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Oscar Delgado, un victoriano que había nacido en Buenos Aires

Oscar Delgado: un argentino con corazón venezolano

Sus cenizas y su recuerdo permanecerán en La Victoria

 

Por Simón Henrique López.- En 1930 la República Argentina se estremecía con los embates de uno de los tantos golpes de Estado de su historia política; las fuerzas armadas de la nación austral derrocaron al gobierno populista de Hipólito Yrigoyen con lo que comenzó un largo período de dictaduras castrenses. En ese mismo año, exactamente el 13 de agosto, en la ciudad de Buenos Aires, capital
del país, nace un niño que llevaría por nombre Oscar José Delgado Rastelli que 89 años después moriría en otras latitudes, a orillas del Mar Caribe, y con un corazón compartido entre dos nacionalidades: su Patria por nacimiento: Argentina y su Patria por decisión y amor: Venezuela.

 

Desde muy joven, en su Buenos Aires natal, Oscar Delgado abrazó la carrera policial en la cual tiene un brillante desempeño que le hace acreedor de rápidos ascensos y no pocos reconocimiento y condecoraciones.

 

Su encuentro con Evita

De aquel tiempo Don Oscar siempre recordaba en sus acostumbradas, largas y sabrosas tertulias con amigos:

“En Argentina, al menos en aquellos tiempos, la policía tenía formación y estructura militar, eran hombres altamente capacitados tanto desde punto de vista del orden y la disciplina como en el aspecto de la investigación científica-criminal. En nuestro tiempo como cadete de la Policía Federal Argentina (tendríamos algo así como 19 0 20 años) nos asignaron la custodia de un evento al cual asistiría la Primera Dama, la inolvidable Evita Perón y nos formaron en una especie de callejón humano
por el cual ella (Evita) debía ingresar al recinto. Quiso la suerte que yo quedara justo al inicio de la formación y fue a mí a quien le tocó abrir la puerta del coche presidencial, al descender del mismo, la Primera Dama, en forma involuntaria me pisó uno de los pies por lo que, con esa encantadora sonrisa que la caracterizaba, me miró el rostro, me pellizcó la mejilla y me dijo: “Perdoná pibe”.

 

Peronista irreductible, esta remembranza acompañó a Oscar hasta sus últimos días.

 

También recordaba de ese día la imagen de la asistente de Evita portando un enorme y evidentemente pesado maletín que, como pudo ver momentos después, estaba lleno de dinero en efectivo con el que la lideresa solventaba algunas de necesidades de las muchas personas que se le acercaban.

 

Destino: Venezuela

En 1958 Oscar Delgado, por circunstancias que no vienen al caso en este trabajo, pide su desincorporación del servicio activo de la policía y comienza a trabajar, junto a su inseparable esposa Carmen, como expendedor de chucherías en la cantina de un cine bonaerense, este establecimiento se llamaba Desireé nombre de mucha significación en la vida posterior de los Delgado.

 

Inquieto y aventurero por naturaleza no soportó mucho este trabajo y decidió emprender un viaje que tenía como destino Venezuela a donde llega desempeñando los más disimiles oficios que le permitiera sobrevivir y sostener a su familia. Comenzó como lava carros en un auto lavado de Caracas y luego como fregador en un restaurant también de la ciudad capital. Su desempeño y responsabilidad le propician un pronto ascenso a cocinero, con lo cual mejora también su ingreso, luego fue mesonero, metre y casi hasta eventual encargado del negocio.

 

Así recorre otros establecimientos del mismo ramo y, con la ayuda de su amigo y compatriota, el afamado cantante de tangos Agustín Irusta, llega a la Peña Tanguera donde rápidamente se gana la confianza de los propietarios. En ese conocido local nocturno caraqueño, Oscar es mesonero, cocinero,
administrador, en fin, un verdadero utiliti que terminó siendo encargado general de La Peña.

 

Más adelante, buscando mejoras económicas, Oscar Delgado cambia de oficio para incorporarse como visitador médico de Laboratorio Adromeco (empresa de la cual sería poco tiempo después supervisor general de ventas), esto le permitió viajar por todo el país, conocerlo totalmente y amarlo profundamente, pero también le abrió las puertas, los contactos y relaciones con el mundo de los
cosméticos y pasa a convertirse en agente viajero de las más destacadas compañías de este ramo que hacían vida en Venezuela.

 

Es como promotor de cosméticos que Delgado conoce La Victoria ciudad que, según propia confesión, lo enamoró desde un principio.

 

“En ese entonces –recordaba- estaban construyendo la avenida Loreto y yo percibí que esa nueva vía de comunicación tenía un gran futuro comercial ya que estaba aledaña a la naciente Zona Industrial Soco. Por eso, en lo que se me presentó la oportunidad y aun cuando no tenía el dinero suficiente, me comprometí en la compra de uno de los primeros locales que se habían construido allí”.

 

De hecho, los primeros comercios que se instalan en la moderna avenida victoriana fueron el Pin Victoria con Armando Pinto a la cabeza, Deportes Victoria de Manuel Ávila Infante, Zapatería Bermúdez, del siempre recordado Miguel Ruiz, Zapatería 8-A nombre que acortaba el apellido de su dueño el señor Ochoa y el negocio de Oscar Delgado llamado Cosméticos Desireé como recuerdo de aquel pequeño expendió de chuchería bonaerense del cual ya se hizo referencia.

 

Una vez instalado en La Victoria Oscar se adaptó muy prontamente a la ciudad y la ciudad se adaptó a él, progresó comercialmente al punto de fundar 12 empresas: 7 Cosméticos Desireé, 1 Cosméticos Tu y Yo, el Restaurant La Vieja Casona, la Pizzería Bariloche y una administradora inmobiliaria. Pero también participó en muchas actividades sociales como la Cámara de Comercio e Industrias del Distrito Ricaurte de la cual fue miembro y directivo, apoyó irrestrictamente a la Clínica de Prevención del Cáncer, a las obras sociales del Padre Suso, del Ministerio Cristiano con Visión de Reino y de muchas otras instituciones humanitarias o filantrópicas, al punto que alguien dijo en ocasión de
la muerte de Oscar:

 

“Mucha gente tocaba diariamente a su puerta y nadie se iba con las manos vacías”

 

Como policía profesional que siempre fue, Oscar Delgado también fungió como asesor de varias alcaldías en la conformación de cuerpos policiales municipales y diseñó un Plan General de Seguridad que por su propia naturaleza llegó en forma silenciosa a varias regiones del país.

 

Otro aspecto de la multifacética personalidad de Oscar Delgado fue la de licenciado en Parapsicología en la que dictó diversos cursos y talleres.

 

La familia

También se destacó Oscar Delgado, según afirman quienes lo conocieron de cerca, por la devoción por su familia, conformada por su esposa e inseparable compañera Carmen y sus dos hijos (Oscar y Claudio) quienes le dieron cinco nietos. Este apego familiar lo confirma su hijo Oscarcito al decir:

 

«Mi padre era un hombre trabajador, luchador, honesto y padre ejemplar. A Claudio y a mí, como hijos, nos dio libre albedrío pero siempre fundamentados en la honestidad».

 

Cuando se le preguntó acerca de alguna anécdota con su padre Oscarcito señala:

«La convivencia permanente hace que los hijos no vean lo que le sucede con sus padres como anécdotas, sino como parte de la vida cotidiana, pero en mi caso, la vida con mi padre fue toda una anécdota. Pero de las vivencias que más recuerdo de él fue cuando inició los trámites para obtener legalmente la nacionalidad venezolana y un inescrupuloso funcionario le pidió cierta cantidad de dinero para procesar el trámite. Esto enfureció mucho a mi papá, no por el dinero, que gracias a Dios no le faltaba, sino porque él decía que nunca pagaría por ser venezolano, ya que en su corazón ya lo era. Esto le generó un retraso de más de quince año para obtener la naturalización, pero nunca aflojó ni un centavo por lo que consideraba su derecho».

 

Las cenizas de Oscar Delgado, recientemente fallecido, atendiendo a su deseo, permanecerán en Venezuela al igual que el recuerdo de todos aquellos quienes lo conocieron y tuvieron el privilegio de compartir su amistad. Oscar, ese comerciante, parapsicólogo, filántropo, policía, paracaidista y tantas cosas más, fue sobre todo un hombre de bien que nunca dudó en ayudar a todo aquel que lo
necesitaba.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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