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Los lutieres y sus instrumentos musicales también migraron de Venezuela

Lutier es el artesano que fabrica y restaura instrumentos musicales. En Venezuela, a ese oficio también se lo llevó la emergencia humanitaria. De las prósperas escuelas y redes de lutería de los años 80 solo quedan sobrevivientes de la migración.

Un interesante trabajo elaborado por periodistas de elpitazo.net revela que los lutieres no solo se han ido del país, sino que también han abandonado su arte. Los expulsa el alto costo de los materiales, la falta de incentivos oficiales y la caída de la industria de la música. Los pocos que sobreviven dependen del comercio colombiano.

Manuel Fernández González se considera uno de esos sobrevivientes. Entre madera y lacas, padece y lucha. Fabrica instrumentos de cuerda pulsada (cuatro, guitarra, bandola y arpa) y de cuerda frotada con arco (violín, chelo y contrabajo) desde hace 40 años, cuando salió de su natal Santa Rosalía, al noreste del estado Portuguesa, a continuar sus estudios de bachillerato en Caracas. Calcula que sus manos han dado forma y sonido a no menos de 500 arpas, su especialidad.

Este mes ha tenido que cruzar la frontera por el río Arauca, en chalana, con una de ellas al hombro en busca de compradores. Lo hace para procurar sus medicamentos para la diabetes y la deficiencia renal, cuyo inventario en el país alcanza niveles críticos. Aun así, Manuel Fernández promete no claudicar. Jamás lo ha hecho.

La fábrica del “Rey del Cuatro” cerró
En Industrias Musicales Pablo Canela, en el estado Lara –negocio fundado hace 60 años por el artista del mismo nombre bautizado como el “Rey del Cuatro”–, el galpón en el que hacían cuatros, mandolinas, guitarras, guitarrones, quintos y sextos está convertido en un depósito con máquinas desarmadas, cubiertas de polvo y hechas a un lado.

Por más de 25 años ensamblaron 60 cuatros mensuales –entre otros cordófonos– con 22 lutieres y artesanos que después de la liquidación abrieron sus propios talleres. La mitad mantiene relación comercial con la empresa y estampa su firma en los instrumentos de cuerdas. La otra mitad emigró.

La fábrica de instrumentos, dirigida por la segunda generación de la familia Canela, cerró en 2009. “El sistema político impidió que siguiéramos. Se dificultó la adquisición de los productos, sobre todo para los acabados: lacas, selladores y thinner; también empezaron a encarecer los otros materiales y regulaban las ventas de thinner. Era necesario hacer algo: o desaparecía la fábrica o desaparecía la tienda. Preferí seguir con la tienda”, declara Iván Canela.

En Industrias Musicales Pablo Canela también vistieron el cuatro de cuerdas propias. Entre 1982 y 1983 se asociaron con compañías de Caracas y Estados Unidos para lograrlo. “El cuatro usaba cuerdas prestadas, las del ukelele. Le dimos forma a nuestro instrumento”, precisa Canela.

Símbolo de resistencia

El taller del lutier Manuel Fernández, en el estado Portuguesa, ubicado en una loma de la sierra de Guanare, es un símbolo de su resistencia. Lo levanta desde las cenizas, luego de que este fuera arrasado por un incendio que reportó pérdida total.

Antes tuvo su fábrica en Baruta, donde trabajó para famosos de la talla de Neri Torrealba, Alexis Rossel, Gustavo Sánchez, Carlos Tapia, Hugo Blanco y Juan Vicente Torrealba.

Ahora, desde hace 10 años, es lutier por horas del Sistema Nacional de Orquestas, dependiente de la Fundación Musical Simón Bolívar, desde donde restaura con la misma maestría arpas, violines, chelos, bandolas y contrabajos.

Aunque su trabajo allí le es gratificante, Fernández considera que el Sistema de Orquestas hace poco por la lutería. Cuestiona las compras de instrumentos musicales que el Gobierno le ha hecho a China. “Han sido un duro golpe para la lutería nacional. Trajeron cuatros a montón; los dejaron en depósitos húmedos y allí se están perdiendo”.

Los cuatro chinos son engañosos. Presentan buena factura estética y aceptable afinación, pero son hechos en serie, con madera húmeda y pegamento de muy baja calidad. Con esa inversión inútil, los lutieres venezolanos pudiéramos ofrecer maravillas y se habría revitalizado el sistema nacional de lutería, señala Fernández y lamentan que sus colegas anden deambulando por otros países ofreciendo su arte.

El instrumento menos vendido
En una tienda especializada en el centro de Barquisimeto, el cuatro se vendió como pan caliente hasta 2015. Cuatro años después, los clientes se limitan a comprar las cuerdas para reparar el cuatro que tienen en casa o eligen maracas y panderetas, porque son más económicas.

El encargado del negocio señala que el cuatro es el instrumento más querido, pero menos vendido. Para 2015, este negocio contaba con dos fábricas en las afueras de Barquisimeto que le despachaban 70 cuatros semanales. Actualmente, solo piden seis o siete cuatros mensuales. Las ventas en los últimos años se redujeron de 10 cuatros diarios a uno quincenal.

El cuatro migrante
En contraste con otros negocios, en Industrias Musicales Pablo Canela venden 60 cuatros mensuales, como en los viejos tiempos. La cifra no ha variado, la clientela sí.

Antes facturaban nuevos modelos a los músicos de siempre que tenían como costumbre coleccionar hasta siete cuatros de la firma; ahora son guaros que traspasan las fronteras y lo llevan a sus seres queridos.

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Acerca del Autor

Martín Flores Araujo

Licenciado en Comunicación Social, egresado de la Universidad Católica Cecilio Acosta de Maracaibo, estado Zulia. Músico, Oboísta y compositor, Es autor de varias obras Musicales y Literarias, además de haber realizado diversos Documentales y videos institucionales, así como diversos trabajados en medios tanto impresos como digitales.

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