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René Solla: Paraguay consumó la eliminación de un esperpéntico Brasil

En penales la "Albirroja" derrotó a la pentacampeona mundial para citarse con Argentina en semis

El pasado sábado 27, en la ciudad de Concepción, ubicada a 499 kilómetros de Santiago de Chile y con una población de 216 mil habitantes, se consumó lo que ya venía siendo una evidencia, el fracaso rotundo de la selección brasileña, quien sucumbió en un mal partido ante Paraguay, en la tanda de penaltis (4 a 3), luego de empatar a 1 durante los 90 minutos.

Brasil empezó adelantándose en el marcador con gol de Robinho, tras asistencia de Daniel Alves (min 14), pero a partir de allí se echó para atrás y el combinado guaraní se lo fue creyendo, sobre todo en la segunda parte, gracias al planteamiento ofensivo de su entrenador Ramón Ángel Díaz (es primera vez en la historia que en las semifinales de un torneo de esta envergadura estén 4 entrenadores de una misma nacionalidad). Los dos extremos paraguayos cuajaron un gran partido, por la izquierda Edgar Benítez, ficha del Toluca mexicano y el habilidoso e incisivo Derlis González (quien milita en el Basilea suizo), que a sus 21 años ya es la estrella de la selección albirroja.

Tuvo dos ocasiones en la segunda parte el cuadro paraguayo con un Brasil que estaba a verlas a venir, como si ya se hubiera consumado su pase a semifinales, hasta que en el minuto 69, luego de un centro al área, Thiago Silva hizo la tontería de tocar el balón con la mano. El central brasileño es un dechado de virtudes, pero desde el año pasado, tras el 1 a 7 que le endosó Alemania al scratch en suelo patrio, en las semifinales del mundial, es un jugador sin rumbo. Ya en los octavos de Champions League ante el Chelsea estuvo a punto de condenar al PSG a la eliminación con la misma jugada infantil que el sábado. Aprovechó el regalo Derlis González y, como todo un especialista, mandó el balón al lateral de la red defendida por Jefferson para empatar las acciones.

Luego, vino la lotería de los penaltis, donde fallaron Everton Ribeiro (quien había sustituido a Robinho en el minuto 86), y el delantero Douglas Costa (quien en el minuto 59 había entrado por Willian). Por los guaraníes, falló Santa Cruz cuando podía definir la tanda, pero el que no desaprovechó la ocasión fue Derlis González, que extendió la mala racha de la verdeamarelha en grandes torneos desde 2007, donde ha disputado dos mundiales y dos copas Américas y en ambos certámenes, no sólo no ha ganado sino que no ha pasado de semifinales, con la humillación incluida del Minerao que comenté anteriormente.

Y lo grave no es que se pierda, porque al final este es un deporte donde cabe la posibilidad de vencer o caer derrotado, sino que los padres del jogo bonito, el país do futebol no sepa a lo que juega desde hace años y haya apostado por técnicos como Parreira, Scolari, Dunga y Manu Meneses que siempre han privilegiado más el contacto y el ganar a cualquier precio que el talento, muy lejos de aquella escuela que hizo famosa a la selección brasileña.

Ya lo decíamos en esta columna hace unas semanas, Dunga ha logrado lo impensado, que el ciudadano brasileño no se reconozca en su equipo, que se ha convertido en una bazofia en donde sólo destaca Neymar, porque una cosa sí es cierta, en Brasil ya no hay jugadores del talento, como lo dijo el ex jugador y hoy comentarista Walter Casagrande, quien fue tajante al declarar:

“Esta generación del fútbol brasileño es la peor de todos los tiempos. Tenemos un equipo regular y un súper crack, que es Neymar. Creo que él romperá todos los récords, pero que no logrará ser campeón mundial”.

Carlos Dunga quiso salvar su responsabilidad tras el término del partido, en una actitud bastante cobarde, manifestando que 15 jugadores del plantel tuvieron problemas estomacales y físicos. Sin embargo, el médico de la delegación, Rodrigo Lamas, no supo explicar el motivo exacto de esas molestias, aunque dijo que los afectados “estaban habilitados para jugar”. En resumen, el fútbol de la selección brasileña se ha vulgarizado en exceso y ya no es una hazaña ganarle al scratch, un equipo que ha perdido su esencia técnica que siempre lo hizo tan especial y admirado.

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Jensy Mier y Terán

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