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Chatarra millonaria: “Balas frías” también se cotizan en dólares

Durante muchos años, las llamadas “balas frías” o “comida rápida” han sido la alternativa alimentaria para aquellos quienes, por razones de trabajo, estudios o de cualquier otra índole se ven en la necesidad de desayunar, almorzar e incluso cenar fuera de sus casas pero no cuentan con los recursos económicos necesarios para hacerlo en un restaurant apropiado.

No obstante, en los últimos años, en Venezuela esta opción ha quedado bastante limitada porque los altos precios la han vuelto inaccesible para muchos.

Como si fuera poco, el fenómeno de la llamada “dolarización” (establecimiento de los precios tomando como referencia la moneda estadounidense) ha alcanzado también este rubro al que también se le conoce como “comida chatarra”.

“Hoy en día para comerse un perro caliente en la calle hay que estar dispuesto a desprenderse mínimo de un dólar que; traducido a nuestra moneda, representa más de un millón de bolívares”.

Así lo indica Rubén Argüellez trabajador bancario que labora en una agencia del centro de la ciudad de La Victoria; capital del municipio Ribas del estado Aragua pero habita en la población de Zuata ubicada aproximadamente a una hora de camino de su centro laboral.

“Para mí -prosiguió Argüellez- es imposible ir a almorzar a mi casa y no siempre puedo traerme el almuerzo. Antes resolvía con un “perrito” pero ya no se puede”.

 

Los propios “chatarreros”

Pero así como algunos se ven obligados a consumir este tipo de comida, están también lo que son “fanáticos” de la misma y que prefieren un “hot dog” o un hamburguesa a un buen bistec o a una humeante sopa, esos son los clientes que han contribuido a la proliferación de las llamadas “calles del hambre”; espacios urbanos donde se ubican varios establecimientos exclusivamente dedicados a la preparación y venta de este tipo de comidas. Específicamente en La Victoria funcionan al menos tres “calles del hambre”; (2 en Las Mercedes y 1 en la calle Libertador en todo el centro de la ciudad) y una que ya ha comenzado a formarse en el cruce de las calles Andrés Bello con Rivas Dávila.

Jhonatan Carrillo, joven de 24 años, asiduo cliente de estas calles del hambre dijo al equipo de El Clarín:

“No hay nada más sabroso que una pizza o una buena hamburguesa. Yo sé que dicen que hace daño al organismo, pero a mi edad todavía me puedo dar esos lujos, ya veremos dentro de alguno años”.

También existen aquellos que prefieren preparar ellos la “comida  chatarra” en sus propios hogares para quienes, en virtud de la actual crisis” las charcutería también han presentado opciones a través de “combos” que a precios más económicos los clientes pueden llevar los ingredientes para sus perro calientes y hamburguesas”.

 

El origen del término

“Comida chatarra” es una denominación del argot para los alimentos con valor nutricional limitado. Por lo general, ofrecen poco en términos de proteínas; vitaminas o minerales y en cambio aportan una gran cantidad de calorías de azúcar o grasa, lo que algunos denominando con el término “calorías vacías”.

A finales de los años 1990 aparecen en escena movimientos en contra de este tipo de comidas y denuncian algunos aspectos acerca de la poca información; el alto contenido de grasas, azúcares y calorías de algunos de sus alimentos es cuando es acuñado el calificativo de comida chatarra.

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