Publicidad

Rafael Avila: De la corrupción y su economía (II)

En el artículo pasado comenzamos a analizar los fundamentales económicos que están detrás de la corrupción. Comentamos sobre: afirmaciones normativas y positivas, si la corrupción es causa o es efecto,el costo de la legalidad, y el análisis costo-beneficio a la hora de cumplir con una regulación, ley o norma.

En este artículo, continuamos nuestras reflexiones sobre este interesante tema.

Legalidad y riqueza

También se ve una relación directa entre la legalidad, entendida como cumplimiento de la ley, y el nivel de riqueza de la población: el costo de la legalidad es inversamente proporcional al ingreso de la población.

“Una mejor información es más fácil de obtener, con un riesgo correspondiente menor, conforme aumenta el nivel de ingresos”. (D. North y R.L. Miller)

Como el costo de oportunidad es menor, entendido éste como lo que se sacrifica para estar en la legalidad, a las personas de altos ingresos (llamémoslas ricas) la ley les cuesta menos que a los de bajos ingresos (llamémoslos pobres).Los pobres sacrifican más cosas significativas para cumplir con la ley: más tiempo e información.

Dado lo anterior, el aumento de la legislación favorece a los ricos y perjudica a los pobres; la ley tiene efectos asimétricos sobre los mercados: discrimina. No afecta por igual a todas las personas: afecta menos a los ricos y más a los pobres.

La economía de la ley es fundamental para entender la corrupción

Cuando el costo de la legalidad excede a su beneficio, la ley se incumple. Esto resulta de un análisis microeconómico personal de cada individuo, en función de su propia escala valorativa.

Ejemplos de esto pueden ser: 1) Sobornar no es lo mismo para dos personas: para algunas personas el beneficio producto del soborno no compensa el costo que representa faltar a sus valores, mientras que para otras personas puede ocurrir lo contrario, para las que el costo de faltar a su moralidad es menor al beneficio resultante de sobornar. 2) Economía informal:un sistema tributario engorroso y de elevados impuestos, puede llevar a muchas personas a la decisión de conducir su actividad económica informalmente.

Legalidad y moralidad

Las convicciones morales forman parte de la estructura de preferencias que alteran la percepción de los costos y beneficios. Son parte de la valoración subjetiva: alteran el costo y el beneficio de tomar determinada decisión. Las decisiones morales se adoptan dentro de condicionamientos institucionales. El problema no es si la gente es mala o buena, sino a qué precio decide ser mala o buena.

Corrupción y su naturaleza funcional

Microeconómicamente la corrupción es un precio. Hay dos posiciones académicas sobre su naturaleza:

–La corrupción es un impuesto.

–La corrupción es un seguro.

Como un impuesto: dado que hay costos de la legalidad, algunas personas ven rentable llevar a cabo su actividad económica corrompiendo a un funcionario.

“La actividad intervencionista da lugar a que ciertos grupos o individuos se enriquezcan a costa de otros grupos o agrupaciones” (Ludwig von Mises)

La corrupción es un “impuesto” que deben pagar los ciudadanos para mantener funcionando su actividad económica dentro de una determinada legalidad.

“el chantaje y el soborno son similares por cuanto el chantajista y el funcionario sobornado reciben un pago a cambio de no aplicar la ley”. (R. Posner)

Es un “pago” por un “no hacer” de las personas, que refleja el costo de la legalidad. A mayor costo, mayor imposición por sobornos. A menor costo, menor imposición.

“El impuesto separaría lo que pagan los delincuentes de lo que reciben quienes aplican la ley, creando oportunidades atractivas para el soborno y la corrupción, porque tanto el delincuente aprehendido como quien aplica estaría en mejor situación si negociaran un pago de transferencia privado que fuese menor que la multa estatutaria pero mayor que la multa menos el impuesto”. (R. Posner)

Como un seguro: en un entorno de economía institucional asimétrica y costosa, la gente compra una especie de seguro al corromper a un funcionario mediante el pago del soborno, que los previene de la persecución estatal. Es como la prima mediante la cual se consigue que un funcionario dé protección frente a la vigencia de una ley costosa.

Pero aparece otro problema: si el pago es una prima de seguros, la conducta de las personas frente a ella es variable. Alguien adverso al riesgo está dispuesto a “asegurarse” a cualquier “prima”.

En la informalidad, se intercambia la seguridad de no ser perseguido por una cantidad de dinero. La corrupción es una especie de seguro contra la sanción oficial.

Concluyendo

La corrupción es consecuencia del alto costo de la legalidad: de un marco institucional en el que el costo que se le exige a las personas es mayor que el beneficio que ellas creen obtener en cumplir la ley.

“Intervencionismo engendra siempre corrupción” (Ludwig von Mises)

La corrupción es ineficiente e injusta. Es una distorsión que desaprovecha los recursos.¿Cuál es la solución para combatir la corrupción? Reducir el costo de la ley: es el único mecanismo de política económica eficaz a largo plazo para reducirla.

Existe una correlación negativa entre economía de mercado y corrupción: el costo de la legalidad es más bajo que en los sistemas intervenidos.A mayor libertad económica, menor corrupción. La economía de mercado demanda una cantidad de tiempo e información que es menor que el beneficio esperado del cumplimiento de la ley. Por esta razón se admite el estado de derecho.

La ley es sólo un medio puesto a disposición de los ciudadanos para decidir. Si deciden para bien, florecerá el intercambio. Si deciden para mal, florecerá el delito. El delincuente evalúa costos y beneficios en su decisión: si el beneficio es mayor que los costos, delinquirá (como toda acción humana).

El alto costo de la legalidad es un reflejo de cómo se utiliza el poder legislativo en un Estado. Si el poder carece de limitaciones, es previsible tener un alto costo de la legalidad. El costo de la ley es reflejo del poder. La tentación del poder está en su concentración.

Entender la economía política de la inflación y de los controles, identificar ganadores y perdedores, nos permite entender por qué es difícil cambiar el statu quo.

@rjavilad

[email protected]

www.rafael-avila.net

Compartido
Loading...


Acerca del Autor

Rafael Ávila

Ingeniero Civil, UCAB (1998). Master en Administración de Empresas, IESA (2002), Master en Políticas Públicas, IESA (2005), Master en Finanzas, IESA (2005), Caracas, Venezuela. PhD. in Economics (candidato) de la SMC University, Zug, Suiza (en etapa de Tesis Doctoral). Profesor con concentración en Contabilidad, Finanzas Personales, Economía, Emprendimiento, Evaluación de Proyectos y Finanzas Corporativas, en IESA, UCAB, Universidad Monteávila e Instituto de Finanzas y Empresas, en Caracas, y en el IGEZ (Maracaibo, Edo. Zulia).

Ha sido ponente en distintos foros, nacionales e internacionales, sobre Economía y Finanzas, y Emprendimiento. Columnista en diarios web de alcance nacional, regional y universitario. Es Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila. Es director-fundador del Centro de Estudios para la Innovación y el Emprendimiento de la Universidad Monteávila, del Centro de Políticas Públicas “Siglo y Compromiso”, del Centro de Estudios Políticos “Tomás Moro” y del Centro de Estudios Empresariales “Idea y Emprende”

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad