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Rafael Ávila: Del sistema de Banca Libre (I)

Todas las reglas o medidas que suelen presentarse para lograr la estabilidad de precios, asumen la presencia de un banco central.

Vale la pena iniciar comentando dos cosas. Una, que todas las reglas o medidas que suelen presentarse para lograr la estabilidad de precios, asumen la presencia de un banco central. Es decir, son reglas monetarias para ser aplicadas por un banco central. El arreglo monetario que analizaremos en esta entrega no necesita la presencia de un banco central; es decir, el banco que hoy en día funge como rector de la política monetaria (bajo propiedad del Estado, pero que podría pasar a ser de propiedad mixta), bien podría seguir financiando al gobierno o a los sectores de la economía que el gobierne considere, y en las condiciones que mejor prefiera, pero ahora competiría con los demás bancos privados.

Otra, recordar que esto no sería del todo innovador para Venezuela, pues el arreglo institucional que existía en nuestro país, antes de la creación por decreto gubernamental del Banco Central de Venezuela (BCV), en 1939, y hasta la puesta en marcha de éste en 1941, tenía rasgos que lo aproximan a un sistema de banca libre. Es decir, el arreglo institucional bancario que existió desde los inicios de la República (en 1830) hasta 1940, por un período nada despreciable de 110 años, tuvo características que lo asemejan a lo que la teoría económica describe como un sistema de banca libre.

Como puede verse en el loable trabajo que el profesor Asdrúbal Baptista hizo de ordenar las cuentas del BCV, presentado en su libro Bases Cuantitativas de la Economía Venezolana, los resultados de este sistema (de 1830 a 1940), en cuanto a estabilidad de precios, preservación del poder de compra, inflación y estabilidad del ciclo económico, fueron muy superiores a los que hasta el momento ha producido el sistema de banca centralizada en Venezuela.

A continuación se presentan los rasgos de un sistema de banca libre:
i. La emisión de moneda no está monopolizada por algún banco o institución, sea pública o privada.

ii. Cada banco tiene la libertad de emitir su propia moneda y en la cantidad que le parezca conveniente.

iii. Cada banco puede regular el crédito que otorga.

iv. Cada persona puede constituir y fundar un banco, ajustado a las leyes mercantiles vigentes, y
ofrecer servicios financieros.

v. Competencia con otros bancos por la preferencia de los consumidores o clientes.

vi. Competencia entre monedas de las instituciones financieras. Puede decirse que en un sistema de banca libre se da la competencia de monedas, pero no de fiat money sino de emisión privada.

vii. Cada banco puede decidir qué requisitos deben completar los ciudadanos para ser sus clientes, y para recibir créditos por parte del banco.

viii. No hay monopolio de emisión de moneda.

ix. No hay un banco rector de la política monetaria.

x. No hay lender of last resort (prestamista de última instancia).

xi. No existe banco central.

xii. No hay moneda de curso legal o forzoso: cada banco emite sus propios billetes y notas.

xiii. Puede haber una moneda de respaldo (p.e. oro): el billete puede ser canjeado por oro a solicitud del portador.

xiv. La reserva puede ser fraccionaria. Si no, no podrían prestar los depósitos a la vista (coeficiente de 100% de reservas).

xv. No se exige un mismo coeficiente de reservas bancarias para todos los bancos; cada institución define su propio coeficiente a mantener (auto-regulación).

xvi. Existe cámara de compensación. Pueden auxiliar a los bancos afiliados en momentos de estrecha liquidez (mercado “overnight”).

xvii. Los bancos pueden desarrollar redes de agencias.

xviii. Las notas y billetes de cada banco son aceptados a un valor que tiende a ser a la par.

xix. No hay control de tasas de interés, y la libre competencia entre bancos las «regula».

xx. El ciudadano de a pie tiene libertad para elegir la moneda de su preferencia.

El sistema de banca libre somete la producción de moneda y la actividad bancaria a sus reglas generales y al mercado. Para Hayek, en un entorno de libertad monetaria los bancos emisores producirían una moneda tipo fiat, y la competencia los obligaría a regular su cantidad a fin de asegurar la estabilidad de su poder adquisitivo.

Si la moneda no fuera estable el público la rechazaría y el banco perdería su negocio. Según Hayek, esta moneda, debido a su estabilidad, terminaría resultando más atractiva que el oro o el dinero bancario convertible. Se han formulado diversas críticas a la posibilidad de la «moneda hayekiana».

La conocida Norma de Productividad se da mejor en un mercado libre de intervenciones, en la presencia de banca libre, y esta dinámica es el resultado espontáneo y no intencionado de los bancos emisores bajo competencia. La Norma de Productividad es un fenómeno de mercado cuyo entendimiento contribuye a comprender cómo la política monetaria genera ineficiencias en el mercado.

No hay duda que un banco central posee límites que la banca libre no sufre, pero el menor de los males siempre es preferible a uno mayor.

En banca libre el dinero base suele ser un commodity, oro, plata, etc. En el caso en que hubiese bancos de emisión privada, pero respaldando en dólares estadounidenses, por ejemplo, las notas privadas (billetes) serían convertibles a dinero fiat emitido por un monopolio estatal (un banco central).

Es decir, mientras hay una estructura en apariencia de banca libre, la misma no se desarrolla bajo reglas de libre mercado y competencia. Teóricamente, un sistema de banca libre puede funcionar tanto con más de un dinero base (por ejemplo oro y plata), como sobre dinero fiat.

Los beneficios legales de los bancos centrales (curso forzoso y falta de competencia) y las presiones políticas a las que ellos deben responder, hacen de su potencial comportamiento errático un problema no menor al de los shocks bajo patrón oro (problema que no se ha materializado a lo largo de la historia del patrón oro, pero que sí han sufrido los diversos bancos centrales).

La estabilidad del sistema depende de la estabilidad del dinero base; incluso los mejores bancos centrales del mundo no han podido superar el performance de las instituciones monetarias predecesoras.

Los beneficios del dinero privado van más allá de la estabilidad monetaria, también representan un negocio con importantes beneficios para el sector y la economía en general.

Los casos que frecuentemente se emplean para ilustrar el sistema de banca libre, como más emblemáticos, son los de Hong Kong, Escocia e Irlanda del Norte. Otros estudios muestran que también hubo períodos de banca libre en Canadá, Suecia, Suiza, Chile, Australia, Colombia, China y Francia.

Esta afirmación de Mises en La Acción Humana (1949) es reveladora: “Se interfirió la banca precisamente porque los gobernantes sabían que la libertad bancaria limita y restringe la expansión crediticia.”

Los promotores de un retorno a la banca libre, entre ellos Lawrence H. White, hacen las siguientes críticas al sistema de banca central:

i. Los bancos comerciales son regulados inadecuadamente por los bancos centrales: se promueve el cabildeo y la búsqueda de rentas. Se transfirieren recursos desde los ciudadanos a los banqueros (limitación de la competencia), por control de tasas de interés, restricción de entrada de nuevos bancos, auxilio del banco central, gavetas y beneficios a ciertos sectores, monopolios otorgados en cuanto a regiones o cantidad de agencias y en cuanto a quién puede ofrecer ciertos servicios.

ii. El gobierno es el principal beneficiario de la expansión crediticia y monetaria: el banco central
obtiene ganancias de aumentar la liquidez monetaria. Se beneficia del impuesto inflación (disimulado y fácil de recaudar).

iii. La expansión monetaria rinde frutos políticos: en épocas electorales el banco central respalda el gasto del gobierno, para beneficiar a ciertos sectores convenientes, y si «sorprende» a los agentes con la inflación, se da una sensación de bonanza de la cual obtienen ventajas electorales los gobiernos de turno.

iv. Las políticas monetarias del gobierno son erráticas: es imposible que el banquero central tenga toda la información necesaria y suficiente para acertar lo que es conveniente a la economía.

Bueno amigos, dejémoslo en este punto por los momentos. En el próximo artículo continuaremos desarrollando la propuesta del sistema de banca libre, un arreglo monetario institucional distinto al que rige actualmente.

Entender la economía política de la inflación y de los controles, identificar ganadores y perdedores, nos permite entender por qué es difícil cambiar el statu quo.

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Acerca del Autor

Rafael Ávila

Ingeniero Civil, UCAB (1998). Master en Administración de Empresas, IESA (2002), Master en Políticas Públicas, IESA (2005), Master en Finanzas, IESA (2005), Caracas, Venezuela. PhD. in Economics (candidato) de la SMC University, Zug, Suiza (en etapa de Tesis Doctoral). Profesor con concentración en Contabilidad, Finanzas Personales, Economía, Emprendimiento, Evaluación de Proyectos y Finanzas Corporativas, en IESA, UCAB, Universidad Monteávila e Instituto de Finanzas y Empresas, en Caracas, y en el IGEZ (Maracaibo, Edo. Zulia).

Ha sido ponente en distintos foros, nacionales e internacionales, sobre Economía y Finanzas, y Emprendimiento. Columnista en diarios web de alcance nacional, regional y universitario. Es Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila. Es director-fundador del Centro de Estudios para la Innovación y el Emprendimiento de la Universidad Monteávila, del Centro de Políticas Públicas “Siglo y Compromiso”, del Centro de Estudios Políticos “Tomás Moro” y del Centro de Estudios Empresariales “Idea y Emprende”

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