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Francia derrota a Australia 2 goles a 1

El Mundial, al fin y al cabo metáfora de la pureza del fútbol, ya es otra cosa. La tecnología ha redefinido un deporte en el que los árbitros, ahora sí, cuentan con ángeles de la guarda que les libran del ridículo y el escarnio. Kazán asistió al primer partido tecnológico de la historia de la Copa del Mundo. Fue el video arbitraje el que permitió al colegiado, el uruguayo Andrés Ismael Cunha Soca, pasar al recuerdo. Hasta que no vio la zancadilla de Ridson a Griezmann en la pantalla alojada en la banda no se decidió a pitar la pena máxima, anotada por el delantero del Atlético. Y ya en el ocaso, cuando Australia soñaba con mantener el empate contra Francia tras una absurda mano de Umtiti, fue el reloj del juez el que tuvo que indicarle que el tiro de Pogba había botado dentro de la portería tras golpear en el larguero. Guste o no, esto ha cambiado para siempre.

Ahora que parece imperar una nueva forma de justicia, elemento que nunca casó con un deporte tan dado a la discusión de taberna, uno debe asistir a los partidos con un ojo puesto en ese orwelliano auricular del árbitro de turno. Luego ya pensaremos en lo que ocurre sobre el césped, que no fue precisamente esperanzador para esa selección francesa que debería integrarse en el batallón de favoritas del torneo.

Su concentración en Rusia no fue de lo más sencilla. Samuel Umtiti decía estar comiendo palomitas mientras Antoine Griezmann contaba las horas para convertirse en estrella catódica con el docudrama con el que anunció que permanecía en el Atlético. Mientras el presidente del Barcelona, Josep Maria Bartomeu, quedaba en cueros ante el televisor, los futbolistas galos se lo pasaban bomba. No así el seleccionador francés, Didier Deschamps, que había pedido que zanjara sus asuntos antes del inicio del Mundial. El delantero cumplió a su manera, no sin antes acaparar la atención durante días.

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Simón Jesús López

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