Opinión

Rafael Avila: El riesgo y su poder creador

Martes, 1 Agosto 2017
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Rafael Avila: El riesgo y su poder creador

“Hay quienes tienen miedo a ejercitar la libertad. Prefieren que les den fórmulas hechas, para todo: es una paradoja, pero los hombres muchas veces exigen la norma –renunciando a la libertad-, por temor a arriesgarse.”

“Cuando no se valora la libertad es fácil tender a sustituirla por el cumplimiento servil de unas reglas que den seguridad.”

Las anteriores, son palabras de San Josemaría Escrivá de Balaguer, en su Carta del 9 de enero de 1959, punto n.59, y que tomo del libro “Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría”, en su segunda parte, de los teólogos Ernst Burkhart y Javier López.

Aunque en ese párrafo San Josemaría se refiera a temas de Teología Moral, como la esclavitud del pecado y la de la Ley, por mi sesgo economicista, al leerlas no pude evitar vincularlas con temas fundamentales en la relación Estado-sociedad.

 

Por un lado está el natural temor a perder. Somos adversos al riesgo; a nadie le gusta perder. Sin embargo, asumimos riesgos porque esperamos un beneficio que lo compense. Y cuando se dice beneficio, no se refiere necesariamente a un tema monetario, que por supuesto también pudiera aplicar. Beneficio puede ser desde algo medido monetariamente, hasta algo más intangible como poder, fama, satisfacción de estar con la familia o amigos, ayudar a los demás, entre otros.

Quizá preferiríamos tener más seguridad a la hora de tomar decisiones. Nos gustaría saber predecir con exactitud el futuro, para evitar fracasos y tomar siempre la opción que nos produzca mejores resultados. Pero la vida no es así. No podemos predecir el futuro con exactitud. Por ello quizá tengamos la tendencia a preferir que alguien,o algo, nos de seguridad, nos garantice un resultado futuro positivo.Por cierto, este rasgo de la personalidad es necesario para que el socialismo puedatener éxito en decirle a la persona que no se preocupe, que el “papá Estado” le dará todo lo necesario y lo protegerá. Y es una oferta tentadora, realmente.

El mundo necesita al riesgo para avanzar. El mundo avanza porque un emprendedor ve una oportunidad y asume riesgos. Y los asume porque espera un beneficio que lo compense; sea este beneficio monetario o de otra índole, pero beneficio al fin, como hemos dicho. En el proceso, por supuesto muchos fracasan, y pocos triunfan, pero considero que estos pocos éxitos más que compensan los fracasos, y en general la sociedad mejora, todos nos beneficiamos. Si a priori supiéramos que un proyecto va a resultar en un fracaso, no habría riesgo porque sabríamos el futuro, y no haríamos ese proyecto. Si a priori supiéramos que un proyecto va a ser un éxito, tampoco habría riesgo porque sabríamos el futuro, y sí haríamos ese proyecto. Pero ni el mundo es así de estático, ni así de predecible, ni tampoco porque haya riesgo nos paralizamos o “cruzamos de brazos”. La gente asume riesgos y el mundo avanza.

Entonces, es natural el miedo a arriesgarse, y que prefiramos más seguridad, pero debemos ver el poder creador que el riesgo tiene.

 

Lo anterior exige de cada uno de nosotros ejercer una libertad responsable. Libres para asumir el riesgo o no asumirlo, y responsables para asumir las consecuencias de nuestras acciones; buenas o malas. Si asumimos el riesgo de un proyecto, somos tan dueños de su éxito como de su fracaso; responsablemente debemos asumir las consecuencias, buenas o malas. Lo que no podemos hacer es pretender que alguien esté obligado a garantizarnos una compensación ante el fracaso. Ese acuerdo compensatorio, en tal caso debiera ser libre y voluntariamente pactado.

Además, la libertad no es poder hacer todo lo que yo quiera o me provoque, como algunos creen o pretenden. Paradójicamente, eso no sería libertad, sino esclavitud. Sería ser esclavos de nuestra naturaleza caída, de nuestra también humana tendencia al mal. Y es lo que explica la Teología Moral, y en este caso la cita de San Josemaría que traje a colación. El ser humano con el arma de su razón y por su fe, y por su también natural tendencia al Bien, se vence a sí mismo, doblega sus pasiones, para ser libre realmente. La libertad es para tender al bien de la persona humana. Y para ello, mis actos libres y responsables deben tener buenas intenciones, buenos medios, y buenos fines y resultados.

Y cualquiera podría preguntarse qué tiene que ver esto con Economía. Pues mucho. Los críticos de la economía de libre mercado le adjudican ese rasgo: libertad para hacer lo que sea. Y ni es verdad que eso sea un rasgo de la economía de libre mercado, ni es verdadera libertad. Lamentablemente, hay personas partidarias de la economía de libre mercado, que se hacen llamar “liberales”, que le terminan haciendo un flaco favor a la misma que pretenden defender, dándole más argumento a sus enemigos intelectuales, los socialistas, y lo que es peor, espantando a mucha gente buena… ¿Por qué se espantan? Porque lo alineado a la naturaleza humana precisamente no es hacer lo que me plazca, independientemente qué daño hago con eso, porque soy “libre”; además no es lo conveniente para todos. Lo alineado a la naturaleza humana es tender al Bien; lo tenemos inscrito en lo más íntimo de nuestras conciencias.

En la economía de libre empresa o de libre mercado, se compite por la preferencia del consumidor, pero la competencia debe ser justa, por medios buenos y por fines buenos. Dado lo argumentado más arriba, en la libertad bien entendida, no es justo hacer lo que sea para competir; no se vale cualquier cosa.A eso se refiere realmente cuando se habla de “faircompetition” o de competencia justa. Igual como no es justo ni lícito moralmente engañar al consumidor, por simplemente arrebatarle unas monedas. Esto no es ni verdadera libertad ni verdadera economía de libre empresa. Pensar y promover esa idea, es erróneo y contraproducente.

Este error puede llevar también a personas buenas, que además tiendan a preferir algo más seguro, o que naturalmente teman al fracaso, y que huyen de una libertad mal entendida o erróneamente promovida, a no valorar la libertad, y dirigirlas a las redes del socialismo, que le ofrece reglas que den seguridad, pero que le exigen,a cambio, servilismo a la persona. El error de “liberales” que entienden de forma equívoca la libertad, y no necesariamente por mala intención, puede conducir a muchos al Camino a la Servidumbre, pudiendo no salir de éste cuando ya es tarde para arrepentirse.

La libertad demanda responsabilidad, como ya comentamos más arriba. Pretender y exigir ser libres pero no ser responsables con las consecuencias de nuestras decisiones, como por ejemplo exigir que se me permita emprender cualquier proyecto, pero pedir que alguien esté obligado a garantizar mi éxito, o a rescatarme del fracaso, conduce a la sociedad a tener prácticas proteccionistas: concesiones monopólicas, oligopolios, sindicatos, captura de rentas, aranceles, cuotas de importación, barreras al comercio y a la competencia, garantías de parte del Estado a ciertos sectores, protección y fomento de ciertos sectores, entre otras. Todas ellas, terminan beneficiando a unos pocos a expensas de otros, reducen el bienestar de la sociedad en general, nos empobrece, genera tensiones sociales, reduce el empleo y causa pobreza. El proteccionismo es una práctica nada moral, como puede verse.

Entender de economía política, identificar ganadores y perdedores, nos permite entender por qué es difícil cambiar el statu quo.

@rjavilad

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