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Germán Fleitas Núñez: Virgen del buen consejo

El Consejo antes de fundarse ya se llamaba así.

Después de haberse extendido por toda Europa, el culto a Nuestra Señora del Buen Consejo pasó a España y de allá a casi todas las regiones de América,  desde los mismos primeros días de la conquista. A Venezuela debió llegar con los jesuitas, pero es a Fray Mauro de Tovar, el quisquilloso Obispo de Caracas, llegado en diciembre de 1640, su fiel devoto desde sus tiempos de sacerdote en la península, quien la trae como devoción familiar. Viene acompañado de tres sobrinos quienes fundarán una extensa familia y una extensa fortuna.

A pesar de haber solicitado su patronazgo para el nuevo pueblo en 1774, tres años después, en el Acta de Fundación (1777), aparece entrelineado, prueba de que se les había  olvidado. Alguien señaló el olvido y entre líneas del acta, escribieron en letra muy pequeña la frase: “bajo la invocacion y titulo de Nuestra Señora del Buen Consejo”.

Cuando en 1800 pasa por aquí el barón Alejandro de Humboldt.  Anota en su diario:

“Para ir a La Victoria se pasa por el lindo pueblo del Mamón o del Consejo, célebre en la provincia por una imagen milagrosa de la Virgen”.

La proposición la hace por intermedio de su padre, el todopoderoso Conde de Tovar, su primogénita y de su esposa María Manuela Concepción Ponte y Mijares de Solórzano, llamada María Josefa del buen consejo del sudor de la encarnación Ignacia Dominga Antonia Nicolasa Petronila Pulcheria luisa de la luz de Tovar y ponte. Cuando sus padres se casaron, su madre tenía 16 años y su padre 32; exactamente el doble  y aun le faltaban 13 años para recibir el título de Conde de Tovar y 14 para solicitar la fundación del pueblo. María Josefa nació el 25 de marzo de 1761, siendo la primera de sus doce hermanos. A sus 23 años, el 15 de agosto de 1784 ingresó a la Congregación de las Carmelitas Descalzas con el nombre de Sor María Rosa de San José. Su padre fue ennoblecido por el Rey Carlos III (uno de los dos grandes reyes que tuvo España) con los títulos de Conde de Tovar y Vizconde de Altagracia, llegó a ostentar el grado de Mariscal de Campo y era el hombre más rico de Venezuela, por lo cual acumulaba el poder social, el poder militar, el poder económico y por supuesto, el poder religioso como una consecuencia de los anteriores. A sus trece años, a sabiendas de que era su padre el gran capitán de la empresa de fundar el nuevo pueblo y el hombre de mayor influencia ante el Obispo, le solicitó María Josefa que le pusieran su propio nombre que era el mismo de la Devoción de toda la familia. Diez años después, cuando tenía 23 años, abrazó los hábitos y se hizo monja. No tardó el amantísimo padre  en complacer la petición de su hija y el 2 de septiembre de 1774 (dos años antes de fundarse El Consejo), le entrega una carta al Obispo donde le ruega: “…que se dedique en honra de la Santísima Virgen Nuestra Señora del Buen Consejo…”

La petición de María Josefa, hecha por intermedio de su padre fue complacida inmediatamente. De ahí en adelante en toda la documentación que se refiere al pueblo se lo llama “Pueblo de Nuestra Señora del Buen Consejo”; pero al redactar el Acta de Fundación, suscrito por el Dr. Gabriel Jph. Lindo, se les olvida ponerle el nombre de La Virgen. Ello se evidencia por el hecho de que en el documento aparece interlineada la frase: “bajo la invocación y título de Ntra. Sa del buen Consejo y al final del documento aparece testado: “bajo la invocación y título de nuestra Señora del buen consejo”.  Tal vez el origen de este olvido se deba a que cuando se  firmó el documento, el 24 de enero de 1777, el Obispo Mariano Martí no se encontraba en Caracas.

Apenas a un mes de fundado el pueblo, en larguísima carta al Obispo, el Conde de Tovar le anuncia “la adquisición de una imagen de la Virgen del Buen Consejo que por valor de 300 pesos comprarían los hacendados”. Las imagenes que presentamos en este trabajo, son: la de la Virgen del Buen Consejo, retratada por el gran artista del lente Eduardo Carrillo “Carrillito” (es la que actualmente recibe la veneración de los consejeños en el Altar Mayor de nuestra Santa Iglesia Parroquial); el retrato de Sor María Rosa de San José (María Josefa) perteneciente a una colección particular y la Virgen del Buen Consejo que se venera en Madrid.

Sólo nos falta recordar ¿Cuál es el Buen Consejo que le da el nombre a esta advocación de la Madre de Dios? Es el que nos dirige a todos los hombres cuando en las Bodas de Caná  dice: “HACED LO QUE ÉL OS DIGA”. Frase que debería estar inscrita en el arco que le da entrada al Altar Mayor de nuestra Iglesia por ser el mensaje que nuestra Santa Patrona nos sigue dando a todos. En la mañana del 29 de julio de 1782 después de un año de noviciado María Josefa del Buen Consejo, con el nombre de Sor María Rosa,  hace renuncia de sus bienes. “A la iglesia del Buen Consejo dona una custodia de plata sobredorada con piedras de Francia, una lámpara de plata y dos botijuelas de aceite anuales para el alumbrado del Santísimo Sacramento”. En la mañana del 24 de agosto recibe el velo negro “con gran concurso de la nobleza y asistencia del señor Gobernador (Don Manuel González Torres de Navarra) con su cabildo.”  “El mismo 24,  día de San Bartolomé –dice don Enrique Bernardo–  comienzan las fiestas patronales de El Consejo” (?).

María Josefa del Buen Consejo (Sor María Rosa de San José) murió a sus 70 años, en 1831.  Vivió sus últimos años y murió en la finca familiar de Paya en Turmero, única hacienda venezolana que tiene 400 años en manos de la misma familia (los Tovar) quienes dieron eminentes personalidades en todos los tiempos venezolanos; en la Colonia dieron al Conde de Tovar, en la Independencia a los próceres Martín Tovar Ponte y sus hermanos; en la República al Presidente Manuel Felipe de Tovar; en las artes al gran pintor Martín Tovar y Tovar, en el Foro al doctor Silvestre Tovar Lange y así, en todas las ramas del saber.

En la Casa de la Hacienda “Paya”, al final del corredor izquierdo, donde aparece una ventana, existe una habitación llamada “El Cuarto de la Monja”, por ser el que ocupó durante el resto de su vida, la religiosa.

Con el paso del tiempo, el nombre se redujo a: “Pueblo del Buen Consejo”, luego a: “Pueblo de El Consejo” y hoy en día, a simplemente: “El Consejo”. Pero a pesar de parecer un nombre “en masculino”, es el nombre de una mujer: (Nuestra Señora del Buen Consejo, la Santa Madre de Dios); ­ y se lo puso, otra mujer.

¿Cuál fue ese buen consejo?

Es hora de preguntarnos: ¿De dónde le viene el nombre a esa advocación? ¿Cuál fue ese Buen Consejo que mereció ser recordado con una advocación mariana? La respuesta está en la Biblia. Prudente, discreta y de pocas palabras, a la Madre de Dios le reconocen los estudiosos de La Biblia, solamente siete frases (las siete palabras) que son las siguientes:

“1) ¿Cómo será esto si no conozco varón? cuando el Ángel Gabriel le anuncia que tendrá un hijo.

2) He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra ante el mismo Ángel Gabriel.

3) Shalom cuando visita a su prima Isabel.

4) El Magnificat canto de alabanza.

5) ¿Por qué te has portado así? dirigiéndose al hijo que se ha extraviado momentáneamente.

6) ¡No tienen vino!  Dirigiéndose al hijo en las bodas de Caná.

7) Hagan lo que Él les diga,  palabras  dirigidas a los hombres que servían el vino.”

Son las primeras dirigidas a los hombres y no solo a quienes estaban en la boda sino a todos los hombres de todos los tiempos. Esta frase constituye “EL BUEN CONSEJO” y anunciaba el primer milagro hecho por su hijo Jesús.  Acudir ante su maternal presencia divina en busca de consuelo o de consejo, nos guiará hacia la palabra de su hijo: “haced lo que él les diga”.

El Buen Consejo le dio nombre a la Madre de Dios y Ella se lo dio a nuestro pueblo. A este Santo Nombre “debemos solícito amor”. Su Santa Iglesia Parroquial y Su Santa Patrona son un permanente recordatorio de nuestros orígenes y de nuestros compromisos. Cada vez que postrados solicitemos de la Madre de Dios auxilio espiritual,  desde su imagen más que Bicentenaria,  intercediendo por nosotros ante su hijo y en silencio, Ella nos dará el  mismo buen consejo: “haced lo que él os diga”.

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Acerca del Autor

Jensy Mier y Terán

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