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Germán Fleitas Núñez: Un macizo de árboles y un macizo de glorias

Una breve historia del primer cronista de La Victoria

El próximo jueves se cumplen cuarenta años del fallecimiento del gran poeta MIGUEL ÁNGEL ÁLVAREZ MUDARRA, Primer Cronista Oficial de La Victoria. Había nacido en nuiestra ciudad el 29 de septiembre de 1904 y murió en Maracay el 24 de septiembre de 1975 (tenía 71 años; hoy tendría 111). Era hijo del eminente educador y político Jesús María Álvarez Delgado y de Belén Eudocia Mudarra, hija del también maestro Manuel María Mudarra Muguerza, nieto del Ilustre Prócer de la Independencia general Pedro José Muguerza, héroe de la Batalla de La Victoria, quien aparece empuñando un fusil al lado del general Ribas, en el “Conjunto Escultórico a la Batalla” que está en el centro de la plaza, conocido popularmente como “La Estatua de Ribas”.

Gran orador, son memorables sus discursos en las diferentes Sociedades Religiosas de la ciudad, en los Actos Culturales y especialmente, el Discurso de Orden pronunciado el 12 de febrero de 1944 al frente de la Estatua, donde alternó con los des grandes poetas Gonzalo Carnevalli y Aníbal Paradisi, en la oportunidad de declarar al 12 de Febrero “Día de Venezuela en Aragua”.

Fiel enamorado de la plaza pueblerina, como también lo fueron Rafael Briceño Ortega, Sergio Medina, Gonzalo Carnevalli, Ángel Raúl Villasana, Eddie López y Luís Pastori, dejó consagrado su amor al corazón del lar nativo, en un hermoso soneto, cuyo primer verso titula esta crónica, el cual debería esculpirse en mármol y colocarse en el frontis de nuestra Catedral, junto con el  “La Victoria” de Sergio Medina. Pero Miguel Ángel era un purista del leguaje condición a la cual unía una vastísima cultura producto de sus lecturas, sus viajes y sus conversaciones.

Escribió para periódicos locales y nacionales, especialmente “Fantoches”, “Pitorreos”, “El Universal” y “El Cojo Ilustrado”. En el soneto que comentamos utiliza palabras de uso poco frecuentes hoy en día, Por ejemplo, habla de “escarcela”, que es una mochila del cazador, a manera de red, una especie de bolsa que pendía de la cintura o parte de la armadura que caía desde la cintura y cubría el muslo.

Habla del “allego” que es un manojo que se  ajunta, se agrega, se reúne o se añade a manera de trofeo.

Compara la cúpula vegetal con una “pagoda”  que es un templo de las deidades en algunos pueblos de Oriente y dice que la plaza parece un motivo de Santiago Rusiñol que fue el más grande paisajista de España a finales del siglo XIX y principios del XX a quien el poeta conoció en uno de sus viajes

Ofrecemos el soneto dedicado a la plaza que el poeta llamaba “el patio de mi casa”.

 

 

LA PLAZA

Un macizo de árboles y un macizo de gloria;             

                                      soberbia en su sencillo orgullo colonial  

                                    cargada de laureles, empapada de historia

                                     da su nota al paisaje con acento marcial.

                                     Heterogénea, cívica, democrática y goda.

                                     Ortodoxa y pagana, libre y sentimental        

                                      la clásica estructura de una vieja pagoda              

                                         sugiere su radiante cúpula vegetal.

                                     Transito por la plaza, puro sabor manchego;      

                                            motivo un estupendo Santiago Rusiñol  

                                        y su bronce altanero me dice muchas cosas:

                                        Que siempre será nuestra la gracia de las rosas                                                                             que siempre en la escarcela florecerá el allego                                                                                  de un pedazo de patria y un retazo de sol.

 

 

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Acerca del Autor

Ángel Medina

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