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Cuento de Navidad: Yo limpié las botas a San Nicolás

Faltaban minutos para las diez de la noche. El lejano y olvidado pueblo aragüeño, presentaba una soledad propia para quienes no tienen nada que buscar en la calle a esa hora y menos un 24 de diciembre de 1960, el año cuando transcurre esta pequeño cuento

Faltaban minutos para las diez de la noche. El lejano y olvidado pueblo aragüeño, presentaba una soledad propia para quienes no tienen nada que buscar en la calle a esa hora y menos un 24 de diciembre de 1960, el año cuando transcurre esta pequeño cuento. – O no es cuento, y sucedió realmente..! Pero continuemos el relato. Debemos decir que los integrantes de las modestas familias de ese popular y laborioso sector, en sus humildes viviendas charlaban, escuchaban la música que proporcionaban las emisoras de radio y  algunos, aprovechando que los infantes dormían, sacaban del escaparate o de algún rincón escondido, la muñeca o el carrito que pondrían a los pies de la cama o la hamaca, de la niña o el niño, para cuando despertara “lo descubrieran como el regalo que el Niño Jesús les había traído”. En los alrededores, sonaba algún recatado equipo de sonido, acompañado por el estallido de uno que otro cohete que dibujaba su solitaria estela bajo el estrellado cielo de Aragua.

En la Plaza Principal nos llama la atención la presencia de un pequeño, de ojos vivaces, cabello  ensortijado, ropa degastada, pero limpia y planchada. Representaba unos ocho años y  su mano derecha aferraba una cajita de madera, que aparentaba ser el arca de sus esperanzas como limpiabotas.  Sin importar la poca presencia de personas en el lugar, el jovencito gritaba; .“Limpiabotas….limpiabotas, a la orden…Se los dejo brillantes, los zapatos, por solo un bolívar..y las botas, bien  pulidas, uno cincuenta…limpiabotas a la orden, Apúrense porque tengo que irme y van a pasar la noche de navidad con los zapatos sucios ”!.

A pesar del entusiasmo en su mensaje, nadie parecía interesado en limpiar sus calzados, además varias de los concurrentes calzaba alpargatas, que resultarían muy difícil de lustrar por el entusiasta muchacho….De pronto, se escucha el alerta que las campanas de la Iglesia del pueblo dispensa sobre los vecindarios. Son diez tañidos que ponen sobre aviso  a los presentes, en la necesidad de ir al resguardo de sus humildes viviendas cuando falta poco para la medianoche. El muchacho mira hacia al campanario, y alza su diestra con el propósito instintivo de suspender su tañido. Al comprobar su infructuoso intento, mira hacia los lados, y al ver que solo cinco o seis  personas están en la Plaza, parece resignarse a la realidad:  Volver a casa, como salió, sin medio en el bolsillo, y ahora con el agravante de tener frío y hambre.

Comienza  el andar regresivo, cuando de pronto, una voz fuerte, ronca  y sonora le hace detenerse y mirar hacia atrás. Por un pasillo cercano, se acerca un hombre, robusto, más bien excedido de peso, largo abrigo , nutrida barba muy blanca y lo que más llamó la atención del  muchacho ;  Las botas, botas de cuero, bien tratadas, limpias y sin muestras de tierra en sus bordes, a pesar de la suciedad que cincundaba la plaza, y las calles a su alrededor.               Epa hijo.., -le grita-  no te vayas…espera..  deseo limpiar mis botas..!  El niño queda sorprendido y alerta.  Durante algunos segundos no sabe si responder al sorprendente llamado, o admitir que está soñando despierto producto del frío y el hambre.  Ven hijo, ven, vamos al banco aquel para yo sentarme mientras pules mis botas..” Insistió el forastero, lo que hizo al niño regresar a su realidad. Era la oportunidad de llevar algún dinero a su casa esta noche navideña.

Ya instalado en el banco, y mientras el muchacho sacaba de la caja, los cepillos, trapitos y  la resina pulidora color negro, el anciano le pregunta .¿ Pero hijo, que haces aquí a esta hora…ya es tarde, acuérdate que hoy es noche buena de navidad y debes estar en tu casa donde seguro te están esperando, no es cierto?

Es verdad señor, mi mamá debe estar preocupada, pero yo vine a la Plaza a buscar algo de dinero. Somos cuatro hermanos, soy el mayor. No tenemos padre. A mi papá lo mataron una madrugada cuando salía a trabajar. Mi mama hace empanadas y arepitas que yo vendo a las puertas de un Liceo que está aquí cerca…

Caramba hijo, de verdad que resulta lamentable tu situación, pero Dios es grande y poderoso y con la ayuda de tu padre en el cielo, y el amor que pone tu madre en sus acciones, se irán resolviendo los problemas,  aunque debes evitar darle más preocupaciones a tu mama, quedándote tarde en las calles..

..Nunca lo hago señor, hoy  creí que por ser noche de navidad, iban a venir gente a la plaza. Y yo quería tener para comprarle una ropita y unos juguetes a mis hermanitos, sobre todo una muñeca, de esas que lloran, a  Victoria Isabel, que así se llama mi hermanita de dos añitos.. Pero es verdad lo que dice mi mamá;  La situación es difícil, hay muchas necesidades y nosotros los pobres somos los que más sufrimos…pero bueno, lo importante es que sus botas  han quedado más bonitas, ah, pero también es verdad, que no tuve que darle mucho betún, ya estaban limpias..

…..No hijo.. hiciste un gran trabajo… Dime cuanto te debo…?’

….Un bolívar con un real señor, pero si quiere darme un bolívar, no me pongo bravo. Algo es algo..

…No hijo .no.. mejor te doy los dos bolívares, te parece ? …Y ahora vete, vete a tu casa que la noche está muy oscura y fría y tu familia debe estar preocupada. Sobre todo tu mamá….Y gracias. La próxima vez que pase por este pintoresco pueblo, te busco.. Dime cual es tu nombre?

..Ernesto señor…Ernesto……Muchas gracias….señor..¿?..-Pero al subir la vista para verlo, el robusto personaje ya no estaba..….,,.-¡..Caramba ya se fue.!  No me dijo su nombre… Es un señor muy simpático, y tiene algo especial… pero no importa, .. algún día puede que regrese… Aunque nadie regresa a este pueblo, a pesar de ser bonito y con gente muy cordial..pero bueno…voy a apurarme porque mi mama debe estar mortificada. Nunca me quedo tan tarde

El pequeño recorre varias calles en las márgenes de la población y al pie de un abigarrado cerro, toca la puerta de una casita, pintada de blanco y azul. Desde adentro se oye el grito de una mujer, ¿ Ernesto, eres tu?  ya te abro hijo… qué bueno que has llegado !… No era grito de preocupación, era más bien de alborozo, de alegría..¡. ¡ Hijo mira…mira….Al abrir totalmente la puerta, el pequeño limpiabotas vio a su madre rodeada de juguetes, panes, ropas, zapatos y hasta un pequeño ventilador.— Sorprendido el niño, se abraza a su madre y a gritos pregunta:                    Pero mamá, como conseguiste todo esto, como lo trajiste , quien te lo regaló, porque tu no tienes como comprarlo…?

Hijo hace rato, llegó un señor alto, gordo, barbudo, con un  bonito abrigo, unas bellísimas botas y preguntó si Ernesto vivía aquí… Cuando yo le dije que si, ordenó a dos jóvenes que le acompañaban, trajeran de su vehículo, unos regalos que tu habías apartado para nosotros. Pero así como llegó se regresó, no me dio tiempo ni de darle las gracias, solo escuche que su estruendosa carcajada cubrió de alegría todo el barrio…

El pequeño Ernesto,  quedó pensativo unos segundos, y en voz baja  como hablando consigo mismo, susurró…… ¡Esas botas,.. esa barba.. ya me lo imaginaba..…era el…   era el… Mamá…mamá….Sabes una cosa..?…Yo limpié las botas a San Nicolás…!!

Cuento Original de Pedro R. Sánchez Martínez.

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Acerca del Autor

Martín Flores Araujo

Licenciado en Comunicación Social, egresado de la Universidad Católica Cecilio Acosta de Maracaibo, estado Zulia. Ha realizado diversos documentales y videos institucionales, así como haber trabajado en diversos medios tanto impresos como digitales.

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