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La salud cardiovascular depende de los matrimonios de calidad

Los problemas conyugales comprometen la salud cardiovascular de los maridos

Los varones cuyos matrimonios mejoran con el tiempo tienen menor riesgo de desarrollar hipertensión arterial y aterosclerosis

El matrimonio, según han sugerido distintos estudios, es bueno, muy bueno, para la salud. De hecho, parece que las personas casadas viven más años, así que mientras los ‘maridos’ mejoran en salud física, las ‘esposas’ experimentan un beneficio en salud mental. Es más; los trabajos realizados apuntan que pasar por el altar es más beneficioso para los varones que para las mujeres, menos dependientes de sus congéneres y, por lo general, con unas redes sociales más sólidas. Sin embargo, y en ocasiones, los matrimonios no son un camino de rosas. Un aspecto a tener en consideración dado que la mayoría las investigaciones realizadas han evaluado la salud de los desposados en un momento puntual, sin evaluar la influencia de los devenires, buenos y malos, de la relación. Y estos ‘altos’ y ‘bajos’ en el matrimonio, ¿tienen algún efecto real sobre la salud? Pues según un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Bristol (Reino Unido), sí. Cuando menos en el caso de los varones, cuya salud cardiovascular se ve comprometida por los problemas en la relación con sus cónyuges.

Como explica Ian Bennett-Britton, director de esta investigación publicada en la revista «Journal of Epidemiology & Community Health», «una vez asumida la asociación causal observada en nuestro trabajo, el consejo matrimonial para parejas con relaciones en deterioro podría tener beneficios más allá del bienestar psicológico. Y es que tendría beneficios adicionales sobre la salud física. Todo ello teniendo en cuenta que, en algunos casos, terminar con la relación podría ser la mejor solución».

Matrimonios de ‘calidad’

La mayoría de estudios llevados a cabo para evaluar la posible relación entre las enfermedades cardiovasculares y la ‘calidad’ del matrimonio se han centrado en un momento puntual y específico de la relación, ignorando el posible impacto que, sobre dicha salud, pueden tener los cambios en la convivencia de los cónyuges. Por ello, los autores del nuevo estudio evaluaron en los factores de riesgo cardiovascular de 620 varones que, casados y con al menos con un hijo, participaban en el Estudio Longitudinal de Progenitores y Niños de Avon (Estudio ALSPAC), puesto en marcha en el año 1991.

Pero, ¿por qué centrarse en los varones, esto es, en los esposos? Pues porque como indica Ian Bennett-Britton, «se ha observado que los varones parecen lograr una mayor ganancia con el matrimonio que los varones. Y es que las mujeres tienen redes sociales más amplias y son menos dependientes de sus cónyuges que los varones».

El consejo matrimonial para parejas con relaciones en deterioro podría tener beneficios adicionales sobre la salud física

Ian Bennett-Britton

Concretamente, los 620 participantes respondieron a un cuestionario con 12 preguntas para evaluar la ‘calidad’ de sus matrimonios cuando sus primogénitos contaban con una edad de 3 años y, nuevamente, cuando ya habían cumplido los 9 años. Y en función de las respuestas aportadas, los autores incluyeron a los participantes en cuatro grupos según la ‘salud’ de sus relaciones: ‘consistentemente buenas’; ‘consistentemente malas’: ‘en vías de mejoría’; o ‘en deterioro’.

Finalmente, los autores evaluaron la frecuencia cardiaca en reposo, la presión arterial, el índice de masa corporal (IMC), el perfil lipídico en sangre y los niveles de glucosa en ayunas de todos los participantes cuando, ya entre los años 2011 y 2013, sus primogénitos acaban de superar la mayoría de edad. Como apuntan los propios investigadores, «partimos de la premisa de que los cambios en los factores de riesgo cardiovascular como consecuencia de los correspondientes cambios en la calidad de la relación con sus esposas requerían un tiempo».

Los resultados mostraron la ausencia de cambios en el perfil cardiovascular de los varones cuyas relaciones eran consistentemente ‘buenas’ o ‘malas’. Sin embargo, sí se observaron cambios, aun pequeños, en los factores de riesgo cardiovascular de los participantes cuyos matrimonios iban a mejor o a peor. Así, y descartados otros factores como el estatus socioeconómico, la estatura o el nivel educativo, los maridos cuyas relaciones estaban mejorando mostraron, frente a aquellos con matrimonios ‘consistentemente buenos’, unas menores cifras de ‘colesterol malo’ –la diferencia promedio se estableció en 0,25 mmol/l– y un menor IMC –en torno a 1 kg/m2 de media. Es más; también tenían una mejor presión arterial diastólica –unas cifras 2,24 mmHg más bajas de media– y unos menores niveles de colesterol total –0,25 mmol/l menos.

Por el contrario, los maridos cuyas relaciones se estaban deteriorando presentaban, frente a los que disfrutaban de un matrimonio consistentemente bueno, unas mayores cifras de presión arterial diastólica –unas cifras promedio 2,74 mmHg más elevadas.

Invariabilidad en la rutina

Llegados a este punto, ¿cómo se explica que los maridos cuyos matrimonios eran consistentemente ‘buenos’ o ‘malos’ tuvieran un riesgo cardiovascular prácticamente estable? Pues según apuntan los autores, «puede deberse a un cierto grado de ‘habituación’ a lo largo del tiempo o a diferencias en la percepción de la calidad de su relación».

Sea como fuere, y por lo menos en lo que respecta a los varones, ¿puede concluirse que la salud de sus matrimonios condiciona su salud cardiovascular a largo plazo? Pues no, dado que como reconocen los propios autores, «se trata de un estudio observacional, por lo que no se pueden extraer conclusiones firmes del tipo ‘causa y efecto’. Además, los participantes eran todavía relativamente jóvenes, por lo que no queda claro si los patrones observados se reflejarán en las tasas de enfermedad en el futuro».

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Jensy Mier y Terán

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