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¿Por qué olvidamos las cosas cuando abrimos una puerta?

A todos nos ha pasado alguna vez. Abrir la puerta de la nevera y tratar de alcanzar el estante del medio, y darte cuenta de que no logras recordar por qué abriste la nevera.

A todos nos ha pasado alguna vez. Abrir la puerta de la nevera y tratar de alcanzar el estante del medio, y darte cuenta de que no logras recordar por qué abriste la nevera.

O interrumpir a un amigo y encontrar que el urgente asunto que nos hizo interrumpirle se desvaneció de nuestra mente justo cuando íbamos a hablar: «¿Qué es lo que te iba a decir?», preguntamos a nuestro confundido interlocutor, quien a su vez se pregunta «¿cómo puedo saberlo?».

Aunque estos errores pueden ser embarazosos, son bastante habituales.

Se conoce también como el «efecto umbral» y revela algunas características importantes sobre cómo se organiza nuestra mente.

La manera en la que fluctúa nuestra atención en la jerarquía de la acción es lo que nos permite desempeñar comportamientos complejos, que se unen en un plan coherente a través de múltiples momentos, en múltiples lugares o requiriendo múltiples acciones.

El efecto umbral ocurre cuando nuestra atención oscila entre niveles y refleja la dependencia en nuestros recuerdos –incluso los recuerdos de que lo estábamos a punto de hacer- en el entorno en el que nos encontramos.

Ese objetivo ideado a toda prisa, que era probablemente sólo un plato entre los muchos que tratábamos de hacer girar, queda en el olvido cuando el contexto cambia.

Es una oportunidad para entender cómo coordinamos acciones complejas, encajando planes con acciones de manera que –la mayor parte del tiempo- nos permitan colocar los ladrillos adecuados en el lugar correcto para construir la catedral de nuestras vidas.

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elclarin

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