Cómo deben construirse los edificios en zonas sísmicas es una de las preguntas que más surge después de un gran terremoto. Aunque ninguna estructura puede impedir por completo los efectos de un movimiento telúrico de gran magnitud, los especialistas coinciden en que un diseño adecuado puede marcar la diferencia entre sufrir daños reparables o un colapso total.
La arquitectura moderna incorpora criterios específicos para que las edificaciones absorban la energía generada por un sismo y protejan la vida de sus ocupantes. Desde la elección del terreno hasta el tipo de materiales y la forma del edificio, cada decisión influye en su comportamiento durante un terremoto.
Cómo deben construirse los edificios en zonas sísmicas
La arquitecta española Eugenia del Río, secretaria del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), explicó que el objetivo de una construcción antisísmica no es evitar que el edificio se mueva.
Por el contrario, la finalidad es permitir que la estructura se desplace de forma controlada, absorba parte de la energía liberada por el terremoto y evite un colapso que ponga en riesgo la vida de las personas.
Esto significa que un edificio puede presentar daños importantes tras un sismo y, aun así, cumplir correctamente su función principal: mantenerse en pie y proteger a sus ocupantes.
El terreno: Primer elemento de seguridad
Los expertos coinciden en que toda construcción comienza con un adecuado estudio geotécnico del terreno.
Las superficies rocosas transmiten menos energía sísmica que los suelos arenosos o arcillosos, donde las ondas pueden amplificarse y aumentar el movimiento de las edificaciones.
En terrenos blandos o con alto nivel freático suelen utilizarse sistemas de cimentación profunda mediante pilotes que transfieren las cargas hacia estratos más resistentes.
Una cimentación correctamente diseñada reduce considerablemente el impacto del movimiento sísmico sobre el resto de la estructura.
Los materiales pueden marcar la diferencia
Entre los materiales más recomendados para construir en zonas sísmicas destacan el hormigón armado, el acero estructural y la madera.
El hormigón armado combina la resistencia del concreto con la ductilidad que proporcionan las barras de acero, permitiendo que la estructura se deforme sin romperse durante un terremoto.
Por el contrario, las edificaciones construidas únicamente con mampostería o ladrillo presentan menor capacidad de deformación y mayor riesgo de colapso cuando son sometidas a movimientos intensos.
La madera estructural también ofrece un buen comportamiento debido a su ligereza y flexibilidad.
La forma del edificio influye en su resistencia
El diseño arquitectónico desempeña un papel fundamental en el comportamiento de una construcción durante un terremoto.
Los especialistas recomiendan edificios compactos, simétricos y con formas geométricas sencillas, ya que distribuyen mejor las fuerzas sísmicas.
En cambio, estructuras con grandes voladizos, cambios bruscos de altura, plantas irregulares o concentraciones excesivas de peso pueden generar puntos de debilidad que incrementan el riesgo de fallas.
Otro aspecto que debe evitarse son las llamadas “plantas blandas”, frecuentes en edificios con amplios espacios abiertos destinados a estacionamientos o locales comerciales, donde la ausencia de muros estructurales concentra grandes esfuerzos durante un sismo.
Construir con normas antisísmicas no implica un costo excesivo
Aunque las construcciones ubicadas en zonas sísmicas requieren mayores exigencias técnicas, los expertos sostienen que incorporarlas desde la etapa de diseño no representa un incremento desproporcionado del presupuesto.
La diferencia económica suele ser mucho menor que el costo humano y financiero de una estructura que colapsa durante un terremoto.
En cambio, reforzar un edificio existente después de haber sido construido puede resultar considerablemente más costoso e incluso superar el valor original de la edificación.
La inspección técnica es clave después de un terremoto
Tras un sismo importante, los especialistas advierten que no basta con observar un edificio desde el exterior para determinar si es seguro.
Una estructura puede aparentar estabilidad y, sin embargo, presentar daños internos que comprometan su capacidad resistente.
Por ello, las autoridades recomiendan que cada inmueble sea inspeccionado por ingenieros y arquitectos especializados antes de permitir nuevamente su ocupación.
La aplicación de normas de construcción antisísmica, el mantenimiento adecuado de las edificaciones y las evaluaciones técnicas posteriores a un terremoto continúan siendo las herramientas más eficaces para reducir el riesgo y proteger vidas frente a futuros eventos sísmicos.





