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Rafael Avila: Del rol del emprendedor y el mercado (I)

El mercado, ese encuentro entre compradores y vendedores de un bien o servicio, es un proceso que nunca está en equilibrio, como suele presentar la economía neoclásica.

El mercado, ese encuentro entre compradores y vendedores de un bien o servicio, es un proceso que nunca está en equilibrio, como suele presentar la economía neoclásica. El paradigma neoclásico asume en sus análisis que el mercado está en equilibrio, recibe el estímulo de algún evento o hecho que afecte la demanda o la oferta, se “altera” el mercado, ambas o alguna de estas curvas de oferta o demanda se desplaza, y el mercado al final de ese proceso, termina en otra posición de equilibrio. Es decir, el mercado va de posición en posición de equilibrio, según el paradigma neoclásico.

En el paradigma austríaco, en cambio, el mercado es un proceso que nunca está en equilibrio, en el que se da una interacción dinámica entre individuos que buscan, cada uno, la mejor manera de satisfacer sus preferencias y obtener ganancias, en un entorno de información incompleta. Para el paradigma de la Escuela Austríaca de Economía, se da una “interminable agitación que caracteriza a la economía de mercado” (Kirzner, MarketTheory and the Price System, 2013), por lo que nunca se alcanza el estado de equilibrio neoclásico. Para autores austríacos como Kirzner, el mercado siempre tiende al equilibrio, sin llegar a alcanzarlo; se da la “agitación” que desvía al mercado de la tendencia al equilibrio que tenía, para luego comenzar a tender a otro equilibrio, que no llega a alcanzar porque en el camino se da otra “agitación”.

El paradigma neoclásico presenta unas curvas de demanda y de oferta de bienes y servicios que son impersonales. Y lo cierto es que es imposible contener la realidad en una función matemática o curva. La realidad es mucho más compleja, y en cada una de esas curvas hay personas. El papel individual de cada persona tomando decisiones en el proceso de mercado es fundamental considerarlo para poder entenderlo en su verdadero sentido. Se trata de personas y de la acción humana: de acciones conscientes con un propósito, con fines y objetivos, que implican tiempo, una causalidad, optimizar recursos que son escasos en relación a los fines, e incertidumbre sobre el futuro.

El paradigma neoclásico también obvió el rol del emprendedor. Quizá por la dificultad de hacer un “factor” su rol, como el capital o el trabajo; quizá por la dificultad de “factorizar” el “alertness” del emprendedor (Kirzner, MarketTheory and the Price System, 2013). Lo propio se hizo con el tiempo: la función de producción neoclásica hace depender el producto, en alguna proporción, de los factores “capital” (podría incluir el factor “tierra”) y “trabajo”; a veces se incluye a la tecnología. Pero el tiempo o etapas de producción son obviados.

El paradigma austríaco rescata la importancia que, además de los factores capital y trabajo, tienen el rol del emprendedor, la iniciativa y función empresarial, el tiempo y las etapas de producción. Y en ese sentido, se trata de un paradigma más realista y menos simplista.

Tres “roles de mercado”

El paradigma neoclásico presenta dos roles interactuando en el mercado: el consumidor o comprador, cuya posición está representada en la curva de demanda, y el vendedor o productor, cuya posición está representada en la curva de oferta. El paradigma austríaco, y en particular Kirzner, define tres roles en el mercado: el consumidor, el dueño de recursos y el empresario (Kirzner, MarketTheory and the Price System, 2013).

El consumidor, quien demanda un bien y servicio, y está en disposición y en capacidad de comprarlo.

El dueño de recursos, que incluye tanto a los propietarios del capital, como a los trabajadores, y pone sus recursos a la orden del consumidor y del empresario.

El empresario, que es un emprendedor atento a oportunidades en el mercado, descubriendo dónde los precios pueden estar desajustados, o presentan brechas. El empresario o emprendedor toma decisiones sobre cómo emplear los recursos disponibles y cómo venderlos, empleando su perspicacia para ver dónde puede comprar barato y vender más caro, y persiguiendo un beneficio. Para ello, negocia, acuerda y contrata los recursos que necesita, capital y trabajo, con el dueño de éstos.

En el paradigma neoclásico, se podría decir que está considerado el consumidor (en la curva de demanda), y que detrás del vendedor o productor (en la curva de oferta), están considerados el dueño del recurso “capital”, y el dueño del recurso “trabajo”. Pero el emprendedor, como lo define el paradigma austríaco, es obviado. Lo más cercano a él, para los neoclásicos, es un gerente que optimiza recursos en presencia de información perfecta y completa, pero ni es el mismo rol, ni se posee información perfecta y completa, como bien asume el paradigma austríaco, haciéndolo más realista.

Información imperfecta y descentralizada

El emprendedor tiene que tomar todas estas decisiones de inversión y producción en ausencia de conocimiento e información perfectos.

Un aspecto importante a considerar es la característica de descentralizados que tienen la información y el conocimiento. Nadie tiene la información y/o conocimiento absoluto de todo en la vida; sólo Dios. Nosotros las personas, tenemos conocimiento limitado e información limitada de los temas en la vida. No sabemos, ni podemos saber, dado nuestro limitado cerebro humano, nuestra limitada inteligencia y capacidad, todo de todo en la vida. Nos especializamos en ciertos temas y sufrimos de lo que se conoce como la ignorancia racional: racionalmente decidimos especializarnos en algo, y dejamos de conocer a profundidad otros temas. Por lo tanto, el conocimiento está disperso. No hay manera, humana, de tener el conocimiento y la información presente, y menos la futura, absolutos de un tema en la vida. Y por esta realidad es que nos necesitamos unos y otros, somos interdependientes, para en conjunto tener un conocimiento e información más completos, aunque jamás absolutos.

Como el mismo Kirzner diría:

“El conocimiento imperfecto, por otra parte, implica desequilibrio, el cual se expresa en la creación de posibilidades de ganancia disponibles para los que las descubran primero.” (Kirzner, MarketTheory and the Price System, 2013)

Coordinación descentralizada vs. planificación central

Otro tema que debemos revisar es comparar en cuanto a eficiencia, un arreglo institucional que promueva la coordinación descentralizada, y uno que tienda a la planificación central. Dicho de otra forma: evaluar cuál de los dos arreglos es más eficiente, y beneficioso para la sociedad. Este tema también tiene mucha relación con el de la información y el conocimiento disperso o descentralizado.

Dada la imposibilidad de tener absoluto conocimiento e información de cualquier tema en la vida, ni información presente y menos de la futura, se hace imposible el cálculo económico y la planificación o coordinación centralizada. Precisamente como la información y el conocimiento son dispersos, lo más eficiente es que nos coordinemos de forma descentralizada. Es imposible, e ineficiente pretenderlo, que alguien o un grupo de personas, controle, coordine y planifique centralizadamente todas las actividades que una sociedad lleva a cabo, entre ellas la producción de bienes y servicios. La asignación de recursos es más eficiente y mejor el resultado, cuando se permite la coordinación descentralizada de los miembros de la sociedad y el orden espontáneo.

Bueno amigos, por razones de espacio detengámonos en este punto, por los momentos. Continuaremos argumentando sobre el rol del emprendedor y el mercado, en el próximo artículo.

Entender de economía política, identificar ganadores y perdedores, nos permite entender por qué es difícil cambiar el statu quo.

 

@rjavilad

rjavilad@gmail.com

www.rafael-avila.net

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Acerca del Autor

Rafael Ávila

Ingeniero Civil, UCAB (1998). Master en Administración de Empresas, IESA (2002), Master en Políticas Públicas, IESA (2005), Master en Finanzas, IESA (2005), Caracas, Venezuela. PhD. in Economics (candidato) de la SMC University, Zug, Suiza (en etapa de Tesis Doctoral). Profesor con concentración en Contabilidad, Finanzas Personales, Economía, Emprendimiento, Evaluación de Proyectos y Finanzas Corporativas, en IESA, UCAB, Universidad Monteávila e Instituto de Finanzas y Empresas, en Caracas, y en el IGEZ (Maracaibo, Edo. Zulia).

Ha sido ponente en distintos foros, nacionales e internacionales, sobre Economía y Finanzas, y Emprendimiento. Columnista en diarios web de alcance nacional, regional y universitario. Es Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila. Es director-fundador del Centro de Estudios para la Innovación y el Emprendimiento de la Universidad Monteávila, del Centro de Políticas Públicas “Siglo y Compromiso”, del Centro de Estudios Políticos “Tomás Moro” y del Centro de Estudios Empresariales “Idea y Emprende”

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