Opinión

Rafael Avila: En la coyuntura… ¡y más allá!

martes, 27 junio 2017
Por

Rafael Avila: En la coyuntura… ¡y más allá!

Dado el laxo manejo que ha habido de la política monetaria, por parte del ente emisor de la moneda venezolana de curso legal y forzoso, fundamentalmente desde el año 1983, y que algunos con no poca razón podrían calificar de irresponsable, política caracterizada por financiamiento de los déficit fiscales del gobierno central con inflación (monetización del déficit), y pérdida de autonomía, alineando los intereses del banco central a los del gobierno de turno, y alejándolo del cumplimiento de su principal tarea (y mandato constitucional), pero más por respeto a un derecho humano, que es preservar el valor de la moneda (su poder de compra) y la estabilidad de los precios en la economía, una reforma que valdría la pena analizar seriamente es una de libertad monetaria, en la que se dé la competencia de monedas (incluso de emisión privada).

Por supuesto, es fundamental que sea parte de una reforma integral, sino, la medida muy probablemente fracase. Una reforma así además cooperaría con la necesaria disciplina fiscal, al atar las manos al estamento político, medida que limita la capacidad de los gobiernos de financiar políticas populistas a costa del ciudadano de a pie.

Para ilustrar un poco lo sucedido en Venezuela, en materia de inflación, recordemos que nuestro banco central data de 1940, y tomemos como hito al año 1983, por el “viernes negro” de febrero de ese año.

Si analizamos la data de inflación histórica (fuente BCV, variación anual del índice general de precios, y cálculos propios), desde 1941 hasta 1982 (incluido este año), la inflación promedio interanual de este período de cuarenta y dos años fue de 4,93%, con una tasa máxima de 19,33% en 1980, un mínimo de -2,52% (así mismo, deflación) en 1949, y volatilidad de 5,25%.

Si ahora hacemos lo propio con la data de inflación histórica, desde 1983 hasta 2015 (incluido este año, último de data oficial, por los momentos), la inflación promedio interanual de este período de treinta y tres años fue de 34,54%, con una tasa máxima de 180,87% en el mismo 2015, un mínimo de 7,41% en el mismo 1983, y volatilidad de 35,33%. Como se ve, la inflación promedio prácticamente se multiplicó por siete, y así también su volatilidad.

Pero es que además la inflación se ha venido acelerando y haciendo más volátil. Sin ánimos de entrar en detalles, la inflación promedio interanual del período de vida del llamado “bolívar fuerte”, de apenas ocho años (2008 – 2015) ha sido de 44,20%, con una tasa máxima de 180,87% en el mismo 2015, un mínimo de 10,39% en el mismo 2008, y volatilidad de 56,07%. Como se ve, mayor inflación y mayor volatilidad.

Luego de este breve recuento histórico monetario, pasemos a esbozar la propuesta. Antes de ello, es responsable de mi parte advertir que esta sugerencia de políticas públicas no es original mía; ya es una propuesta hecha por varios académicos respetados en la ciencia económica y política.

La propuesta podría describirse como de Dolarización flexible junto a un régimen de banca libre. Dolarización flexible, porque:

  1. El bolívar se reemplaza por el dólar de EE.UU.
  2. El mercado debe tener la libertad de interactuar con cualquier moneda que seleccione: país con libre elección monetaria.

Y banca libre, porque:

  1. Se permite a las instituciones financieras emitir sus propios billetes convertibles en cualquier moneda o mercancía de su elección.
  2. Los problemas de la economía van más allá de aquellos relativos a la política monetaria.

Por supuesto, esta es una reforma necesaria mas no suficiente. Y no es una panacea: es un marco monetario superior al que ha proporcionado el Banco Central de Venezuela y nuestro estamento político al país.

Las características de la reforma necesaria, son:

  1. Eliminar la inflación tomará un período de transición difícil, incluyendo desempleo, lamentablemente. Pero este período será corto en la medida en que se incluyan medidas que eliminen los obstáculos a la empresarialidad: impuestos bajos y simples, posibilidad de inversión privada en cualquier sector (nada de sectores reservados para el Estado), cero monopolios privados o públicos, simplificación de trámites burocráticos para constituir empresas.
  2. Reducir drásticamente la tasa de incremento en la cantidad de dinero. Por lo tanto, reducir el déficit fiscal: disminuyendo el gasto público (disminución transversal del presupuesto), con metas a corto plazo. Para esto es importante que el Estado se desprenda de una serie de empresas ineficientes, a través de una seria política de privatización de empresas y funciones del Estado. También revertir el proceso centralizador que el país ha sufrido en los años recientes, y retornar más bien a la descentralización, a acercar más las decisiones al ciudadano. Se requiere un Estado pequeño y limitado.
  3. No se recomienda aumentar los impuestos. Esto coopera con el necesario estímulo a la empresarialidad y generación de empleo.
  4. Endeudamiento interno y externo de estabilización: para complementar la reducción del gasto y así permitir la fuerte reducción en la emisión de dinero. En una economía acostumbrada a monetizar el déficit fiscal, detener esta situación no es fácil y golpeará lamentablemente a sectores de la población. Para suavizar este efecto se hará necesario el endeudamiento y poder compensar el golpe a estos sectores.
  5. Compromiso creíble de que el gobierno a corto plazo no financiará más el gasto a través de la emisión de dinero. Esto es fundamental en el juego de señales necesario para hacer creíble la política económica y que los agentes económicos (empresas y personas) se alineen.
  6. Liberar a corto plazo el mercado cambiario.
  7. Eliminar obstáculos a la empresarialidad: inamovilidad laboral, obstáculos a la creación de nuevas empresas (incluidas instituciones financieras), controles de precios y salarios (ningún obstáculo, ningún subsidio).
  8. Prever fondos para aliviar las posibles dificultades que la aplicación del ajuste traiga sobre algunos sectores de la sociedad.
  9. Propiciar la expansión del mercado de capitales: para facilitar la privatización de empresas y actividades que aún se encuentran en manos del Estado.
  10. Liberar el comercio Es importante eliminar las barreras al comercio y las prácticas proteccionistas: eliminar aranceles y cuotas de importación.

El mayor error, en mi opinión, fue concebir al Estado como el solucionador de todos los problemas, y creer que es posible administrar bien el dinero ajeno. Es hora de cambiar el paradigma y sustituirlo por uno que coloque al ciudadano en el centro de las decisiones económicas, cuya dignidad humana es principio y fin de las políticas públicas.

Bueno amigos, dejémoslo en este punto por los momentos, en estas ideassobre qué hacer para que nuestra economía despegue y finalmente los venezolanos comencemos a recorrer la senda de la prosperidad económica.

Entender de economía política, identificar ganadores y perdedores, nos permite entender por qué no cambia y por qué es difícil cambiar el statu quo.

@rjavilad

rjavilad@gmail.com

www.rafael-avila.net