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Rafael Ávila: Una pequeña historia de la banca (IV)

Ya existía desde hace mucho la banca, y vimos cómo fue evolucionando hasta llegar a un sistema de banca libre

Ante todo, quiero desear un muy feliz año 2018 a todos los que habitamos en este querido país, y en particular al equipo de El Clarín de La Victoria y a quienes me honran con dedicar parte de su valioso tiempo a la lectura y reflexión de mis artículos en esta columna, y a sus respectivas familias. Muchas gracias.

Retomamos nuestros artículos semanales, con mucho ánimo y esperanzados en que este año será mejor que el pasado, contrario a los pronósticos, lleno de unión, paz, amor, prosperidad y solidaridad.

En este artículo continuamos mostrando la evolución cualitativa de la banca como negocio.

Ya existía desde hace mucho la banca, y vimos cómo fue evolucionando hasta llegar a un sistema de banca libre. Ya existía la banca como organización, y la banca libre como institución, y aún no había un banco central.

Quizá para los que hemos nacido en un mundo de banca central, nos parecería extraño y hasta inimaginable, un sistema financiero, un sistema bancario sin un banco central, como la organización que conocemos hoy en día. Quizá hasta lleguemos a pensar que es imposible, inviable y hasta insano, un sistema de banca libre, como el descrito anteriormente.

Lo cierto es que ya existía un sistema de banca que era más libre en algunos países que en otros, y luego fue que hizo su aparición la banca central. Y en términos generales, todos los bancos centrales comparten el mismo origen: a diferencia de la evolución de la banca que hemos visto hasta ahora ha sido espontánea, los bancos centrales no surgen espontáneamente del mercado; la banca central es una institución impuesta por los gobiernos.

Tal como tenía que hacer cualquier ciudadano o empresa, los gobiernos (o reinos en su momento) colocaban su dinero (proveniente de sus ingresos) en cuentas de bancos privados, y a cambio recibían billetes con los que financiaban sus gastos. Los gobiernos, o los reinos, recibían sus ingresos de impuestos y regalías, y financiaban sus gastos con estos ingresos o con deudas. Si los gobiernos querían gastar más, debían elevar sus ingresos por impuestos, o endeudarse. Y si decidían endeudarse, una manera era solicitar créditos en la banca. Entonces, los gobiernos o reinos, tenían cuentas en los bancos para depositar sus monedas, y también recibían financiamiento de la banca, tal como hacían los ciudadanos y empresas. Y si se endeudaban los gobiernos o reinos, tal como le ocurre a los ciudadanos y empresas, en algún momento debían pagar sus deudas.

Así se mantenían conviviendo ciudadanos, empresas, ahorristas, deudores, bancos y gobiernos (o reinos en su momento), en un sistema de banca libre (con más o menos rasgos libres), hasta que con la excusa de la necesidad de financiar las guerras, y por razones de Estado, los gobiernos y reinos se fueron endeudando excesivamente, para poder gastar más, hasta llegar al punto de empezar a incumplir sus obligaciones.

Esta situación de incumplimiento o default en el pago de obligaciones crediticias, por parte de los gobiernos o reinos, obviamente estresó las relaciones con la banca, que presionaba al gobierno para que cumpliera con el repago de la deuda. Esta tensa situación llevó incluso a la cárcel a banqueros, por “razón de Estado”. Por supuesto, y como es de imaginarse, cuando alguien deja de honrar sus obligaciones se hace más riesgoso, y la consecuencia de ello es que si vuelve a requerir financiamiento, o le prestan menos, o le cobran más intereses, o simplemente no le prestan más; es decir, se le hace más costoso financiarse, recibir créditos de la banca.

Así llegó el punto en que al gobierno (o reinos en su momento) la banca no le pudo (o no le quiso) prestar más. Entonces, como los bancos privados no tenían la voluntad de financiar más al gobierno, éste decidió crear su propio banco, que lo financiara.

En una primera fase, los reinos o gobiernos, se asocian con banqueros y crean este nuevo banco, que inicialmente comienza compitiendo con el resto de la banca por la preferencia del cliente. Pero como los gobiernos necesitaban financiar sus déficits, rápidamente comienza el financiamiento por parte del banco. Si el banco deja de financiar a unos, para financiar al gobierno (o reino), la cantidad de billetes impresos no cambia; pero si para financiar al reino se imprimen nuevos billetes sin el correspondiente depósito de monedas, cada billete pierde valor. Ahora circularán más billetes de ese banco, para la misma cantidad de moneda de respaldo. Si todos vinieran a canjear los billetes por las monedas (p.e. oro o plata), no habrá suficientes para todos. Pero esto pasa en la banca fraccionaria, y el banco gestiona ese riesgo de liquidez, con la ley de los grandes números y el manejo de señales y expectativas de solidez del banco.

Si la gente empieza a notar que cada vez circulan más y más billetes de un banco, y crean que no hay el correspondiente respaldo en monedas, podrían considerar que vendrá un evento de iliquidez del banco, y como saben que el que llega de último a canjear sus billetes, no conseguirá nada, se podrían anticipar (la “huida hacia adelante”) y desatar una “corrida” contra el banco, llevándolo a la quiebra. Lo mismo irá ocurriendo paulatinamente en la cámara de compensación, cuando los bancos canjeen sus billetes entre ellos por la moneda de respaldo.

Si el reino o gobierno continúa con una gestión presupuestaria deficitaria, y que la financia con endeudamientos con ese banco “socio”, que son cada vez mayores; y si a esta situación le agregamos que la expectativa de incumplimiento del pago de esas deudas por parte del reino o gobierno, sea cada vez mayor; es decir, que se incremente el riesgo de impago del gobierno o reino, entonces la probabilidad de una “corrida” bancaria se incrementa.

Y así ocurrió en la historia de la génesis de la banca central: los reinos se endeudan en exceso para cubrir sus déficits, incumplen en los pagos, y se da el estrés de liquidez sobre el banco que financia. Pero que como éste es propiedad (inicialmente en una fracción) del mismo reino o gobierno, continúa el financiamiento. Estas malas señales se concretan en que la gente acude al banco a redimir sus billetes en la moneda de respaldo. Si esta situación se sale de control y exacerba, el banco va a quebrar porque no podrá cumplir con el canje o redención de una suma importante de sus billetes.

Pero en la historia evolutiva de la banca, antes que la quiebra ocurriera, dado que el banco es propiedad del reino o gobierno, se dio un paso importante: se suspende la posibilidad de redención de los billetes de ese banco; ya no se pueden canjear estos billetes por la moneda de respaldo (p.e. oro y plata en su momento). Los billetes de este banco dejaron de ser redimibles.

Por supuesto, el siguiente paso fue prácticamente inmediato. La tendencia natural de la gente va a ser preferir billetes con respaldo que billetes sin respaldo; es decir, preferir billetes redimibles antes que billetes no redimibles. Por lo tanto, los billetes de ese banco que ya no redime pierden valor frente a los demás billetes. La gente deja de aceptarlos en el comercio.

La respuesta a esta natural reacción, por parte de los reinos o gobiernos, no fue entender el error de suspender la redención de los billetes de su banco, originado a su vez en la excesiva emisión de billetes sin respaldo para cubrir déficits fiscales vía endeudamiento, y en los incumplimientos de pago de estas deudas. Es decir, entender que el origen del problema está en un recurrente déficit fiscal que se fue cubriendo con deuda, emitiéndose para ello billetes sin respaldo, deuda que a su vez fue impagada. La respuesta de los reinos o gobiernos fue, por el contrario, otra “huida hacia adelante”: como ya nadie aceptaría los billetes de su banco, se crea el curso forzoso y legal. Es decir, de ahora en adelante sólo serán aceptados y sólo podrán circular los billetes emitidos por este banco.

De esta forma, terminó de perecer lo que restaba del sistema de banca libre. Se sustituyó la banca libre por el sistema de banca centralizada. Ya no habrá redención de billetes por la moneda de respaldo, ni habrá competencia entre billetes de distintos bancos, pues legalmente sólo podrá circular el billete emitido por el banco propiedad del reino o gobierno. Este paso en la evolución de la banca no fue espontáneo; fue impuesto por “razón de Estado”. Luego, lo que ocurrió en esta historia cualitativa de la banca, fue que el reino o gobierno terminó sacando a sus socios, por expropiación o por compra de las acciones de estos, y quedándose con la completa propiedad del banco. Este recorrido es el que en términos generales han seguido todos los bancos centrales en el mundo; y hoy prácticamente vivimos en un mundo de banca central, en el que paradójicamente se ve como extraño y hasta como si fuera una insensatez, retornar a un sistema de banca libre.

La banca centralizada se enfrenta al reto de controlar la inflación, la emisión de billetes sin respaldo, controlar la masa monetaria y la liquidez, el financiar los déficits de los gobiernos, la creación de burbujas, la volatilidad de los ciclos económicos, el crecimiento económico, el ajuste de la oferta monetaria a la demanda de dinero, la competencia entre monedas centralizadas (fiat money), la competencia con criptomonedas y otros medios de pago, el manejo de las tasas de interés, y su autonomía frente al gobierno.

Bueno amigos, con esta entrega concluimos nuestro recorrido por esta fascinante historia de la banca.

Entender de economía política, identificar ganadores y perdedores, nos permite entender por qué es difícil cambiar el statu quo.

@rjavilad

rjavilad@gmail.com

www.rafael-avila.net

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Acerca del Autor

Rafael Ávila

Ingeniero Civil, UCAB (1998). Master en Administración de Empresas, IESA (2002), Master en Políticas Públicas, IESA (2005), Master en Finanzas, IESA (2005), Caracas, Venezuela. PhD. in Economics (candidato) de la SMC University, Zug, Suiza (en etapa de Tesis Doctoral). Profesor con concentración en Contabilidad, Finanzas Personales, Economía, Emprendimiento, Evaluación de Proyectos y Finanzas Corporativas, en IESA, UCAB, Universidad Monteávila e Instituto de Finanzas y Empresas, en Caracas, y en el IGEZ (Maracaibo, Edo. Zulia).

Ha sido ponente en distintos foros, nacionales e internacionales, sobre Economía y Finanzas, y Emprendimiento. Columnista en diarios web de alcance nacional, regional y universitario. Es Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila. Es director-fundador del Centro de Estudios para la Innovación y el Emprendimiento de la Universidad Monteávila, del Centro de Políticas Públicas “Siglo y Compromiso”, del Centro de Estudios Políticos “Tomás Moro” y del Centro de Estudios Empresariales “Idea y Emprende”

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