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Un fármaco acelera la recuperación de la movilidad tras un ictus

Administrado durante el tratamiento de rehabilitación, el compuesto experimental ‘T-817’ mejora las funciones motoras de ratones y monos afectados por un ictus

Cada año, cerca de 120.000 españoles –y más de 17 millones de personas en todo el mundo– padecen un ictus o accidente cerebrovascular. Un episodio que, además de asociarse a una gran mortalidad, se corresponde con una de las primeras causas de discapacidad global. De hecho, la gran mayoría de los 300.000 españoles que han sobrevivido a un ictus presentan algún tipo de discapacidad residual y, por tanto, se ven abocados a seguir tratamientos de rehabilitación. Es el caso, por ejemplo, de las terapias para recuperar, ya sea total o parcialmente, la capacidad de caminar o de asir un objeto. Unas terapias que suelen requerir de los afectados un gran esfuerzo y una notable inversión de tiempo. Sin embargo, es posible que investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de la Ciudad de Yokohama (Japón) hayan encontrado la forma de acelerar esta recuperación de las funciones motoras tras un ictus. Y para ello, los pacientes tan solo tendrían que tomarse un fármaco durante su proceso de rehabilitación.

Como explica Hiroki Abe, director de esta investigación publicada en la revista «Science», «tras un accidente cerebrovascular que ha provocado un daño cerebral, las neuronas pueden establecer nuevas conexiones de forma natural. Un proceso adaptativo denominado ‘plasticidad’ que permite a los afectados recuperar algunas funciones como la movilidad o el habla. Sin embargo, y si bien mediante la rehabilitación se pueden crear nuevas conexiones cerebrales hasta cierto punto, aún no se ha aprobado ningún fármaco que mejore la plasticidad cerebral y facilite la recuperación tras un ictus».

Ictus animales

Distintos estudios han constatado la existencia en el sistema nervioso de una proteína que, denominada ‘proteína mediadora de respuesta a colapsina 2’ (CRMP2), juega un papel muy importante en la plasticidad cerebral y el aprendizaje. Por ello, el objetivo del estudio fue evaluar si la administración de un fármaco experimental que, bautizado como ‘T-817’, se une específicamente a la CRMP2, podría mejorar la plasticidad cerebral y, por ende, mejorar la recuperación de las funciones motoras tras un ictus. Y para ello, los autores recurrieron a sendos modelos animales –ratones y monos.

En primer lugar, los autores enseñaron a los ratones como completar una tarea que tenía como recompensa el acceso a una gran fuente de comida. Y una vez los animales habían aprendido como alimentarse, les provocaron un ictus. Así, de lo que se trataba era que los ratones, si bien con sus funciones motoras muy mermadas, volvieran a realizar la tarea para lograr su alimento.

A día de hoy no hay ningún fármaco aprobado que mejore la plasticidad cerebral y facilite la recuperación tras un ictus

Los autores sometieron a la mitad de los animales a tratamiento de rehabilitación. Y asimismo, les administraron el compuesto ‘T-817’ –a diferentes dosis– o un placebo, esto es, un fármaco inocuo que no afectaba a la plasticidad cerebral. ¿Y qué pasó? Que los ratones que recibieron tratamiento rehabilitador y el fármaco ‘T-817’ vieron potenciada de forma muy significativa su capacidad para realizar la tarea. Eso sí; por sí solo, el fármaco no indujo ningún beneficio. Tenía que administrarse en combinación con el tratamiento rehabilitador.

Finalmente, los autores realizaron un experimento similar en el que los ‘sujetos’ –en este caso, monos– tenían que aprender a alcanzar y asir un objeto. Unos animales que, una vez memorizada la tarea y una vez ‘sufrido’ el accidente cerebrovascular, fueron de nuevo tratados con terapia de rehabilitación en combinación con ‘T-817’ o placebo. Y en el caso de los monos, ¿qué ocurrió? Pues que aquellos que recibieron el fármaco experimental tuvieron una recuperación más rápida de sus funciones motoras que aquellos que recibieron la sustancia de control.

Es más; como destacan los autores, «la administración de ‘T-817’ resultó particularmente útil para restaurar las funciones motoras más exigentes durante las etapas más tardías de la rehabilitación».

Seguro en humanos

En definitiva, la administración de este compuesto experimental que potencia la plasticidad neuronal durante la rehabilitación tras un ictus parece mejorar, y mucho, la recuperación de las funciones motoras. Sin embargo, su eficacia aún debe ser evaluada en ensayos clínicos con humanos antes de que pueda ser utilizado en la práctica clínica. No tanto así su seguridad, pues parece que ya ha sido demostrada.

Como concluyen los autores, «un ensayo clínico previo para la evaluación de ‘T-817’ en otra situación distinta del ictus ya sugirió que este compuesto experimental es seguro en los seres humanos».

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Jensy Mier y Terán

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