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El reloj de la torre sigue sin dar la hora

El Reloj de la torre, protagonista y testigo de la historia victoriana

Por Simón Henrique López.- Hace y durante mucho tiempo, una de las más arraigadas tradiciones victorianas, era recibir el año nuevo en la Plaza Ribas. Hasta bien entrada la década de los 70´s del pasado Siglo XX, familias enteras se reunían en el Monumento Histórico Nacional en espera, por una parte, del cañonazo que a las 12 de la noche retumbaba desde el cercano cuartel Montilla y las 12 campanadas que emitía el vetusto reloj de la Iglesia Matriz para anunciar que llegaba el nuevo año.

 

Con el correr del tiempo y el aumento de la inseguridad esta hermosa tradición se fue perdiendo hasta desaparecer, pero si aún se mantuviese, los victorianos tendrían que conformarse con esperar la salva de artillería ya que el reloj hace años que dejó de funcionar.

 

La historia de este famoso “reloj de la torre,” como era conocido por los lugareños, ha corrido paralela con la de la iglesia y de la ciudad que comienza por allá, por el año de 1620 cuando se crea oficialmente la parroquia Eclesiástica de La Victoria, sin embargo el reloj no se instala sino dos siglos después, en 1890, cuando el entonces presidente de la república, Juan Pablo Rojas Paúl ordena y
financia la remodelación del templo, y su esposa, Concepción Báez de Rojas Paul dona el reloj mecánico para su instalación.

 

Para la vigilancia y mantenimiento de este bien, la Municipalidad crea el cargo de Inspector o Vigilante del Reloj Publico con una remuneración mensual de 30 bolívares, sueldo que por cierto se mantuvo por muchos años, además se aprobó una partida de 20 bolívares semestrales para el mantenimiento del mecanismo.

 

La primera avería importante que presentó el reloj tuvo lugar en el año 1899. Según el informe del Vigilante se requería “reemplazar una cuerda muy gastada que hacía imposible mover la maquinaria, motivo por el cual habían dejado de funcionar en dos oportunidades las campanas”. Luego de evaluar el informe y de una inspección hecha por el concejal Rafael Cruz el Concejo Municipal aprobó la erogación de 20 mil bolívares.

 

El año siguiente, específicamente el 29 de octubre de 1900 ocurre un movimiento sísmico que sacude a La Victoria y desnivela el sensible mecanismo del reloj público lo que requiere una nueva reparación.

 

Entre las personas que en su tiempo ocuparon el cargo de Vigilante o Inspector del Reloj Público, se han podido rescatar los nombre de J.M. Bueno (1929), Carlos Alberto Vicentelli (1930), Amaro Fernández (¿), Guillermo Escalona (1934), Eustaquio González (1935) y el 15 de agosto de 1936 es designado para el cargo, el señor Mamerto López relojero de profesión y fundador del Partido
Comunista de Venezuela en La Victoria. López fue el último en ocupar oficialmente el cargo en el cual se mantuvo hasta la 1967 cuando fue jubilado con una remuneración de 100 bolívares mensuales.

 

Para la década conocida como del perejimenato (1950-1960) se aumentó el monto para la remuneración del vigilante a la entonces nada despreciable suma de 80 bolívares mensuales, además de asignar una bonificación especial por igual monto, por concepto de fin de año.

 

En 1967, año cuando se jubila el último vigilante del reloj, tiene lugar un hecho importante en la historia religiosa-católica de La Victoria: por decreto del entonces Obispo de la Diócesis de Maracay Monseñor Doctor Feliciano González, a la Iglesia Matriz se le confiere el grado de Catedral. Con motivo de esta celebración el Ilustre Concejo Municipal del Distrito Ricaurte contrata los servicios de un especialista relojero de nombre Carlos González, para que hiciera un conjunto de reparaciones menores al reloj de la torre, a la vez que se colocan en sus cuatro frentes unas poderosas luminarias (bombillos) que por primera vez permiten a los victorianos ver la hora en horas nocturnas. Los trabajos del señor González generan una remuneración de 100 bolívares y cada uno de los bombillos
costó la bicoca de 20 bolívares.

 

Luego de estos trabajos y, posiblemente como consecuencia de la desaparición del cargo de Vigilante, el reloj público fue descuidado y prácticamente abandonado por las autoridades tanto civiles como eclesiásticas, lo que originó que su mecanismo se fuese deteriorando hasta el punto que en 1976
dejó de funcionar. Lo más lamentable es que durante mucho tiempo nadie hizo nada para remediar esta situación, incluso a comienzo de los años 80´s, el gobierno nacional, presidido por Luis Herrera Campins, ejecutó trabajos de reparaciones mayores en toda la estructura del templo, labor que duró por varios años (la iglesia fue reinaugurada el 12 de febrero de 1982) pero en la que no se tomó en cuenta para nada el caso del reloj. Este “olvido” ocasionó muchas críticas, por lo que en 1983 la iglesia asume la reparación que logra nuevamente poner en funcionamiento el reloj al cual se la había adaptado un supuestamente moderno sistema eléctrico, pero debido al deterioro acumulado por tanto tiempo esto sólo duró algunos meses luego de los cuales quedó nuevamente inactivo hasta 1993 cuando se instala un sistema conocido como “fleje de circulación de báscula” que tampoco dio los resultados esperados pues, si bien es cierto, el reloj volvió a la vida sólo fue por un lapso de aproximadamente ocho meses.

 

De esta forma, el reloj del Monumento Histórico Nacional Iglesia Matriz de La Victoria no pudo dar la hora que marcó el final del Siglo XX y el comienzo del XXI ya que es sólo en el 2001 cuando nuevamente se hacen intentos por su recuperación; el gobierno del ahora Municipio Ribas, encabezado por el alcalde Luis Blanco, contrató los servicios de otro especialista que evalúa la situación e hizo algunos trabajos provisionales que reactivaron precariamente el funcionamiento del mecanismo a la vez que introdujo en el Departamento de Desarrollo Urbanístico local el presupuesto para la realización de los trabajos que permitirían, aparentemente en forma definitiva, la recuperación del reloj. Este presupuesto fue aprobado por el alcalde pero nunca fue honrado por lo que los trabajos tampoco fueron realizados y el reloj quedó nuevamente silenciado hasta la actualidad cuando sólo sirve de adorno y de recuerdo para todos aquellos que recuerdan el sonido de su característico carrillón y que anhela que, a pesar de la fuerte crisis que actualmente se está viviendo en el país, algún ente gubernamental o eclesiástico asuma esta responsabilidad y EL RELOJ DE LA
TORRE VUELVA A DAR LA HORA.

 

En 1967, la Iglesia Matriz de La Victoria es consagrada como
Catedral lo que queda reflejado en la placa escrita en latín

 

 

 

 

 

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