La presidenta Dina Boluarte, primera mujer en ocupar el cargo en Perú, fue destituida por el Congreso en la madrugada de este viernes, tras una votación de 118 votos a favor que aprobó su vacancia por “permanente incapacidad moral”. Así, repitió la suerte de todos sus predecesores desde 2018.
Su salida sorprendió a muchos, ya que, aunque enfrentaba un gran rechazo y numerosos escándalos, había logrado mantenerse en el poder gracias a una alianza política con el fujimorismo y otros partidos conservadores. Pero esa unión se rompió.
Aquí te explicamos de manera sencilla las tres razones que llevaron a su caída.
1. La ola de inseguridad
Durante su gobierno, la delincuencia en Perú aumentó de forma alarmante. El punto de quiebre fue un ataque armado durante un concierto de Agua Marina en Lima, que dejó heridos y desató la indignación nacional.
Ese hecho fue visto como la gota que derramó el vaso en una gestión marcada por la violencia, la inseguridad y la falta de respuesta del Estado.
Los datos lo confirman: según el Sistema Nacional de Defunciones (Sinadef), en el primer semestre de 2025 ya se habían registrado 161 homicidios más que en todo 2024, que cerró con 2.546 asesinatos.
El aumento del crimen, el narcotráfico y las extorsiones debilitó por completo la imagen del gobierno.
2. Corrupción y rechazo total
A la crisis de seguridad se sumaron acusaciones de corrupción dentro de su administración. Esto hundió la popularidad de Boluarte a niveles históricos.
De acuerdo con Ipsos Perú, apenas 3% de los ciudadanos aprobaban su gestión, y en algunos estudios llegó a tener 0% de apoyo entre los jóvenes de 18 a 24 años, algo nunca visto en la política moderna del país.
La desconfianza creció también por la falta de transparencia en los contratos públicos y los vínculos entre funcionarios del gobierno y redes clientelares.
3. Autoritarismo y ruptura política
Aunque Boluarte se presentaba como una mujer de diálogo y paz, su actuación fue percibida como autoritara.
Tras la destitución del expresidente Pedro Castillo en 2022, ordenó una represión violenta contra las protestas en todo el país, especialmente en zonas indígenas y campesinas del sur.
Esto la distanció de los mismos sectores sociales que habían apoyado su ascenso al poder. Además, su estilo de gobierno —basado en juntas y decretos sin consenso— terminó aislándola incluso de sus antiguos aliados políticos.
En pocas palabras:
La destitución de Dina Boluarte fue consecuencia de una crisis acumulada: inseguridad creciente, corrupción, pérdida total de apoyo ciudadano y un giro autoritario en su forma de gobernar.
El Congreso peruano invocó la figura de “incapacidad moral permanente” para removerla, siguiendo el patrón de los últimos presidentes del país. Ahora, Perú enfrenta nuevamente una etapa de incertidumbre política, con la necesidad urgente de reconstruir la confianza en sus instituciones.





