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Noche de paz, noche de amor

“Soy un hombre con raíces en el este, De una comarca donde el viento empuja las nubes”.

¿Dónde nació esta canción tan popular, tan sencilla y tan bella que es la más conocida y cantada a nivel mundial y se interpreta en todos los idiomas de la
tierra? ¿Quiénes fueron sus autores y bajo cuáles circunstancias se compuso y en cuánto tiempo?
Es tal vez, junto con el “Cumpleaños feliz” (Happy Birthday) la de mayor difusión durante los cumpleaños y las navidades. Todo el mundo se las sabe y sus notas nos alegran y enternecen en cualquier lugar de la tierra, donde nos encontremos.

A los victorianos nos enseñó su origen, uno de los personajes más encantadores que haya habitado nuestro pueblo, cuyo nombre está asociado con el progreso de la ciudad y al mismo tiempo, con una época romántica, bucólica y parroquial, que ya se marchó desde hace mucho tiempo. Era de origen alemán y se llamaba Walter Bartoleit, fue ordeñador de vacas, propietario de tierras, creador de zonas industriales, viajero incansable y poeta.

Solía reunir a sus amigos y contarles la vida de su lejano país, su llegada a La Victoria, su arraigo para siempre en nuestra ciudad y de cómo compró la hacienda Soco donde llegó a producir en invierno 3.500 litros de leche que él mismo vendía de casa en casa por todo el pueblo, en cántaros que llevaba en
una carreta de mulas; como decidió industrializar su finca y por qué los avisos los publicó no en Venezuela sino en el “New York Times” de Nueva York, lo que explica la llegada de gran cantidad de empresas extranjeras y en fin, relataba cómo nació la ciudad industrial a mediados del siglo XX lo cual originó el crecimiento y la modernización de nuestra ciudad.

Al final siempre decía: “Para mí es un honor haber transformado mi hacienda en zona industrial, aunque en el momento haya sido muy doloroso haberme
separado de mis vacas”.

Al regreso de uno de sus viajes, Walter nos reunió y nos contó una bella historia que había investigado personalmente en el propio pueblo natal de la
hermosa canción y ese año nos regaló una postal navideña adornada con sus propios dibujos y pinturas que conservamos con mucho cariño. ¿Donde nació esta canción tan popular, mundialmente conocida y difundida? Durante una estadía en la montaña austriaca en la época del invierno, cubierta de nieve, seguí las huellas de esta canción. En Oberndorf, en la cercanía de Salzburgo, tierra de grandes músicos, tuve la oportunidad de estudiar y hasta vivir nuevamente el origen de ‘Noche de Paz, Noche de Amor”.

En una forma simple nació esta canción tan famosa; la canción navideña por excelencia. Y asi también, fueron sus creadores: simples, sencillos, creyentes,
modestos. Era a finales del año 1.818 y para el 24 de Diciembre estaba anunciada la visita de su Alteza Real el Príncipe del Imperio Austríaco quien iría a sar navidad con los habitantes del pueblo. Pero un día antes de la llegada de tan importante personaje y a pocas horas antes de celebrarse la Misa Navideña, dejó de funcionar el órgano de la Iglesia de San Nicolás, Patrono del pueblo. ¿Qué hacemos? Dos amigos se ofrecieron inmediatamente para solucionar esta difícil situación. Se llamaban Josef Mohr, cura de San Nicolás y su amigo Franz Xaver Gruber, maestro de escuela y organista. Mohr pasó toda la noche antes de la misa navideña escribiendo el texto para “Noche de Paz-Noche de Amor” y se lo entregó al día siguiente, el 24 de Diciembre, a su amigo Gruber en forma de una poesía para que él luego le pusiera la música correspondiente, para que esta obra pudiera ser presentada en la Misa de Gallo, para suplantar la falta de la música del órgano. A Gruber le quedó muy poco tiempo para llevar a cabo el deseo de Mohr, por lo que la melodía debía ser muy sencilla ya que además debían ensayar al coro de niños de la iglesia, pero pudo lograrlo y durante la Misa Navideña se oyó por primera vez la composición para dos voces solistas con coro y acompañamiento de guitarra.

En la primera presentación de la obra los solistas fueron los propios Mohr (Tenor) y Gruber (Bajo) y uno de los dos tocaba la guitarra y con ellos, el coro completo de la iglesia (niños y adultos) que fue ensayado de carrerita. El éxito fue rotundo e inmediato. Las ediciones, en una acción relámpago desde el año 1818, fueron incontables. Fue traducida en más de 100 idiomas. No fue cantada únicamente por los coros de los muchachos de Viena y Regensburgo o Bing Crosby, también Freddy Quinn la tenía en su repertorio y hasta Luis Armstrong y Elvis Presley la interpretaron. Hoy en día tiene casi una función litúrgica de la Noche de Navidad. Es imposible imaginarse la Noche Buena sin ella.

Desde el pueblo nevado de Oberndorf, esta canción inmortal inició su gira triunfal por el mundo y también llegó hasta nosotros en Venezuela y La Victoria. “Noche de Paz-Noche de Amor”. Inolvidable para la historia quedan los creadores de esta composición: Josef Mohr y Xaver Gruber. Y aún ahora, después de más de 160 años, los acordes de este cántico maravilloso logran cubrir la miseria de guerras y hacer callar los sufrimientos. Deseamos que esta melodía llegue hasta los rincones más humildes para traer consuelo, paz y esperanza.

“Quiero que estas estrofas también lleguen a casa de mis amigos y les permitan -igual que a mí- olvidar y perdonar penas, injusticias y diferencias ocurridas en el último año”.

“Que la paz, alegría, esperanza y Amor al Prójimo sea la consigna para el próximo año en cuyo umbral ya estamos. Nos tomaremos de las manos y cantaremos juntos este Himno de Paz”. Estas palabras, este relato, son tomados en su totalidad de la vieja tarjeta de Navidad que Walter Bartoleit nos envío a sus amigos hace muchos años. Su recuerdo ha sido imborrable y hemos querido publicar esta crónica en un tiempo lejano a la navidad para que nos llegue más a lo profundo, sin el bullicio de las algarabías, ni los aguinaldos, ni las gaitas, ni los cohetes, ni las campanas, para recordarnos que todas nuestras noches deben ser de paz y deben ser de amor; como Walter siempre nos decía.

“Soy un hombre con raíces en el este, De una comarca donde el viento empuja las nubes”.

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Acerca del Autor

Ángel Medina

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