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José Angel Borrego: Saint Patrick

Ardió Notre Dame en Paris y ya un loco quiso incendiar la hermosa catedral neoyorquina  “Saint Patrick” ubicada en la Quinta venida de Manhattan. Un tipo conocido por la policía y no por buenas costumbres accedió al interior del famoso templo con dos bidones de gasolina complementados con dos yesqueros y combustible para estos. Si alguna duda quedaba sobre las intenciones del piromaníaco se despejaron todas de un chispazo. El quid de esta situación, dado este último capítulo (y esperemos que sea de verdad el último) no es solo el fanatismo “religioso” en especial de los afectos al Islam, quienes interpretan erradamente las lecturas de su Santo Libro. En ninguna parte del Corán dice que Alá consagra el asesinato. No hay un solo capítulo que estimule muertes de personas inocentes como ticket para ingresar al Paraíso islamista. Mucho menos Alá ha designado a un grupo de “roloevivos” para que incentiven a minusválidos de los sesos a inmolarse en su nombre y llevarse con ellos a tantos seres humanos ajenos a la guerra “santa” que estos sujetos libran en cualquier punto del planeta. Ellos leen el Corán a sus discípulos y sus auras les permiten engatusar a fanáticos en ciernes para que se quemen las pestañas y todo el cuerpo hasta morir. Y aparte de estos descerebrados que se creen mediadores del Islam, están otros que buscan renombre y realizan acciones que el mundo repele, rechaza y reprueba con toda su alma. Gracias a Dios (al Único y Verdadero) el incendiario de Saint Patrick no pudo cumplir ese bárbaro cometido que habría costado a la vida a centenares de católicos que se congregan por miles en la catedral irlandesa de Nueva York en Semana Santa. Gracias, Jesús, por proteger a Tus hijos.

 

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Acerca del Autor

Redacción - El Clarín

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