Opinión

Rafael J. Avila: Ética y libertad económica

Martes, 11 Julio 2017
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Rafael J. Avila: Ética y libertad económica

Cuando los malos resultan ser los buenos

Ocurre con frecuencia que las políticas promovidas como las que son “buenas” y nos sacarán de la crisis y nos llevarán a un mejor destino, al final de cuentas terminan siendo “remedio peor que la enfermedad”. Y esto suele ocurrir porque estas políticas publicitadas como “buenas”, representan realmente más intervención en la economía.

De manera contraria, con frecuencia ocurre que las políticas promovidas como las que son “malas” y nos hundirán en la crisis, la miseria y nos llevarán a un peor destino, al final de cuentas terminan siendo la solución. Y esto suele ocurrir porque estas políticas publicitadas como “malas”, representan realmente más libertad en la economía al ciudadano de a pie y respeto a su Dignidad.

Es como si en una película, aquellos personajes (las políticas en este caso) quienes durante toda la trama en apariencia son los “malos”, terminan siendo los “buenos”.

Es que generalmente al Estado interventor (rasgo del socialismo) se le relaciona con tener “buen corazón”, y a la libertad de elección y su consecuente responsabilidad, se le asocia con egoísmo. Cuando alguien se atreve a decir que es “libertario” (liberal clásico), las personas suelen verlo como egoísta, desalmado, sin corazón, y poco o nada preocupado por el bien del otro. Al contrario, cuando alguien se proclama “socialista”, la gente tiende a relacionarlo con que es de buen corazón y preocupado por los demás y por la pobreza. Es tan así el prurito, que a los “libertarios” generalmente les da vergüenza delatarse; sienten que decirlo sería un escándalo y el resto los vería como malas personas. A veces terminan diciendo “yo soy de centro”.

Pero el punto es que preocuparse por el bien del otro, preocuparse por superar los males que en la sociedad sufrimos, es un tema del corazón; de la recta y formada conciencia de cada quien. Somos nosotros, las personas, las que somos buenas o malas de corazón. La terapéutica que apliquemos para resolver los problemas de la sociedad, son sólo medios, no son fines en sí mismos. Y para que el acto sea bueno, nuestras intenciones deben ser buenas, los medios ser buenos, y los fines también.

Sin embargo, la historia está repleta de buenas personas, con buenas intenciones, y persiguiendo los más nobles fines, y que al aplicar medios erróneos, termina siendo “peor el remedio que la enfermedad”. Y resulta que hasta ahora, en cuanto a resultados económicos, las políticas (medios) que han logrado buenos resultados (más bienestar de las personas), son aquellas en apariencia producto de personas de “mal corazón”. Estas políticas son aquellas basadas en la libertad económica del ciudadano de a pie.

Gráficamente ocurre algo así: algunos dicen “me preocupa tanto resolver la pobreza, que recomiendo políticas más intervencionistas, que el Estado no de rienda suelta a la libertad de la gente”. Otros dicen: “me preocupa tanto resolver la pobreza, que recomiendo políticas menos intervencionistas, que el Estado de rienda suelta a la libertad de la gente”. En la evidencia empírica, y mundialmente, las primeras no han resultado; las segundas sí.

Y por supuesto que siempre hay quienes disfrazados de buenas y nobles intenciones, y en nombre de “defender al pueblo”, aplican políticas intervencionistas sabiendo que estas no resultan en más prosperidad para el ciudadano de a pie, sino en más miseria y servidumbre. Es decir: las intenciones, los medios y los fines, todos son malos.

Pareciera también a veces, que le temiéramos a la libertad, porque demanda tener responsabilidad y aceptar las consecuencias de nuestras decisiones. Pero tenemos que recordar que aunque la libertad conlleva responsabilidad, genera mucha más prosperidad para la mayoría de los ciudadanos.

Egoísmo vs.altruismo

En el mundo contemporáneo se da por hecho, que el capitalismo con su mercado libre y fines de lucro, se basa en el egoísmo y produce egoísmo. Y que el socialismo se basa en el altruismo y genera altruismo.

La realidad es lo opuesto: el socialismo, cualesquiera sean sus intenciones, produce personas más egoístas y una sociedad mucho más egoísta, que la que produce una economía de libre mercado. Y una vez que prospera este egoísmo, es casi imposible deshacerlo.

Por ejemplo, en la captura de rentas o “rent-seeking”, se distribuyen recursos de uno a otro, es decir hay ganadores y perdedores, los que son beneficiados por la renta, y los perjudicados.Curiosamente, cada vez que alguien captura una renta, éste celebra, en lugar de sentirse degradado y no liberado, porque se beneficia a expensas de otro, o dicho de otra forma, porque por sí mismo no habría podido acceder a ese más elevado nivel de bienestar.

Por mucho tiempo en occidente una meta valorada fue crecer y prosperar económicamente por sí mismo; valerse por sí mismo. El socialismo y el estado benefactor destruyen esa aspiración: valerse por sí mismo ya no es una virtud.

La razón es que en el socialismo el gobierno es paternalista, se encarga de cada ciudadano. Por lo tanto el socialismo permite y genera personas cuyas preocupaciones son cada vez más egocéntricas: ¿Cuántos beneficios recibiré del gobierno? ¿Qué renta podré capturar?

¿El gobierno pagará mi educación? ¿El gobierno pagará mi salud? ¿El gobierno pagará mi retiro? ¿Cuántos días tendré de vacaciones y remuneradas? ¿Cuántos días tendré de permiso por enfermedad y remunerados? ¿Cuántos días libres por maternidad o paternidad tengo por derecho y remunerados? La lista se alarga y cada vez que se consigue un beneficio, este se convierte en un derecho… y al haber un derecho para alguien, otra persona entonces tiene el deber u obligación de cumplirlo.

Los beneficios crean ciudadanos que carecen de un rasgo de personalidad que todo ser humano debe tener: gratitud. No se puede ser feliz si no se es agradecido. Y sin gratitud no se puede ser una buena persona.

El socialismo destruye ser agradecido, porque después de todo, ¿por qué una persona sería agradecida por recibir un beneficio al que tiene derecho? Entonces, en lugar de dar gracias, al ciudadano del estado socialista o benefactor, se le enseña a decir: “¿a qué más tengo derecho?”.

Sin embargo, se insiste en que es el capitalismo y el libre mercado, y no el socialismo, lo que produce personas egoístas. La verdad es que el capitalismo y el libre mercado producen muchos menos egoístas. Enseñar a las personas a trabajar duro y cuidar de sí mismas y de otros, y que deben ganar lo que reciben, produce menos gente egoísta; no más egoísta.

El capitalismo enseña a trabajar más, mientras que el socialismo enseña a exigir más.

La actitud capitalista hace a la sociedad mejor.

Muchas veces se justifica la intervención del Estado socialista o paternalista, porque en la economía de libre mercado haya la posibilidad de que algunos se comporten de manera poco ética. Y por supuesto que esto es posible. Pero es un error culpar de ello al libre mercado. En tal caso la culpa está en el corazón de las personas, en su falta de recta conciencia.

Finalizando

Desde varios frentes, incluido desde la media, se promueven soluciones mágicas a los problemas de la economía; soluciones que consisten generalmente en más intervencionismo y más gasto público irresponsable, prometiendoalcanzar un “paraíso”en el que nadie se preocupe, porque el Estado lo proveerá todo. Aunque se promueven como opciones para mejorar la economía y crear riqueza, terminan siendo falacias, que siempre producen los mismos resultados: crean miseria, inevitablemente terminanen fracaso económico, desastre social, y destruyen aquello que dicenproteger, el bienestar común.

Por ello, es necesario, y casi un deber, promover y defender la libertad, el libre albedrío,y el libre mercado, no porque éste sea la panacea, sinopor lo ha demostrado ser: la mejor forma de crear riqueza y beneficiar a la mayoría de la población, frente a la alternativa del intervencionismo.

El verdadero estado de bienestar proviene del respeto a la vida y a la propiedad bien habida,de la libertad, delos libres y voluntarios intercambios, del libre albedrío y la iniciativa individual, dela meritocracia, de la subsidiariedad del Estado, de la solidaridad, del valor al esfuerzo y al trabajo, y de una economía abierta, innovadora y dinámica.

Entender de economía política, identificar ganadores y perdedores, nos permite entender por qué no cambia y por qué es difícil cambiar el statu quo.

@rjavilad

rjavilad@gmail.com

www.rafael-avila.net