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El canto de un guitarrista que terminó en crimen pasional

Desde el momento que los funcionarios del CICPC, especialistas en homicidios, llegaron a la escena de una doble matanza en una casa de la Urbanización Santa Mónica de San Francisco, cerca del conocido kilómetro 4, no dejaron de rascarse la cabeza pensando qué pudo pasar en ese lugar al ver los cadáveres del funcionarios del CPBEZ, Jhonny José Paredes (40) y su joven esposa Lina Amaya Torrenegro, doce años menor que él.

 

Lo que comenzó como una reunión entre cinco vecinos que compartían tragos y escuchaban música, culminó en tragedia. A las once de la noche del domingo se escuchó una andanada de disparos en la habitación de la pareja. Los primeros en llegar observaron sus cadáveres tendidos en la cama. Solo una hija del matrimonio de apenas diez años se encontraba en la residencia, reveló una fuente policial.

 

Paredes había asesinado a su mujer de cuatro balazos y luego él se habría suicidado.  La duda saltó cuando los investigadores encontraron en el cuerpo del funcionario la misma cantidad de disparos, dos en el pecho y uno en el rostro. Parecía ser más que un homicidio-suicidio. Investigaban si una tercera persona habría participado.

 

Según informaciones recabada por los detectives, en el compartir, un hombre que allí estaba y de quien se desconoce su identidad, tocaba su guitarra y cantaba. Su melodía llamaba la atención de los presentes, entre estos la de Lina.

 

Jhonny Paredes comenzó a observar un normal cruce de miradas entre su mujer y el guitarrista y ello le bastó para que sus celos se desbocaran. Fue por ello que perdió su juicio. Uno de los investigadores comentó que el funcionario subió varias veces a su habitación y en una de estas comenzó a discutir con su esposa. No pasaron muchos minutos para que se escucharan los disparos. El final del matrimonio quedó dibujado con sangre.

 

Los análisis técnico científicos del CICPC poco a poco, fueron despejando las incógnitas que se había tejido sobre un doble homicidio: Se determinó que habría sido un homicidio y suicidio atípico, pues el CPBEZ tenía tres balazos. No descartan que se haya producido un forcejeo entre la pareja y luego el desenlace fatal. Los detectives encontraron en la habitación casquillos de bala de la pistola del policía. No han hallado indicios de que una tercera persona participó en ese hecho de sangre.

Sin embargo, continúan realizando pesquisas para confirmar que se trató de un homicidio-suicidio. Ya las cinco personas que compartían esa noche con la pareja declararon en la base de homicidios del CICPC así como la infante.

 

Fuente: Noticia al día

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Redacción - El Clarín

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