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El poker y la ilusión de control

El poker y la ilusión de control

Sentarse a una mesa de cartas da un poder especial, y es que cuando las fichas se apilan frente a nosotros tras una racha ganadora, es difícil no creerse el dueño del destino. 

El cerebro humano ama encontrar relaciones de causa y efecto; es por ello que, si ganamos una mano, es porque jugamos bien, y claro, si ganamos tres seguidas, es porque estamos en la zona, leyendo las mentes de los oponentes y controlando el juego. Pero esta idea es a menudo una ilusión peligrosa llamada ilusión de control en psicología.

El sesgo cognitivo que se produce cuando una persona piensa que controla sucesos que están mediados por el azar, y como podrás imaginar, en el poker esto está a la orden del día. Aunque la habilidad es la que decide a la larga, a corto plazo la suerte manda. 

Confundir una racha de cartas con una súbita mejora en el juego estratégico es la trampa más común y costosa en la que caen tanto principiantes como veteranos. Pensar que se pueden manipular los resultados conduce a asumir riesgos innecesarios y a una mala gestión emocional cuando la estadística finalmente se abre camino.

La necesidad de volumen para mirar la realidad

Para romper este hechizo mental, debes exponerte a muchas situaciones, porque solo con miles de manos la varianza se suaviza y la habilidad emerge. Para poder alcanzar tal cantidad de juego sin agotarse, lo mejor es buscar lugares con la mayor ergonomía posible. 

Jugar al poker online en sitios que permiten multimesa con una sola mano y con la pantalla en vertical hace mucho más sencillo este aprendizaje intensivo. Esta facilidad tecnológica deja al jugador dedicarse a la toma de decisiones en sí, acumulando la experiencia para saber que una sesión no decide nada, al tiempo que ajusta el juego a cualquier hueco del día.

Después de jugar decenas de manos al día en un ambiente accesible, el jugador se da cuenta de que las mismas decisiones correctas pierden y ganan. Esta lección empírica es el único antídoto contra la soberbia del vencedor y la desesperación del vencido. La usabilidad del software actual hace que la barrera de entrada a esta práctica consciente sea muy pequeña, y así se puede poner el esfuerzo en el razonamiento y no en pelearse con la interfaz.

¿Por qué nuestra mente niega la aleatoriedad?

Evolutivamente hablando, la incertidumbre es una amenaza; de hecho, nuestros antepasados ​​sobrevivieron porque se volvieron buenos para detectar patrones. Por ejemplo, el sonido en los matorrales era un depredador, y esa capacidad asociativa rápida fue la que nos salvó en la sabana, pero millones de años más tarde nos mata en las mesas. El cerebro necesita una historia para justificar ese As en el river. No acepta que haya ocurrido por pura casualidad estadística.

Nos inventamos cuentos para sentirnos seguros. Si logramos un proyecto de color improbable, nos convencemos de que sabíamos que iba a suceder. Esta reescritura de la historia nos ofrece una falsa sensación de seguridad. Nos hace pensar que podemos adivinar lo imposible. 

El problema se presenta cuando apostamos dinero real a esas predicciones mágicas en lugar de al valor esperado matemático. La verdad es fría, indiferente a nuestros anhelos o intuiciones. Las cartas no recuerdan quién ganó la mano anterior.

El precio de la sobreconfianza

La ilusión de control se siente en la billetera, ya que cuando un jugador se siente en control del resultado más de lo que lo está, tiende a jugar más manos de las que debería. Comienza a jugar en botes con cartas marginales creyendo que puede superar la desventaja matemática con su supuesta habilidad superior post-flop. Esta soberbia táctica es un pozo sin fondo de pérdidas.

Y esta distorsión cognitiva influye en la forma en que se maneja la banca. Si atribuyes tus últimas ganancias solo a tu habilidad y no a la varianza positiva, vas a subir de nivel demasiado rápido. 

Medirse ante rivales más exigentes con banca insuficiente y una idea exagerada de la propia capacidad es el camino seguro hacia la ruina. El mercado castiga a los que ignoran la suerte.

Asumiendo el papel de Risk Manager

Un jugador profesional no piensa en ganar el bote, piensa en hacer la jugada más rentable con la información incompleta que tiene. Asume que, una vez que las fichas están en juego, el juego ya no es suyo. Su labor culminó al calcular y actuar.

Asumir esta actitud estoica no es fácil, ya que implica renunciar al ego, y esto significa aceptar que muchas veces solo seremos espectadores del final. Pero esta sumisión a la casualidad es lo que paradójicamente nos devuelve el control. 

Cuando dejamos de intentar controlar las cartas con la mente, podemos enfocar toda nuestra energía mental en lo único que sí controlamos: nuestra estrategia, nuestra disciplina y nuestra respuesta emocional ante lo inevitable.

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