Opinión

Rafael Avila: De qué hacer para despegar (I)

4 meses antes
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Rafael Avila: De qué hacer para despegar (I)

Si me tomara el atrevimiento de hacer propuestas en materia de política económica, que detengan la pérdida de bienestar, el empobrecimiento de todos los que vivimos en esta amada tierra, y que redunden en estimular el crecimiento económico y la generación de prosperidad de todos los ciudadanos, sugeriría ideas que fueran en la línea de revertir un proceso que se inició en los primeros años de la democracia venezolana (finales de los años 50s y comienzos de los años 60s del siglo XX), que se acentuó a mediados de los 70s del siglo XX, y que se ha exacerbado en los años recientes: la pérdida de libertades económicas por parte de la sociedad.

El proceso al que me refiero ha tenido el siguiente rasgo como principal: el Estado se ha hecho cada vez más interventor en la actividad económica.

El Estado se ha hecho propietario de los recursos naturales y el subsuelo, dueño de empresas en diversos sectores (principalmente petroleras y de industrias básicas: minería, etc., bancos, servicios públicos, salud, educación), es el mayor terrateniente, aumenta la regulación de la actividad privada, elevados impuestos, controles de precios y de tipo de cambio, barreras al libre comercio, proteccionista de la industria nacional, etc.

Como lógica consecuencia, se ha dado la hipertrofia del Estado; este es cada vez más grande: un mayor gasto público, que en las épocas de bonanza petrolera (principal, por mucho, generador de divisas del país) es más fácil cubrir; aunque desde los años 70s del siglo XX, el déficit fiscal se hizo estructural. El déficit se cubre principalmente con endeudamiento público y con inflación.

En resumen, el modelo económico preponderante desde 1999, lo que hizo fue exacerbar los errores del pasado: más intervención, más estado-empresario, más controles de precio y de cambio, más regulación lesiva de la actividad económica empresarial, más burocracia, mayor gasto público, mayor y más compleja tributación, mayores déficit fiscales, mayor endeudamiento público (incluso en épocas de bonanza petrolera), más inflación, menos autonomía del banco central (modificación de sus leyes para: que el gobierno pueda hacer uso de las reservas y de los fondos creados para estabilización –anti cíclicos-; y para poder financiar directamente a las empresas públicas).

En Venezuela se ha aplicado en el sentido opuesto el sano Principio de Subsidiariedad del Estado, que indica “…como es ilícito quitar a los particulares lo que con su propia iniciativa y propia industria pueden realizar, para entregarlo a una comunidad, así también es injusto y al mismo tiempo de grave perjuicio y perturbación del orden social confiar a una sola sociedad mayor y más elevada lo que pueden hacer y procurar comunidades menores e inferiores…” (Su Santidad Pío XI, en Quadragesimoanno, 1931, Nº 54).

Es decir, en lugar de permitir que las sociedades menores (empresas, familias, personas, gremios, universidades, escuelas, colegios y liceos, etc.) sean las que dirijan la actividad económica, y por subsidiariedad el Estado (sociedad mayor) asuma aquellas actividades que las sociedades menores no puedan asumir, en Venezuela se ha aplicado al revés: el Estado (en particular el gobierno) prácticamente entiende que debe hacerlo todo, y lo que no pueda, después de años de intentarlo y fracasar, lo deja para que las sociedades menores lo asuman.

Entonces, en mi opinión, las propuestas de políticas económicas deberían ir en el sentido correcto del Principio de Subsidiariedad, que en sus dos dimensiones señala:

  • Dimensión negativa: el Estado debe retrotraerse de aquellas actividades que el particular o el grupo intermedio hacen bien o simplemente le corresponde en virtud de su naturaleza, como por ejemplo que sean los padres los que decidan cómo y dónde educar a sus hijos. El Estado no debe absorber a los grupos intermedios. Por el contrario, debe dejarlos actuar.
  • Dimensión positiva: el Estado está obligado no sólo legal sino también moralmente a actuar o intervenir en todos aquellos sectores, donde su presencia se hace necesaria, a través, por ejemplo, de las políticas públicas. Acá el Estado debe actuar subsidiariamente, que equivale a prestar «ayuda para la autoayuda» y no caer en el asistencialismo.

De la dimensión positiva se destaca algo importante: el Estado debe prestar «ayuda para la autoayuda» y no caer en el asistencialismo, que es una de las consecuencias terribles del proceso que hasta ahora hemos vivido en Venezuela.

Si comenzamos a aplicar en su sentido correcto el Principio de Subsidiariedad, veremos que se irá desarrollando un entorno cada vez más propicio y estimulante de la actividad económica, y privada en particular; más propicio a la empresarialidad. Venezuela se haría cada vez menos dependiente del ingreso petrolero, más diversificada, menos mono-productora. Cada vez menos vulnerable a la volatilidad del mercado petrolero mundial.

Expuesto lo anterior, paso a dar unas recomendaciones en materia de política económica:

La inflación debe dejar de ser la política monetaria: los gobiernos deben dejar de cubrir déficits presupuestarios inflando la moneda. Por lo tanto, los gobiernos deben tener presupuestos equilibrados, finanzas sanas. Deben perseguir cubrir sus gastos corrientes sólo con impuestos. Y para ello es sano que entonces el gobierno (y por ende el Estado) reduzca su tamaño.

El Banco Central de Venezuela debe recuperar su autonomía y volver a cumplir su mandato constitucional de preservar el valor de la moneda. No debe alinearse a los intereses del gobierno. De esta manera la inflación anual será cada vez menor y menos volátil.

La política monetaria no debe ser inflacionista: el Banco Central de Venezuela debe dejar de alinearse a los intereses del gobierno y dejar de financiar el gasto público. Para ello, debería seguir una regla monetaria que persiga la estabilidad de precios al menos. Por ejemplo, podría volver al patrón oro de los años iniciales de la historia de nuestro ente emisor de la moneda.

Un entorno que estimule la empresarialidady de precios estables desestimularía la fuga de divisas; al contrariose atraerían los capitales y la inversión tanto de nacionales como de foráneos.

Y algo muy importante, los venezolanosconfiaríamos en que nuestra moneda puede preservar el fruto de nuestro esfuerzo diario: dejaríamos de preferir ahorrar en una moneda extranjera “dura”, para ahorrar en la nuestra.

Menos estado-empresario: esto implicará que los gobiernos privaticen empresas ineficientes, pues prácticamente todas las que están en sus manos hoy, están quebradas. Evitar así mantener puestos de trabajo por clientelismo político. De esta forma las empresas no se dedicarán a actividades distantes de su principal negocio, no descuidarán la reinversión y el mantenimiento, siendo más eficientes.

Cero controles: ante la elevada inflación (y creyendo erróneamente que eso resuelve el problema), con el argumento de combatir la especulación, se han impuesto controles de precios, primero a productos básicos, luego se ha engrosado la lista. Como era lógico esperar, se crearon organismos para fiscalizar el tema. Consecuencia lógica: escasez y más burocracia.

En una política monetaria coherente que persiga la estabilidad de precios, los controles tendrían menos justificación para ser aplicados. Por lo tanto, habría que desmontar los controles de precios y darle más flexibilidad al mercado de bienes y servicios, y al laboral, y así eliminar la escasez y estimular la creación de empleo.

Lo mismo ocurriría con el control de cambio. Este se instauró esperando que pudiera frenar la fuga de capitales, cosa que lógicamente funciona por muy breve tiempo y al principio del control; pero no resuelve el problema de fondo. Al estabilizar la moneda local, y estimular la inversión, pierde justificación este control.

Desmontarla regulación lesiva de la actividad económica empresarial: respeto a la propiedad privada, Estado de Derecho y seguridad jurídica, legislación eficiente.

Bueno amigos, dejémoslo en este punto por los momentos. En el próximo artículo continuaremos esbozando los principios que en nuestra opinión deberían regir a una política económica que pretenda que el país retome la senda de la prosperidad de todos los venezolanos.

Entender de economía política, identificar ganadores y perdedores, nos permite entender por qué no cambia y por qué es difícil cambiar el statu quo.

@rjavilad

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