La muerte de El Mencho el 22 de febrero de 2026 provocó una reacción violenta inmediata en varios estados. El líder del CJNG cayó abatido en un operativo militar en Jalisco. Al día siguiente, el gobierno informó que mantenía el control, aunque bajo máxima alerta.
Qué pasó
Fuerzas federales realizaron un operativo en Tapalpa, Jalisco. El objetivo era capturar a Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”.
El enfrentamiento terminó con su muerte. Horas después, autoridades confirmaron su identidad mediante peritajes oficiales.
La noticia se difundió rápidamente y detonó represalias coordinadas.
Por qué importa
El CJNG es una de las organizaciones criminales más poderosas de México. Su líder era uno de los narcotraficantes más buscados del continente.
La muerte de El Mencho representa un golpe estratégico. Sin embargo, también puede provocar reacomodos violentos dentro del grupo.
La reacción inmediata
Células vinculadas al CJNG ejecutaron:
- Narcobloqueos en carreteras.
- Incendio de vehículos.
- Ataques armados en zonas urbanas.
- Suspensión temporal de clases y actividades comerciales.
La violencia afectó principalmente a Jalisco, Michoacán, Guanajuato y Colima.
Qué ocurrió el 23 de febrero
El gobierno desplegó más Ejército y Guardia Nacional.
Las autoridades retiraron bloqueos y restablecieron la circulación en la mayoría de las vías. Mantuvieron operativos preventivos ante posibles nuevos ataques.
El gabinete de seguridad aseguró que tenía control territorial.
El perfil
Nombre: Nemesio Oseguera Cervantes
Alias: El Mencho
Origen: Michoacán
Organización: Fundador del Cártel Jalisco Nueva Generación
Comenzó como operador en estructuras del narcotráfico ligadas al Cártel del Milenio. Tras su fragmentación, fundó el CJNG alrededor de 2010.
Bajo su mando, el grupo expandió su presencia nacional y fortaleció el tráfico de drogas sintéticas hacia Estados Unidos.
Agencias estadounidenses ofrecían una recompensa multimillonaria por información que llevara a su captura.
Lo que viene
Analistas contemplan tres escenarios:
- Disputa interna por el liderazgo.
- Escalada temporal de violencia.
- Reconfiguración estratégica bajo nuevos mandos.
Históricamente, la caída de capos no reduce de inmediato la violencia. El impacto real dependerá de la sucesión interna y de la capacidad del Estado para contenerla.





