Opinión

Germán Carías Sisco: Apodos, alias y remoquetes

Lunes, 7 Agosto 2017
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Germán Carías Sisco: Apodos, alias y remoquetes

Impertinentes y hasta ofensivos en las zafiedades del habla coloquial degenerativo. Muchos calcados del caló gitano o el lunfardo argentino. Otros improvisados en la conversa familiar de chercha o guasa trivial cotidiana. Algunos realmente afectivos para exaltar pasiones y sentimientos. Como los melosos papito, cosa rica, coranzocito o mi emperatriz. O los diminutivos apasionados de Chelita, Panchito, Finita o Pepito. Varios comunes también en el ámbito deportivo al memorar proezas de un “torpedo”, “el monstruo”, “el burrito”, “el cohete”, “garufa”, “pierna de catre” o “el gavilán”. Peyorativos y humillantes en la jerga de policías y hampones al exhibirse los prontuarios delincuenciales de un “cabeza de bombillo”, “cara de gofio”, el “Nerón”, o “el caníbal”, “Frankestein”, “forro de urna” o “Draculita”. Todos, invariablemente toscos y cerriles en la generalización chabacana de sobrenombres y apelativos. Pero irreverentes y vejatorios cuando por afrentosa imitación hoy se aluden también de manera insólita en las esquelas mortuorias o en las “lágrimas”, tarjetas de condolencias, pésames o recordatorios en las páginas de obituarios de los periódicos al destacar los burdos apelativos en vida de los difuntos. Ni siquiera pueden ahora descansar en paz en sus tumbas “bombillito”, “gordinflón”, “mami santa” ni “reyecito” , “catirrucia” o “nana regañona” en el uso blasfemo de apodos, alias y remoquetes post mortem

gercasisgcs@gnail.com