Comenzando un curso de historia, intercambiábamos nuestras ideas sobre la naturaleza de la historia.

Expresábamos nuestras visiones sobre si podia considerarse que la historia era objetiva.  Todos los que participábamos en la discusión argumentamos que la historia no era objetiva.  Algunos dijeron que la historia la escribían los ganadores.

Otros que la historia   estaba teñida por las vivencias y las experiencias de quienes la contaban.  Dependiendo de  cuál hubiera sido su participación en el momento o su interpretación de los hechos, se contaría la historia de una forma o de otra.

Compartí lo que había escrito en un artículo que iba a ser publicado próximamente.  Decía lo siguiente:  Es difícil tener certeza de la historia cuando ni siquiera somos capaces de entender y de vivir nuestro presente entendiendo a plenitud lo que acontece.  Creo que esas palabras que escribí antes de haber comenzado mi curso de historia trataban justamente de la subjetividad de la historia. A mí misma me impactaba cuando me salía de mi circulo y hablaba con personas distintas sobre lo que estábamos viviendo.

Muchas veces me sorprendía de cuán diferente era su visión sobre lo que yo consideraba que estaba más claro que el agua cristalina. Por eso siempre dicen que es importante entender o al menos conocer los dos puntos de vista, asumiendo que solo haya dos, antes de tomar una posición.

Si dos personas narráramos lo que estamos viviendo en este momento en nuestro país o en el mundo, podríamos tener perspectivas muy diferentes e incluso llegar a conclusiones contrapuestas.  Quien estuviera leyendo años más tarde lo escrito podría incluso terminar tomando como ciertos hechos que no ocurrieron en la forma en la que fueron narrados.  Cuando ni siquiera los hechos son correctos es mucho más fácil llegar a conclusiones erróneas.

Es importante entender los hechos y las circunstancias que rodeaban esos hechos, así como analizar las diferentes posiciones e interpretaciones para tratar de llegar a ser lo más objetivos posible.  Aún así, la perspectiva del historiador matizará o resaltará aspectos de lo ocurrido, pudiendo afectarse de esta manera el relato.

Debemos mantener una visión panorámica entendiendo que lo que sabemos o creemos saber ha sido afectado por quienes fueron nuestros maestros, la cultura en la cual crecimos, y los valores con los cuales fuimos criados, entre otros factores.  Si somos flexibles, estaremos más abiertos a entender que es posible que no tengamos la verdad absoluta con respecto a temas que para nosotros son irrefutables.

Es muy importante conocer la historia porque tiende a repetirse y nos permite entender cómo llegamos a donde estamos hoy.  Entendiendo su importancia, aceptemos también que la historia no es objetiva y busquemos investigar más profundamente los temas que nos interesen.

Escribiendo nuestros pensamientos sobre lo que ocurre a nuestro alrededor y analizando los hechos del presente, estaremos contribuyendo a que futuras generaciones conozcan la historia que vivimos hoy.

¡Prendamos una vela y pasemos la luz!