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Elíptica o trotadora: guía para que decida cuál usar

sábado, 9 septiembre 2017
Por Editor Jensy Mier y Terán

Elíptica o trotadora: guía para que decida cuál usar
Fuente www.eltiempo.com

Están entre las máquinas más usadas por quienes asisten al gimnasio y hacen ejercicio aeróbico: mientras unos optan por la ya clásica cinta trotadora, otros prefieren subirse a la elíptica. Y, aunque ambas tienen similitudes, su utilidad varía según la persona y el objetivo que se busca. ¿Cuál es mejor? Todo depende.

Según un análisis llevado a cabo por investigadores de la clínica Mayo, solo en términos de ejercicio aeróbico, la elíptica ofrece algunas ventajas.

“Puede ser menos estresante para las articulaciones, como rodillas, caderas y espalda, ya que hay un menor impacto”, dice el doctor Edward Laskowski, codirector del Centro de Medicina Deportiva de la clínica Mayo.

Eso implica que como es un ejercicio de intensidad mediana a baja, está indicado para cualquier persona, incluso con patologías como artrosis u obesidad, o que recién estén comenzando en la práctica deportiva o proceso de recuperación, como precisa Giovanni Rosales, académico de Pedagogía en Educación Física de la Universidad Santo Tomás de Chile.

“Como no genera impacto, no está recomendada para personas con osteoporosis, ya que el hueso se regula mediante los microimpactos que sí da la trotadora”, agrega.

En cambio, la trotadora involucra más musculatura y, por tanto, un mayor gasto energético. 

Por eso “se recomienda para quienes buscan aumentar densidad muscular o mejorar la capacidad cardiorrespiratoria”, explica Cristián Aravena, quien se desempeña como kinesiólogo y jefe de la unidad de entrenamiento funcional de la clínica Meds.

Eso sí, la elíptica supone un ejercicio más completo del cuerpo, según el estudio realizado por Laskowski.

“A diferencia de las cintas de correr, algunas máquinas elípticas están equipadas con asas o polos móviles superiores, similares a los bastones de esquí. Estos permiten ejercitar tanto los brazos como las piernas”, sostiene Laskowski.

Con idea concuerda Aravena: “En la trotadora ocupas el braceo, pero más como un balance para la carrera”.

Los expertos concuerdan en que ambas máquinas son efectivas, siempre que se usen de forma correcta.

Eso implica una postura adecuada: en el caso de la trotadora, Rosales recomienda mantener los brazos relajados –para evitar forzar la zona cervical y los hombros–, buscar la inclinación óptima del cuerpo según la pendiente de la cinta y utilizar zapatillas de buena calidad.

En la elíptica, el calzado no es tan relevante, ya que lo importante es mantener el pie apoyado sobre los pedales.

“Uno de los errores más comunes es usar solo la punta de los pies. Se debe usar toda la planta para que la sangre circule de forma correcta”, precisa Laskowski.

Mantener la espalda derecha, hombros alineados y la cabeza erguida es la postura idónea, agrega Aravena.

“En algunas elípticas, la separación entre los pedales es mayor que la de las caderas de la persona; al hacer el movimiento no resulta tan natural y puede desencadenar un roce en la articulación”, afirma Aravena.

Por eso hay que buscar una buena alineación entre el ancho de la cadera y los pies.

Así se convierte una rutina de ejercicio en un hábito

Encarar una nueva rutina en el gimnasio puede ser todo un desafío.

Los primeros días, usted puede estar exultante y con ansias de arrancar, pero a medida que empiezan los dolores y vence la vagancia, más en los días fríos, hasta la rutina más divertida puede ser una tortura.

El día de descanso se convierte en tres, después en una semana y, antes de que se dé cuenta, pierde el carnet de socio y tiene que empezar todo de nuevo.

Para algunas personas, hacer ejercicio es como respirar. Simplemente se levantan, se ponen las zapatillas y salen, pero eso no viene por naturaleza.

La constancia también es un ejercicio con nosotros mismos. Entonces, ¿cómo se puede hacer para que el ejercicio físico se convierta en un hábito y no en una pesadilla?

Un estudio del ‘Diario Europeo de Psicología Social’ reveló que un hábito, de cualquier tipo, se crea en 66 días. Esto quiere decir que repetir una acción durante 6 a 8 semanas se puede convertir en una conducta que viene automáticamente sin pensarlo, solo la realizamos.

Como los cambios en los estilos de vida requieren tiempo y paciencia, ¿cómo podemos evitar caer en la tentación?

Según la entrenadora Paola Márquez, hay que planear los ejercicios con anticipación, como si fueran reuniones, para no evitarlos, según dijo a ‘Elite Daily’.

Otro consejo es ir con alguien al gimnasio para levantarse el espíritu mutuamente. Además, si alguien está contando con que vas a ir, se vuelve más difícil faltar al gimnasio.

Es importante que tenga objetivos realistas y escuche su cuerpo cuando le dice que se tome un respiro si lo necesita, no solo si lo quiere.

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