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Kobe y sus 81 puntos

Aún quedo lejos de la marca de todos los tiempos

Un 22 de enero de 2006 Kobe Bryant, cual Neil Armstrong, dejó una huella en la historia del baloncesto, quizá del deporte. Recordemos. Metió ¡¡¡81 puntos!!! en un Lakers-Raptors mezclando realidad y fantasía como si de un vídeojuego se tratara. Pero pasó. Ocurrió de verdad. No fue una película a la que hubo que dar al play.

Me sigo frotando los ojos con aquello que pertenece a mi pinacoteca particular de obras maestras, una actuación inenarrable que hizo a Antoni Daimiel guardar la estadística manchada de café como si fuera la de un novato que empieza en esto de comentar partidos de la NBA. Kobe llevó su proeza a territorios por donde sólo había pisado Wilt Chamberlain. Fue un delirio.

Se cumplen ocho años de la gesta, de la segunda mejor marca anotadora en la historia de este maravilloso campeonato, repleto de héroes y hazañas, pocas como las de Bryant. S

ólo fue un partido de temporada regular, pero quizá nunca haya nada igual. Los números, tan amigos de este deporte, siguen asombrando cuando se repara en ellos. Kobe anotó 14 puntos en el primer cuarto y 67 en los tres últimos. Llevaba 30 tantos en el minuto 28 de partido y acabó con 81. Tiró muchísimo, pero su acierto fue colosal, increíble: 18 de 20 en tiros libres, 21 de 33 en tiros de dos y 7 de 13 en triples. Su equipo perdía por 18 puntos y terminó ganando por 18 (122-104). Vaya con el egoísta.

Siempre he considerado a Kobe Bryant el mejor jugador de esta época, un regalo para los amantes del baloncesto. Se le ha atacado por sucumbir en la comparativa con Michael Jordan -una batalla perdida para todos los mortales de aquí a la eternidad-, pero me gustaría saber quién llega a ser Kobe Bryant. Este partido corresponde a la época donde su yo era más importante que el nosotros, época de producción febril en la historia de un genio que tampoco tendrá sucesor, un personaje irrepetible, de esos que meten 81 puntos en un partido y convierten lo imposible en una línea del currículum. Vean lo que hizo. Creánselo.

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Ángel Medina

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