Opinión

Rafael Avila: De la intervención y su (i)lógica mecánica (VI)

martes, 12 septiembre 2017
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Rafael Avila: De la intervención y su (i)lógica mecánica (VI)

En las anteriores entregas de esta seriehemos revisado definiciones fundamentales en economía, que necesitamos tenerlas claras para la argumentación que iremos desarrollando,tales como: sistema de precios, información descentralizada, división del trabajo y, coordinación descentralizada vs.planificación central. Luego, comentamos sobre qué es lo natural, si la libertad de precios o el control de precios, si la competencia o las concesiones monopólicas, si la interdependencia o la autarquía, o si la coordinación espontánea y descentralizada o la planificación central. También, definimos las “fallas del mercado”: poder de mercado, externalidades, y la justificación para la intervención del gobierno en la economía; comentamos sobre la llamada mano invisible del mercado vs. lamano visible del Estado, soluciones públicas y privadas a las externalidades negativas y positivas, y el Teorema de Coase. Recientemente, comentamos sobre subsidiariedad del Estado, los cuatro tipos de bienes económicos, el caso del free rider y el de la tragedia de los comunes, y sobre el financiamiento de la solución a las externalidades por parte del Estado y por parte de los privados. En el caso de la intervención del gobierno, comentamos que este puede decidir producir directamente bienes o servicios, o financiar la oferta o la demanda (sistema de vouchers), o hacer valer los derechos de propiedad. Comenzamos a discutir sobre la receta de la intervención, y en particular, sobre los controles de precios como herramientas para “resolver” la supuesta “falla” del mercado.

Continuemos con nuestra disertación.

Quedamos en que una vez que el gobierno (o el Estado a través de alguno de sus brazos) ha decidido intervenir, generalmente justificándose con temas de justicia y equidad, típicamente aplica las siguientes herramientas para “resolver” la supuesta “falla” del mercado: controles de precios, restricciones a la competencia (monopolios y concesiones), y el Estado-empresario.

Pero ¿qué termina ocurriendo generalmente? Para responder esta pregunta se podría comenzar por las conclusiones: los resultados de la intervención gubernamental no son otra cosa que la “crónica de una muerte anunciada”… ¿y por qué?

La Teoría Microeconómica enseña, y no esperemos que Venezuela escape a ello: que los precios guían a compradores y vendedores para tomar sus decisiones; que cuando los bienes están disponibles gratuitamente (o con precios controlados), las fuerzas del mercado que normalmente distribuyen los recursos, están ausentes; y que cuando un bien no cuenta con un precio asociado, los mercados no pueden asegurar que el bien sea producido y consumido en las cantidades apropiadas.

La Teoría Microeconómica también enseña que los impuestos tienen los siguientes efectos: provocan un cambio en el equilibrio del mercado; los compradores pagan más y los vendedores reciben menos, independientemente de quién esté gravado con el impuesto; los impuestos desalientan la actividad de los mercados; cuando un bien es gravado, la cantidad vendida es menor; y los compradores y vendedores se distribuyen la carga del impuesto. Es decir, los impuestos tienen como consecuencia una reducción en las transacciones en el mercado, y afectannegativamente el bienestar de la sociedad como un todo.

Aunque el impuesto visiblemente esté colocado sobre el consumidor, o esté colocado sobre el vendedor o productor, es decir, independientemente de cuál de los dos involucrados en la transacción en el mercado sea el visible o explícitamente gravado por el impuesto, ambos terminan llevando una parte de la carga del impuesto; ambos lo pagan.

La diferencia entre lo que paga el consumidor y lo que cobra o recibe el vendedor, es lo que le ingresa al gobierno como impuesto en la transacción del mercado, totalizado por el número de operaciones que se den. Aunque se pudiera pensar que lo que se cobra en impuestos, que son ingresos con los que el gobierno financia su gasto, luego es revertido a la sociedad en la forma de bienes y servicios públicos (vía el gasto público), quedando la sociedad como un todo (compradores, vendedores y el gobierno) igual en comparación al bienestar del que gozaba antes de la aplicación de los impuestos, la realidad es que aunque el gasto público sea hecho de la manera más impecable, honesta y eficiente posible, siempre habrá lo que se conoce como pérdidas de peso muerto, que no es otra cosa que una reducción del bienestar de la sociedad.

Algo que hay que saber es que no siempre un aumento de las tasas impositivas genera un incremento en los ingresos fiscales. Esto debido a que los ingresos fiscales no sólo dependen de la tasa de impuesto que el gobierno cobre, sino también del número de transacciones que ocurra en el mercado en cuestión. Y como los impuestos siempre tienen entre sus efectos desalentar los mercados, reduciendolas magnitudes de las transacciones que en él se dan, puede darse el caso en que aunque se eleve la tasa de impuesto, la reducción del mercado sea tal, que combinados ambos movimientos, los ingresos fiscales que terminen recaudándose sean menores. También se podría entonces decir, al contrario, que una reducción en la tasa de impuestos pudiera provocar un aumento proporcionalmente mayor en las transacciones, que combinadamente resulte en un incremento de los ingresos fiscales. Es decir, se reduce la tasa de impuestos que paga cada operación, pero se amplía la baseen tal proporción, que terminan aumentando los ingresos fiscales.

La relación que vincula la tasa de impuestos con los ingresos fiscales se conoce como la Curva de Laffer, y toma su nombre del apellido del economista que la postuló, Arthur Laffer. La Curva plantea que un aumento en la tasa de impuesto no necesariamenteaumenta la recaudación, porque la base tributaria cae.El planteamiento es así: si la tasa de impuestos es cero, la recaudación es nula; pero en la medida que se va subiendo la tasa de impuestos, los ingresos fiscales aumentan, pero cada vez en menor cuantía (rendimientos marginales decrecientes), hasta que llega un punto en que la tasa de impuestos es tan alta, que si se sigue aumentando, la recaudación (ingresos fiscales) empieza a caer, siendo contraproducente para el gobierno el aumento de la tasa impositiva.

Los economistas del supply-side (del lado de la oferta), clásicos y neo-clásicos en su línea de pensamiento económico, ven favorable una reducción impositiva como herramienta para estimular la producción, y así la generación de empleo y la economía en general.

Un punto importante es que los impuestos siempre reducen el bienestar económico de la sociedad como un todo. Con los impuestos unos ganan y otros pierden: gana el gobierno y los primeros beneficiarios del gasto público, y pierden los consumidores y los vendedores o productores del mercado gravado. Pero los beneficios que obtienen el gobierno y a través de él, los receptores de esos fondos vía el gasto público, no compensan las pérdidas de bienestar económico que sufren los compradores y vendedores, reduciendo el bienestar económico total de la sociedad.

Además, en la medida en que se va elevando la tasa de impuestos, el precio que paga el consumidor es más elevado, el pago que recibe el vendedor o productor es menor, el mercado se reduce cada vez más, y todo eso combinado, ya vimos, reduce el bienestar de la sociedad y no necesariamente aumenta la recaudación fiscal.

Por esta razón es que hay que ser cuidadoso con los impuestos, porque siempre reducen el bienestar económico de la sociedad como un todo. Es un “mal necesario” con el que hay que vivir, desde el mismo momento en que como sociedad decidimos tener un gobierno, aunque este sea mínimo. Es decir, dado que existe un gobierno, ya se hacen necesarios los impuestos. Pero tener conciencia de que mientras más elevados los impuestos, mayor es la pérdida de bienestar económico de la sociedad, debería llevarnos a poner límite a estos (los impuestos) y además a valorar que el Estado y el gobierno sean del tamaño mínimo necesario (lógicamente de bajo gasto público).

Para ilustrarlo de manera sencilla, imaginemos que partimos de un impuesto bajo que genera cierto nivel de ingresos fiscales. Ya este nivel de impuestos genera una pérdida de bienestar en la sociedad, digamos que baja. Supongamos ahora que el gobierno decide elevar la tasa de impuesto. Imaginemos que esta decisión produce mayor recaudación fiscal (gana el gobierno), pero la pérdida de bienestar ahora es mayor. Supongamos ahora que el gobierno decide elevar nuevamente la tasa de impuesto. Esta decisión podría producir menor recaudación fiscal (el gobierno gana menos que antes), pero sin duda la pérdida de bienestar ahora es mayor aún. En conclusión, a mayor tasa de impuesto, mayor pérdida de bienestar económico, y no necesariamente mayores ingresos fiscales.

Bueno amigos, por razones de espacio detengámonos en este punto, por los momentos. Continuaremos argumentandola lógica (o ilógica) de la intervención, en el próximo artículo.

Entender de economía política, identificar ganadores y perdedores, nos permite entender por qué es difícil cambiar el statu quo.

@rjavilad

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