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‘Ovejas negras’ del sistema inmune: la última barrera defensiva frente a los invasores

Identificada una clase de linfocitos B que, por lo general silenciados, producen anticuerpos capaces de hacer frente al VIH y otros patógenos que se esconden en el organismo

Nuestro sistema inmune constituye la línea de defensa de nuestro organismo frente a los invasores, ya sean externos –por ejemplo, una bacteria o un virus– o internos –caso de una célula cancerígena–. Y para ello, cuenta con numerosos tipos de células que, cual ‘policías’, patrullan por todo el cuerpo y, una vez detectan el invasor, unen sus fuerzas para combatirlo hasta matarlo. Sin embargo, el sistema inmune también tiene sus ‘ovejas negras’: anticuerpos que, una vez activados, pasan olímpicamente de los invasores y se dedican a atacar a las células y tejidos sanos. Tal es así que, además de combatir a los ‘cuerpos extraños’, el sistema inmune debe ocuparse de estos anticuerpos ‘nocivos’ y silenciarlos para que no provoquen una enfermedad autoinmune. Pero, ¿cómo es que el organismo se permite tener estas ‘ovejas negras’ inmunológicas? Pues porque como muestra un estudio llevado a cabo por investigadores del Instituto Garvan de Investigación Médica en Sídney (Australia), estos anticuerpos ‘malos’ son el ‘as en la manga’ del sistema inmunológico. Y es que son tan potentes que pueden destruir a los patógenos frente a los que nada pueden hacer el resto de células inmunes. Eso sí, primero tienen que pasar por un proceso de ‘redención’ y convertirse en ‘buenos’.

Como explica Christopher Goodnow, co-director de esta investigación publicada en la revista «Science», «nuestros hallazgos cambiarán la idea sobre cómo nos protege el sistema inmune. Antes creíamos que estos anticuerpos nocivos eran desechados por el organismo cual manzanas podridas en un barril, y nadie podía pensar que se pudiera comenzar con un anticuerpo ‘malo’ y hacerlo ‘bueno’. Así, ahora sabemos que todo anticuerpo es valioso cuando se trata de combatir a los microbios y, en consecuencia, que los anticuerpos ‘malos’ constituyen un recurso poderoso para el desarrollo de vacunas frente al VIH y otras muchas enfermedades que no pueden ser eliminadas del organismo».

Lobos en piel de cordero

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), las bacterias del género ‘Campylobacter’ y algunos otros patógenos específicos resultan especialmente difíciles de combatir para el sistema inmune. Y es que este virus y microbios son prácticamente iguales a las moléculas del propio organismo. Es decir, son ‘lobos en pieles de cordero’, por lo que al atacarlos se corre un alto riesgo de acabar destruyendo muchas células sanas. Entonces, ¿qué puede hacer el sistema inmunitario para hacer frente a estas amenazas? Pues según creían los autores, debe contar con algún ‘ejército oculto’ de células inmunes capaces de resolver el problema. Y se pusieron a buscarlo.

Hace ya casi 30 años que Christopher Goodnow descubrió que el sistema inmune contiene un tipo de linfocitos B que, en lugar de producir anticuerpos funcionales, fabrican anticuerpos ‘malos’. En consecuencia, el organismo no tiene más remedio que silenciarlos para que no causen una enfermedad autoinmune. Sin embargo, estos linfocitos tienen que estar ahí por alguna razón. Como indica Christopher Goodnow, «la gran pregunta sobre estos linfocitos es por qué están ahí y en un número tan grande. ¿Por qué el cuerpo mantiene estas células cuyos anticuerpos suponen un gran riesgo para la salud, y no las destruye completamente como se creía?».

Todo anticuerpo, incluidos los ‘malos’, es valioso cuando se trata de combatir a los microbios que amenazan al organismo

Para contestar a esta pregunta, los autores recurrieron a un modelo animal –ratones– al que causaron distintas enfermedades. Y lo que vieron es que, una vez se topan con un invasor muy parecido a las moléculas y células del organismo, estos linfocitos B tienen la capacidad de producir anticuerpos para anularlo. Pero no es suficiente: todavía hay un gran riesgo de que estos anticuerpos carguen contra las células y tejidos sanos. Así que lo que hay que hacer es ‘redimir’ a estos anticuerpos ‘malos’. ¿Y cómo? Pues introduciendo tres pequeñas alteraciones en su ADN: una para que no ataque a las células del cuerpo, y dos para potenciar su actividad al aumentar su capacidad de unión a los invasores. ¿El resultado? Un anticuerpo inocuo para el organismo pero hasta 5.000 veces más potente frente a los patógenos.

Como refiere Deborah Burnett, co-autora de la investigación, «hemos visto que estas células silenciadas tienen un propósito crucial. Y es que lejos de ‘obstruir’ la acción del sistema inmune, proveen armas para luchar frente a aquellos invasores cuyas tácticas de ‘lobo en piel de cordero’ hacen que sean imposibles de combatir para el resto de células inmunes».

Vacuna frente al VI, que hace al ser humano un poco más inmune

En definitiva, y en caso de que todos sus efectivos fallen, el sistema inmunológico cuenta con una última carta: activar a los linfocitos B para que produzcan anticuerpos ‘malos’, y coger estas ‘manzanas podridas’ y modificar su ADN para convertirlas en armas eficaces. Un mecanismo que podría ser muy útil en el desarrollo de nuevas vacunas.

Como apunta Christopher Goodnow, «nuestros hallazgos muestran que hay una clase de linfocitos B que, si bien silenciados, pueden ser accesibles para el diseño de vacunas pero que han sido tradicionalmente ignorados».

Así, concluye Deborah Burnett, «esperamos que en lugar de ignorar a esta población de linfocitos B silenciados, los investigadores empiecen a considerar estas células en el desarrollo de vacunas, muy especialmente de aquellas frente a objetivos que, como el VIH, se disfrazan como moléculas del propio hospedador».

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Jensy Mier y Terán

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