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Lorenzo Linares: Las cosas que voy a extrañar de Venezuela (y las que no)

Ser feliz es gratis, aprendí de los venezolanos. Por mucho que la arepa esté muy cara.

Hoy quiero compartir algunas reflexiones del periodista Daniel  Pardo, corresponsal de BBC Mundo al momento de despedirse de Venezuela!!! A veces no me queda claro si Venezuela es un lugar feliz o infeliz. Porque parece ambas cosas. 

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Más allá de las penurias que sufre el país, y por muy pesimista que esté, el venezolano anda por la vida regalando gestos fraternales, la gente más alegre del mundo puede encontrarse en una cola kilométrica en el supermercado o en un hospital quebrado y sin insumos.

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Las largas colas y esperas llevan a muchos a buscar atajos y ese no-sé-qué que puede transformar desgracias en un festín de risas es lo que más voy a extrañar de Venezuela, temo que pronto vaya a suscribir lo que decía Gabriel García Márquez, quien en su “Memoria feliz de Caracas” (1982) escribió que “una de las hermosas frustraciones de mi vida es no haberme quedado a vivir para siempre en esa ciudad infernal”.

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También  Gabriel García Márquez se enamoró de Caracas, cosa que a través de Simón Bolívar, personaje favorito de el y fundamental de la historia de Colombia, Venezuela y otros países de Latinoamérica, Gabriel García Márquez supo de Caracas por primera vez,  la escucho nombrar por una frase de Simón Bolívar: “La infeliz Caracas”. así lo reseño Ángel Ricardo Gómez en un trabajo sobre el grande de las letras latinoamericanas, publicado en El Universal.

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En Venezuela, donde estuve tres años como corresponsal de BBC Mundo, encontré el reto más grande de mi vida, en este tiempo la crisis pasó de grave a alarmante, la calidad de vida cayó en forma estrepitosa y la inflación se disparó, entre otros ejemplos, el litro de jugo de naranja subió 4.600%, los cigarrillos aumentaron 3.900%, y legalizar documentos en consulados un 12.000%.

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Vi tres cadáveres, viví 11 apagones y la policía me detuvo dos veces, donde me salieron tres canas y me dio alopecia en dos oportunidades, pero el recuerdo que me llevo es más feliz que infeliz.

Cesta basica con FLECHA subiendo

Porque en la esencia del venezolano, en ese limbo entre felicidad e infelicidad, encontré enseñanzas para el resto de mi vida, aquellas en la raíz de instituciones como «poco a poco se llega lejos», «esto es lo que hay» y «al mal tiempo, buena cara».

cesta basica VACÍA

5 estampas de cómo se ha deteriorado la vida en Venezuela me salieron tres canas y me dio alopecia en dos oportunidades, en las kilométricas colas es posible encontrar sonrisas y gestos fraternales.

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Pero el recuerdo que me llevo es más feliz que infeliz, los 5 mitos sobre la crisis en Venezuela BBC Mundo…? La crisis en Venezuela ( lo que pasa en realidad), es así que desde un punto de vista Venezuela es una dictadura, todo el mundo odia a Maduro, son algunas de las frases que se escuchan hablar del país, ya que nadie se imaginó que una nación donde hasta los pobres podían tomar whiskey 12 años iba a llegar al punto en que la gente celebra cuando corre agua por el grifo.

En medio de la crisis, hay comunidades por todo el país que han logrado construir un pozo del que pueden sacar agua de la profundidad de la tierra –esta tierra prolífica– sin depender del abastecimiento central y los puntos donde por alguna razón hay un tubo del que siempre sale agua que viene de un manantial, las filas son cada vez más largas, de ahí sacan agua personas que andan con un botellón en el carro, pero también los camiones cisterna que abastecen por grandes sumas a hoteles y edificios residenciales de clase alta, donde las minorías acomodadas sí mantienen una calidad de vida de lujo.

Resultado de imagen para cómo se ha deteriorado la vida en Venezuela

En los últimos tres años la crisis en Venezuela pasó de castaño a oscuro, son los tres años que he estado como corresponsal, durante los cuales he intentando salir del país con frecuencia; para darme un aire, sí, pero también para ver la realidad con otra perspectiva, cada vez que lo hago me encuentro con las preguntas de mi familia, de mis colegas, sobre si todo es realmente tan grave, tan catastrófico, como se reporta en los medios de comunicación.

Y este 2016 lacrisis alimentaria solo se ha profundizado; se ven más colas y se reportan más desnutridos y más gente comiendo dos o menos veces al día, donde en los últimos tres años la crisis en Venezuela pasó de castaño a oscuro por decir algo, además desde mi punto de vista podria decir que por supuesto, hay algunas cosas que no extrañaré, por ejemplo, que la ineficiencia del sistema te obligue a buscar atajos para sacar una cédula, comprar jabón o tener agua las 24 horas.

Respecto a los cortes de agua, que también se volvieron frecuentes en todo el país, no hay un comité de afectados, pero a diferencia del problema eléctrico, el del agua sí golpea a Caracas, y mucho más en los últimos dos años, Como parte del paisaje del barrio popular venezolano, a las antenas de televisión satelital que hay en cada casa ahora se añadió un tanque azul en casi todos los techos, además sin tanque te toca acomodar tu rutina a los incumplidos horarios de racionamiento. Con tanque eres, de alguna manera, libre.

[email protected] @Brianfincheltub

Pero si hay problemas de cantidad, también de calidad: mi tanque lo he tenido que limpiar con desengrasante y cloro tres veces en el último mes, porque el agua llega amarillenta, apestosa, lo cual soy un privilegiado, ya que corroboré cuando fui a Valencia, porque no vivo en la región central del país, donde el agua emite un olor a hierro que impregna la piel y hace arder los ojos, pero cuando llueve no deja de haber problemas para las mayorías, porque las inundaciones y derrumbes afectan a miles de personas cada vez que cae un palo de agua.

Ahora bien si nos ponemos a ver podemos darnos cuenta que hay muchos venezolanos saben lo que es bueno: a lo que sabe –y lo que es– un queso holandés; lo que es pasar –y repetir– unas vacaciones en familia en un resort con todo incluido, pero con una inflación que este año tomó cara de hiperinflación, el venezolano ha tenido que sacrificar las idas a restaurantes, moverse en taxi o comer carne y pescado, eso produce una angustia casi existencial, porque el venezolano perdió aquello que lo hacía especial ante el mundo: el consumo de suntuarios.

Ahora, ni lo básico está al alcance de todos: el 87% de los venezolanos dice que su ingreso es insuficiente para comprar los alimentos, según la Encuesta de Condiciones de Vida de 2015 realizada por tres prestigiosas universidades y entonces pasan sus días esperando al frente de los supermercados, con una sombrilla para protegerse del sol inclemente, a ver si logran comprar los alimentos a precio regulado, además es cuando surgen muchas preguntas ya que en medio de la polarización y la politización, muchas de esas preguntas están basadas en impresiones exageradas sobre lo que pasa en un país que fue rico y ahora es pobre y nadie parece entender cómo pasó eso, entre muchos otros acertijos.

«En Venezuela hay una hambruna» … El 90% de los venezolanos dijeron en 2015 a la encuesta Encovi que están comiendo menos y de peor calidad.

Venezuela

Lo que no voy a extrañar

Hay, por supuesto, algunas cosas que no extrañaré que por ejemplo, que la ineficiencia del sistema te obligue a buscar atajos para sacar una cédula, comprar jabón o tener agua las 24 horas, lo que no echaré de menos la desidia, la parsimonia, la indolencia con que me atendieron y me hablaron en ocaciones insultandome unos burócratas, meseros y policías, dejandome claro la realidad que viven las personas en el pais y más cuando en conversaciones con algunas personas he visto he identificado cinco hechos que realmente perjudican a muchos Venezolanos.

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Intentaré no recordar las horas que pasé buscando la versión del chavismo sobre algunas noticias, no extrañaré los ataques desde el oficialismo o la oposición por ciertos reportajes que publiqué, y haré lo posible para superar la rabia que sentí esta mañana, como tantas otras, cuando la tarjeta del banco no sirvió, se bloqueó y luego me quedé sin dinero porque había sacado ya los 160 billetes (solo US$16) que me puede dar el cajero en un día (en cuatro transacciones).

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Echaré de menos…

Lo que sí quedará en mis recuerdos serán los atardeceres brumosos bajo el olor del sofrito que preparaba mi vecina al son de las guacamayas, las guacamayas que vigilan el cielo de Caracas, son una presencia constante en los cielos de Caracas.

Recordaré el aguacate “mantequilludo” que me vendía una “doña” con un celular en una teta y una calculadora en la otra, echaré de menos el verde de los árboles y arbustos, de las palmas y hierbas que en Caracas conviven en paz con el bullicio de las motos, el esmog y las trampas.

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Cada vez que sienta nostalgia de Venezuela buscaré sentir el sabor de las nutelas que un caraqueño sonriente, soñador y trabajador llamado Christian me traía de la costa de la Guaira por dos módicas lochas (dinero),  tienen razón los expertos: acá está el mejor cacao del mundo, donde los venezolanos se precian de tener el mejor cacao del mundo.

Y me transportaré a las playas del Caribe cada vez que huela y beba uno de los exquisitos rones venezolanos (también, dicen, los mejores el mundo), que en medio del caos noticioso fueron aire fresco para este corresponsal asmático, cómo se vive la crisis en la Isla de Margarita, el paraíso turístico de Venezuela

Memoria feliz de Venezuela

Cuando hable de la Venezuela que viví tendré que mencionar escasez, inflación, delincuencia, gente jodida en un sinfín de maneras, pero haré el esfuerzo de ir más allá de esta coyuntura, lejos de los cínicos, corruptos y malandros, es difícil no enamorarse de las playas de Venezuela, me llevo, más bien, la sonrisa del recogedor de basura, el coqueteo de la funcionaria pública: ese calor humano caribeño que tanto extrañan los miles de venezolanos que se han ido del país recientemente.

  • Los venezolanos que ríen para sobrellevar la crisis

Es como si en Venezuela la movilidad social estuviera en la cultura; como si el clasismo fuera cuestión de las minorías: acá el chofer es el confidente del jefe y la empleada del servicio, un pilar en las familias de clase media, no hay sueldo ni vestimenta ni buenos modales que estén por encima de un saludo, de una broma que democratice las relaciones: que ponga a un mototaxista en el mismo rango de un ministro; que archive, rápidamente, el trato de “usted”; que inspire, en cuestión de segundos, decirle “mi amor”, “mi cielo” o “papito” a un desconocido.

Venezuela vive en un raro estado de paciencia, de tolerancia. La impuntualidad es permitida y del país me llevó las sonrisas”, algunos venezolanos dicen que ese estado de constante regocijo, de no tomarse nada en serio, es lo que “tiene a este país jodido”, pero para mí es una enseñanza de que no hay preocupación que arregle los problemas, ser feliz es gratis, aprendí de los venezolanos. Por mucho que la arepa esté muy cara.

Que haya periodistas y políticos que se atrevan a opinar aunque eso implique ir a la cárcel no significa que tengamos libertad de expresión. Como tampoco es sinónimo de democracia que se celebren votaciones periódicas, por cierto, ya ni eso se atreven a hacer ¿O es que acaso las trabas al revocatorio forman parte de otro mito?

[email protected]@Brianfincheltub

Por Licdo. Lorenzo Linares

[email protected]/Fuente: BBC

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Lorenzo Linares

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