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Un monumento lleno de anécdotas

La inauguración oficial y solemne del monumento tuvo lugar en 1895, durante la presidencia de Joaquín Crespo

Como se ha dicho y se sabe de sobra, la pequeña y la gran historia de La Victoria gira en torno a la Batalla del 12 de Febrero de 1814 y, consecuentemente, a la figura del General José Félix Ribas, de hecho el bulto escultórico con el cual Eloy Palacio inmortalizó en el bronce tanto al héroe como al hecho es, sin lugar a dudas, el ícono con el cual se identifica la ciudad.

No obstante, poco es lo que las nuevas generaciones conocen de la historia de esta pieza, tal vez ni siquiera se han dado cuenta que en su cara principal (frente al Norte)  la inscripción señala JOSE FEIX RIBAS, VENCEDOR DE LOS TIRANOS EN LA VICTORIA. Nótese el error en el segundo nombre del prócer, que no dice “Félix” sino “Feix”, gazapo este del que algún purista trasnochado hizo el planteamiento de corregir, sin darse cuenta que enmendar ese error sería como tratar de ponerle brazos a la Venus de Milo o enderezar la Torre Inclinada de Pizza, porque ese FEIX forma parte de la idiosincrasia local hasta el punto que por muchos años existió una simpática costumbre que cuando los pequeños victorianos comenzaban a leer, eran llevados por sus progenitores a la Plaza, lo paraban frente al pedestal para que descubrieran el famoso error.

De tal manera que esa escultura en el centro de la “historiada plaza” como diría el poeta Sergio Medina es parte de nuestra historia como pueblo con pretensiones de ciudad.

La historia

La historia de este monumento se inicia en el propio 1814 a apenas cinco días de la batalla cuando, cumpliendo con el pedido del propio Libertador Simón Bolívar, el Ayuntamiento de Caracas (jurisdicción a la que para entonces pertenecía La Victoria) ordena que:

“…se erija una estatua en la plaza de La Villa de La Victoria en memoria del General Ribas”

En su momento esta decisión es rechazada por el propio Ribas con las conocidas y lapidarias palabras:

“Los mármoles y los bronces no pueden jamás satisfacer el alma de un republicano”

Años más tardes, en 1890 el Presidente Juan Pablo Rojas Paul, fundador de la Academia Nacional de la Historia y del Hospital Vargas que estaba casado con una dama victoriana, ordena la construcción de una estatua en bronce de Ribas (al igual que la de otros próceres de la Independencia) pero es sólo en el período siguiente (90-92) cuando por decreto del Jefe del Estado Raimundo Andueza Palacio se le da formalidad jurídica y ubicación geográfica al monumento cuya elaboración se le asignó al afamado escultor Eloy Palacios quien además tenía la profesión de odontólogo lo que explica que si se revisa de cerca, todos los personajes allí representados cuentan con un detallada dentadura, al igual que otras estatuas del mismo autor como El Monumento a Carabobo (mejor conocido como La India de El Paraíso) o la ecuestre de José Antonio Páez ubicado en la plaza de la cual es epónimo en la ciudad de Caracas.

La elaboración del famoso bulto escultórico, está matizado por curiosas circunstancias, tal como plantea en uno de sus escritos el Cronista de La Victoria Germán Fleitas Núñez:

“Palacios (el escultor) realizó su trabajo en Caracas y lo fundió en Europa de donde fue traído en barco en 1892. El barco sufrió un accidente en el cual se perdieron algunas alegorías que formaban parte de la obra…Esta fue trasladado desde La Guaria a Caracas y luego a La Victoria por el Gran Ferrocarril de Venezuela”

La inauguración oficial y solemne del monumento tuvo lugar en 1895, durante la presidencia de Joaquín Crespo, en esa oportunidad acuden a La Victoria representantes del Gobierno Nacional y, acatando lo establecido en aquella ya lejana en el tiempo proclama de la Municipalidad de Caracas, lo develan al centro de la Plaza Mayor que desde ese punto y hora cambia su nombre por el de Plaza General José Félix Ribas 70 años después  ese mismos monumento conjuntamente con la plaza es declarado por los organismo correspondientes como Monumento Histórico Nacional.

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elclarin

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