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De los niños extraviados durante la tragedia de Vargas nadie habla



De la tragedia de Vargas ocurrida en 1999 no existen cifras oficiales, pero se calcula que en ese deslave pudieron haber muerto entre 15.000 y 50.000 personas, según declaraciones de las autoridades en aquel momento. De los niños desaparecidos tampoco hubo certeza, muchas fueron las familias que se quedaron con la esperanza de encontrarlos con vida en algún lugar, mientras que otros menores sobrevivientes esperaron en vano por sus parientes en algún refugio.

«¿Dónde están los niños?» fue una pregunta que generó mucha angustia en todos los venezolanos luego de la tragedia, lo que motivó a muchas instituciones a dotar centros de refugios para recibir a menores de edad que nunca llegaron. El Fondo Único Social y la Oficina Central de Estadística e Informática iniciaron en ese año un censo para las personas damnificadas, con mayor énfasis en los menores de edad.

Fernando Pereira, quien para la época fuera coordinador de Cecodap, organización que vela por los derechos de niños y adolescentes, dijo el 20 de diciembre de aquel año que el conteo de los niños buscaba proteger a las familias y a los propios menores, por lo que aunque estos estuviesen en su seno familiar, con un vecino o un conocido debían ser censados para tener un registro de la cantidad de menores en el estado.

Mucha gente esparcía el rumor de que los niños desaparecían porque los estaban adoptando sin realizar los trámites legales y otros decían que habían fallecido más menores de edad de los que se contabilizaban.

Oscar Misle, quien formaba parte del equipo del Centro de Protección Integral al Niño Damnificado de La Casona, declaró a El Nacional el lunes 20 de diciembre de 1999 que mucha gente llamaba para expresar su deseo de adoptar a niños aparentemente abandonados, «pero eso no podemos decidirlo, tenemos que agotar los mecanismos para encontrar primero a la familia», acotaba, al detallar que con esas acciones no garantizaban la seguridad de los menores.

Uno de estos rumores fue confirmado, en la actualidad, por Belkys Reyes, habitante del sector Quince Letras, en Macuto, quien contó a TalCual que ella conoció el caso de una familia de Prados del Este, Caracas, que adoptó a una niña sobreviviente de la tragedia de Vargas sin realizar ningún tipo de trámite legal.

Reyes dijo que la niña tuvo la suerte de ser adoptada por una familia adinerada, donde no le iba a faltar nada, pero condenó que a esa pequeña se le haya negado el derecho de reencontrarse con su verdadera familia. Reyes quiso denunciar esta situación, pero no supo cómo hacer, además de que desconocía si la familia de la niña se había salvado de la tragedia.

La separación de los niños de sus padres en muchos casos se dio en el momento del rescate, justo cuando fueron subidos a helicópteros, lo cual confundió la situación entre quienes buscaban y los rescatados. Las calles desaparecieron y la costa se extendió. El lodo se apoderó de toda la zona y debajo de él quedaron un incontable número de personas que no pudieron salir de sus hogares en busca de un refugio.

La misma Belkys Reyes contó que fueron muchos los niños sacados en helicóptero del sector Punta Brisas, en Macuto, donde logró refugiarse su familia, y llevados solos al aeropuerto sin sus padres, donde se produjo mayor confusión y pérdida de menores.

Reyes no estaba en La Guaira cuando ocurrió el deslave. Para atender una situación laboral de su esposo se encontraban en San Cristóbal, pero su hermana sí vivía cerca del Castillete de Reverón junto a sus dos hijas, que en ese año tenían 12 y 14 años de edad.

Para ampararse, su hermana y sobrinas subieron a la parte alta de un edificio en construcción en Punta Brisas, el lugar de mayor altura de la zona, donde la abuela de las adolescentes siempre les decía que debían correr si ocurría alguna tragedia.

Una vez a resguardo en esa edificación, un helicóptero llegó a rescatar a los sobrevivientes y aunque la prioridad eran los niños, la hermana de Belkys se negó a que se llevaran únicamente a sus hijas y con un mecate se amarró por la cintura a sus adolescentes.

Las tres fueron sacadas vía aérea con rumbo al aeropuerto, luego fueron reubicadas en el estado Barinas y, desde entonces, las tres viven en esa entidad llanera. Las niñas ya son mujeres: una tiene 32 y la otra 34 años y a ninguna le atrae regresar a La Guaira. A la familia Reyes aún le angustia cuando en Vargas el cielo se nubla y comienza a lloviznar.

Sin familia

Otros niños no lograron encontrar a sus familias y vivieron con la esperanza de que sus deudos algún día llegarían a buscarlos en los refugios donde fueron ubicados. A pesar de que Darwin Núñez Osorio tenía 15 años no recordaba mucho de lo sucedido, sabía que su casa estaba en barrio La Torre cerca del aeropuerto. Decía que su mamá, llamada Adela Osorio, y su tía Sabina, estaban bien, pero no sabía dónde. Tampoco podía entender muy bien lo ocurrido.

Nuñez Osorio solo recordaba que cuando despertó iba en un autobús rumbo a Caracas. La primera noche durmió en El Poliedro y después fue trasladado a La Casona, de donde no quería moverse a un refugio permanente porque tenía la ilusión de que su madre llegaría allí a buscarlo.

En La Casona instalaron el Tribunal Quinto de Menores para registrar a todos los niños sin padres. Hasta el 19 de diciembre de 1999 por el lugar solo habían pasado 33 menores. La gran mayoría logró reencontrase con sus familiares, pero cinco infantes quedaron a la espera de algún pariente.

Al no ser reconocidos por ningún familiar, los hermanos Ana Gabriela (9 años) y José Rafael Serrano (12 años), fueron llevados al colegio Santa Rosa de Lima. Los otros tres eran niños con discapacidad: Grey Argüinzon, Juan Carlos Goncálvez y Jhony Cádiz; los dos primeros niños padecían de convulsiones y Cádiz era sordomudo. Su destino final fue el Preescolar Divina Pastora, ubicado en Parque Central.

Estos cinco infantes fueron rescatados por el coordinador del Centro de Educación Especial Las Salinas, donde estudiaban. A pesar de que sobrevivieron a la tragedia, nunca se supo el destino final de ellos, jamás se conoció si sus familias sobrevivieron y menos si lograron reencontrarse. Tampoco se supo con exactitud cuántos pasaron a familias adoptivas violentando todo proceso legal.

Para Abraham Salcedo, profesor del Departamento de Hidrometeorología de la Universidad Central de Venezuela, «muchas de las pérdidas humanas pudieron evitarse de haber estado disponible un sistema de alerta temprana que indicara a las comunidades sobre la situación de riesgo y la necesidad de abandonar las zonas de mayor vulnerabilidad».

La cifra de desaparecidos, de muertos en la tragedia de Vargas sigue siendo incierta. 20 años después, aún hay quienes viven con la esperanza de encontrar a algún familiar con vida. Otros tienen el recuerdo intacto, como si las lluvias hubiesen sido ayer, quienes cierran los ojos y reviven la pesadilla: la escena fúrica del agua arrastrando casas, árboles, montañas y personas a las profundidades del mar.

 

 

Con información de:  Tal cual digital

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