Fuerza de los terremotos en Venezuela. Los dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 registrados el pasado 24 de junio liberaron una cantidad de energía equivalente a la detonación de 241 bombas atómicas como la de Hiroshima, de acuerdo con un informe divulgado por el Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología.
El documento busca dimensionar la magnitud del doble evento sísmico que ha dejado un saldo oficial de 3.535 fallecidos, 16.740 heridos y millones de personas afectadas por la emergencia en distintas regiones del país.
Fuerza de los terremotos en Venezuela
El informe, firmado por la ministra Gabriela Jiménez, explica que ambos movimientos telúricos liberaron una enorme cantidad de energía acumulada en las fallas geológicas del norte del país.
Según las estimaciones oficiales:
- El primer terremoto, de magnitud 7,2, liberó una energía equivalente a 63 bombas atómicas de Hiroshima.
- Apenas 39 segundos después, ocurrió un segundo sismo de magnitud 7,5, cuya energía fue comparable a 178 bombas atómicas.
En conjunto, ambos fenómenos alcanzaron una potencia equivalente a 241 bombas atómicas, una comparación utilizada únicamente para ilustrar la magnitud de la energía liberada y no porque existiera una explosión de naturaleza nuclear.
Más de 3.500 fallecidos tras la tragedia
Los dos terremotos dejaron una estela de destrucción en varias regiones de Venezuela.
De acuerdo con el más reciente balance presentado este lunes 6 de julio por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, el saldo oficial asciende a 3.535 personas fallecidas y 16.740 heridas, además de millones de habitantes afectados por la emergencia humanitaria derivada del desastre.
Las labores de recuperación, evaluación de daños y reconstrucción continúan en los estados más impactados por el doble evento sísmico.
¿Por qué ocurrió un doble terremoto?
De acuerdo con los estudios difundidos por especialistas y organismos técnicos, el fenómeno correspondió a un doblete sísmico, es decir, dos terremotos principales de gran magnitud ocurridos con apenas 39 segundos de diferencia.
El primer movimiento liberó parte de la tensión acumulada en una falla geológica y desencadenó la ruptura de otra estructura tectónica que ya se encontraba sometida a elevados esfuerzos, originando el segundo terremoto.
Este comportamiento es distinto al de una secuencia convencional de sismo principal y réplicas.
La energía sísmica es solo una parte del proceso
Los especialistas explican que la energía que se propaga mediante ondas sísmicas y provoca el movimiento del suelo representa únicamente una fracción de toda la energía liberada durante la ruptura de una falla geológica.
Otra parte importante se transforma en calor debido a la intensa fricción entre enormes bloques de roca que se desplazan durante el terremoto.
Asimismo, una proporción significativa de esa energía se emplea en deformar la corteza terrestre, elevando o desplazando grandes volúmenes de roca que pueden abarcar decenas de miles de kilómetros cúbicos y experimentar movimientos de varios metros.
El papel de las rocas en las investigaciones
Aunque tradicionalmente la investigación sísmica se ha concentrado en el estudio de las ondas generadas por los terremotos, algunos científicos también han analizado el comportamiento físico de las rocas antes de la ruptura.
Uno de esos trabajos corresponde al geofísico Friedemann T. Freund, autor de la investigación “Rocks That Crackle and Sparkle and Glow: Strange Pre-Earthquake Phenomena”, en la que plantea que las rocas sometidas a grandes esfuerzos mecánicos pueden liberar cargas eléctricas al deformarse.
Según esta hipótesis, dichos materiales pueden comportarse temporalmente como semiconductores naturales, generando corrientes eléctricas que, en determinadas circunstancias, llegan a detectarse desde la superficie.
Aún no existe un método para predecir terremotos
El propio Freund aclara que ninguno de estos fenómenos constituye, por sí solo, un sistema capaz de predecir un terremoto.
Además, advierte que la intensidad de estas manifestaciones varía considerablemente entre un evento y otro, por lo que continúan siendo objeto de investigación científica y no pueden utilizarse como una herramienta confiable para anticipar cuándo ocurrirá un sismo de gran magnitud.
Mientras tanto, las autoridades y la comunidad científica mantienen el monitoreo permanente de la actividad sísmica y el estudio de las fallas geológicas para comprender mejor el comportamiento de este tipo de fenómenos.





