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German Fleitas Núñez: Ha muerto el gran cronista de Zuata

Siempre llegaba primero que nosotros porque se venía en bicicleta por el camino de tierra casi despoblado que unía a Zuata con La Victoria

Maestro por vocación y “zuateño” por pasión, dedicó absolutamente toda su vida  a investigar  lo que pudo, sobre su tierra natal y a enseñarlo con orgullo a muchas generaciones de su pueblo querido. Lo conocí y admiré por más de sesenta años, desde los muy lejanos días de la infancia, cuando ambos estudiábamos en el Liceo “José Félix Ribas”.

Siempre llegaba primero que nosotros porque se venía en bicicleta por el camino de tierra casi despoblado que unía a  Zuata con La Victoria.  Cuando llegábamos ya él estaba sentado en  el banco de la plaza que daba al frente del liceo (donde hoy funciona la “Casa de la Cultura”).

Nos sentábamos juntos y él empezaba a hablarme de Zuata y yo empezaba a hablarle de El Consejo.  Había nacido en Zuata el 2 de octubre de 1936 y fue feliz,  disfrutando la vida de un niño campesino. Ayudaba en las faenas del campo, sembrando, recogiendo leña, ayudando a sus mayores, compartiendo las alegrías de los tiempos de la cosecha y nutriendo su espíritu gracias al contacto con la geografía rural, oyendo la música del arpa aragüeña, viendo a los viejos bailar “La Llora” y escuchando todo el tiempo los cuentos de la Zuata de antes.

Antes de los diez años ya había oido hablar de Constanza Carrillo, de Juan Jacinto Rivas, de la Virgen del Rosario, del paso de las puntas de ganado que venían del llano hacia Caracas y entraban por la Cuesta de las Mulas, del paso de las caballerías patriotas y de las realistas, de los fundadores del pueblo y de cuando había potreros comunales que eran de todos y no eran de nadie en particular.  Estudió en la escuela de su terruño y de allí pasó al liceo en La Victoria.

Las limitaciones propias del campo venezolano que hasta hoy existen, no fueron freno para que desarrollara sus dos vocaciones: aaprender y enseñar. Fue maestro sin haber terminado de graduarse de normalista, pero hizo todos los cursos que estaban a su alcance.

Fue el primer maestro graduado que egresó de la Escuela  Federal de Zuata y años después fue el primer zuateño Director de la escuela donde había estudiado. Fue educador por más de treinta años pero despúés de su jubilación siguió educando desde las páginas de la prensa, en programas de radio y de televisión, atendiendo estudiantes en su casa y preparando libros que algún día tendrán que ver la luz de la imprenta.

Entre ellos “Zuata y su Valle, enclave acogedor de los Valles de  Aragua”; “Personajes de la historia de Zuata” e “Historias, cuentos y leyendas de Zuata”.  Vio crecer a muchas generaciones que hoy lo recuerdan con agradecimiento y cariño, pero al mismo tiempo se preocupó por el futuro de su terruño. Fui testigo de su empeño en  recuperar dignamento la carretera Zuata-San Mateo que bordea el embalse y que según su apreciación, tenía una belleza  semejante a cualquier paisaje suizo.

Fui ntestigo de su molestia cuando hablaron de la recuperación del embalse como sitio turístico, pero en lugar de ponerle acceso por el lado del pueblo se lo pusieron por el lado de la autopista donde ningún zuateño podía llegar. Propuso la construcción de una gran Avenida que uniera a Zuata con la vía de los llanos, por la Cuesta de Las Mulas, a salir a la hacienda “Casupito” de Cagua. Era el camino de los ganados y de las tropas. Y propuso con sólidos argumentos, que se concediera la Autonomía Municipal a Zuata.

Tenemos, decía, todo lo que exigen las leyes para ser autónomos, especialmente infinidad de terrenos donde desarrollarnos. Quería seguir aprendiendo y seguir enseñando, pero no pudo. Pretendió entrara la universidad a estudiar Comunicación Social pero se lo impidieron porque “era adeco”. Hizo de todo; sembró matas, levantó familia, cultivo amistades y dejó como orgullo para el gentilicio zuateño, un nombre.

Un nombre que merece el reconociemiento de sus paisanos. Un nombre que bien podría llevar la “Casa de la Cultura de Zuata” o la Escuela donde enseñó durante muchos años. O el municipio. Cuando se logre la autonomía, no tendrá sentido comenzar a buscar nombres extraños, para una entidad que en acto de justicia bien podría ser bautizada como Municipio Ángel Custodio Morales”.

Fuimos hermanos por más de seis décadas. Ahora debe estar en el cielo de los hombres justos y buenos, derramando bendiciones sobre su Zuata querida. Que descanse en paz.

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Acerca del Autor

Ángel Medina

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