica, de alimentos, medicinas, así como de inseguridad dirigió a la venezolana a la entrada del Aeropuerto Internacional de Maiquetía, lugar de despedidas. Ahí tomó un vuelo nacional con destino a Maracaibo para emprender lo que sería uno de los trayectos más largos de su vida, más allá de atravesar la frontera colombo- venezolana, se trataba de un nuevo inicio que haría alejada de su familia, amigos y de su Venezuela.

Trece horas fue lo que duró Ahiliana y su familia en llegar hasta Barriquilla, para acto seguido sumergirse en el momento más difícil, ese que nunca sale de la memoria de ningún emigrante, la despedida. Ahí tomó un avión a la llamada ciudad de encantos, para ponerle fin a su travesía y finalmente radicarse en la pequeña Europa de Latinoamérica, Bogotá.

Según el informe de Migración Colombia solo en el primer trimestre de 2015 entraron 9.456 venezolanos como trabajadores temporales al país vecino. Buscando, quizás, “el sueño colombiano”.

“Cuando la realidad te alcanza entiendes que cambiar de país resulta más complicado de lo que inicialmente parece. Es otra cultura, clima, acento, son otras personas sin importar lo cercano que sean los países”, expresó la joven.

Asimismo, añadió que “emigrar es una decisión sumamente difícil, comprendida sólo por quien lo ha experimentado(…) Se añora cada centímetro de esa tierra. Sin embargo, cuando escucho una noticia sobre la increíblemente desafortunada situación de mi país tomo fuerzas para ayudar a mi familia”.

“Siempre serás extranjero sin importar tu estatus legal”, Ahiliana Rangel.

Salir de Venezuela ha dejado de ser una opción solo para la población joven, ahora radicarse fuera del país petrolero es una consideración para niños, adultos contemporáneos y personas de la tercera edad, quienes buscan lo que perdieron en su nación, calidad de vida.

 

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elclarin

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