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La escasez de agua afecta a todo el país incluyendo, por supuesto, a La Victoria

Historia de un chorrito El “Llenadero del Madre Emilia”

Nadie sabe de dónde viene el agua pero todos se sirven de ella

Por Simón Henrique López.- Las deficiencias en el servicio de suministro de agua potable es un problema que en los últimos años se ha agudizado en toda Venezuela. Si a esto se le suma que la escasez y altos precios de cauchos baterías y repuestos ha dejado fuera de servicio a buena parte del parque de
camiones cisternas, es fácil entender la gravedad de la situación.

 

La Victoria, capital del municipio Ribas del estado Aragua no ha quedado exenta de este problema y diariamente se observan a personas de todos los sectores geográficos y niveles económico buscando donde proveerse del vital líquido. Uno de estos lugares donde la gente puede surtirse de agua en forma
gratuita es el conocido Llenadero del Madre Emilia ubicado en la calle Libertador al comienzo del sector conocido como La Otra Banda y su nombre se debe a la cercanía con el colegio que lleva el nombre de la mencionada religiosa.

 

Se trata de una tubería que nadie sabe a ciencia cierta de dónde viene o hacia dónde va pero que casi todo el tiempo tiene suficiente agua para abastecer aunque sea precariamente a buena parte de la población.

 

A toda hora del día o de la noche, hombres y mujeres, niños y ancianos, permanecen en ordenada fila para tratar de llenar sus pipotes, botellones, cuñetes, garrafas y cuanto recipiente encuentren a mano los cuales, de paso, son transportados de las más disímiles formas, allí se observan desde las típicas
carruchas hasta lujosas camionetas 4 x 4, pasando por coches para bebés, carritos de supermercado, sillas de rueda y por supuesto quienes se echan su pipote en el lomo, como se dice popularmente. Lo importante es llevar agua al hogar para tomar, cocinar y asearse.

 

Pero lo más notable de este “chorrito” es que en torno a él se ha creado toda una suerte de comunidad. Las personas que allí acuden, la mayoría se reconocen, se saluda y se ayudan. Conversan entre sí y aunque siempre hay discusiones porque algún “vivo” se quiere colear todo es solventado rápidamente con la intermediación de las que allí están. Algunos que llevan grandes toneles,
siempre ceden el paso a aquellos que sólo van a llenar un “tobito” o un garrafón, sobre todo si se trata de personas de la tercera edad.

 

Cuando hay clases el “chorrito” también sirve de bebedero para los niños que salen de la escuela y ellos también tienen una prioridad que nadie objeta o cuestiona-

 

Luis Mestre asiduo “llenador” en el chorrito afirma:

 

“Como yo no tengo tanque en mi casa tengo que venir a diario a llenar mis pipas, normalmente vengo tempranito que no hay mucha gente y así salgo rápido pero nunca he tenido problemas, al contrario, aquí todos nos ayudamos. Todos tenemos el mismo problema y todos necesitamos el agua”.

 

Josefina Fuentes, joven madre que acude a llenar con su pequeño Sebastián (de apenas un año) en sus brazos. “No tengo con quien dejarlo, por eso me lo traigo, pero normalmente cuando llego y hay mucha gente los demás me dan el paso sin yo pedirlo”.

 

José Pirela tiene un tambor de 300 litros que, según señala, llena por parte “para darle chance a los demás”.

 

“Yo me venía de madrugada a llenar, porque yo cargo para mi y para algunos vecinos que me dan algo para que los ayude, pero un día se armó una plomazón en el terreno de enfrente desde entonces espero que amanezca para venir a llenar.

 

Rómulo Sánchez, quien llegó al lugar conduciendo una lujosa camioneta respondió al ser interrogado.

 

“La necesidad tiene cara de perro todos tenemos que buscar la forma de buscar agua tanto para la casa como para nuestros negocios. Afortunadamente tenemos esta toma porque yo, por ejemplo, tengo más de una semana que no me llega por tubería”.

 

En El Chorrito del Madre Emilia no hay distingo de clase ni de condición
social.

 

 

 

 

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